ESTAS LETRAS QUE LEES| La sana distancia

Algunas veces es necesario tomar distancia, ya sea desde aquella ocasión (por lo general en la escuela primaria) en la que el profesor de Educación Física nos enseña a estirar la mano para tocar el hombro del compañero de enfrente y lograr acomodarnos de manera ordenada en el patio escolar, o tal vez porque alguna persona nos llega a causar un daño emocional y es necesario separarse de ella; o quizá, en el caso que actualmente se vive en todo el mundo: el contacto cercano entre humanos puede ocasionar graves enfermedades que culminarían con la muerte. De cualquier forma, la verdad es evidente, la distancia es sana.

Existen múltiples factores por los que (en esta situación de pandemia mundial en la que nos tocó vivir) es conveniente mantener la sana distancia; me estoy refiriendo mucho más allá del mero hecho de guarecerte en tu espacio privado para salvaguardarte a ti y a los tuyos.

Esta total separación y aislamiento de las personas ha venido a proporcionarle un pequeñísimo respiro a la gigantesca casa de todos nosotros, ya que mientras la humanidad entera se encuentra encerrada salvaguardándose de la pandemia, la naturaleza aprovecha para establecer su distancia de la especie más depredadora y suicida que ha existido, y poco a poco comienza a reflorecer.

Afortunadamente para la naturaleza, el virus se propaga de persona a persona, dejando de fuera (al parecer) al resto del reino animal (el caldo de murciélago es todavía teoría), ya que, en caso contrario, ya estoy viendo a los gobiernos de las grandes potencias del mundo enviando fuertes escuadrones militares para terminar con la especie causante de la enfermedad.

Una plaga destruyendo otra. Eso es lo que es la humanidad para la tierra: una plaga. Es ahora el planeta viviente mismo quien está marcando la sana distancia con la especie más destructiva que ha alojado en sus millones de años de existencia y al hacerlo se va llevando consigo a nosotros al encierro. 

Pero la sana distancia funciona para más que para mantenerse enclaustrado en tus aposentos sin contacto físico humano (o limitado al mínimo y necesario), como lo estamos viviendo ahora. En realidad, se trata de algo que bien llevado a la práctica podría servir a la humanidad para el primordial proceso vital de la estabilidad emocional (cuando sientes el pecho como el desierto de arenas más caluroso que la desolación misma), pues muchas veces las personas sentimos la impetuosa necesidad de permanecer en una situación en la que ya la única posible solución sería establecer los buenos límites de la distancia y esperar que la belleza interna vuelva a florecer.

En cualquier caso, el mantener la sana distancia siempre ayuda, ya sea previniendo los posibles regaños a la hora del homenaje o para alejarse de situaciones y personas que nos hacen más daño que beneficio; también funciona para mantenernos encerrados mientras le damos un respiro al planeta; además, para evitar ser presas de la paranoia colectiva (que comenzaría a llenar clínicas y hospitales saturando nuestro ya saturado sistema de salud) y poder así sobrellevar esta terrible situación de estar encerrados todos en casa.