EL LECTOR FURTIVO| El Decamerón

“Carpe diem, quam minimum credula postero” (Abraza el día y confía mínimamente en el futuro) alocución latina acuñada por Horacio, pertinente en tiempos aciagos -como estos o los que se avecinan-. Carpe diem, podría ser bandera de una juventud ansiosa por disfrutar de su presente con apenas expectativas para un futuro más bien incierto, es un lema que suscriben en lo básico los “milenials” y las jóvenes huestes del narco.

El Decamerón (1353) describe el recogimiento de diez jóvenes de Florencia, siete mujeres y tres hombres, en una villa abandonada en Fiesole, a pasar una suerte de cuarentena y así huir de la peste bubónica, también conocida como peste negra.  En los tiempos de Bocaccio, autor de esta obra clásica, la plaga presente en toda Europa cobraba la vida de miles de personas por día, a un ritmo tal que, a decir del florentino, sanísimos desayunaban con sus parientes y por la noche cenaban con sus antepasados.

Las siete jóvenes coinciden en misa donde fraguan su plan, los tres jóvenes varones son invitados por ellas, ya que no consideran conveniente irse solas a despoblado, y sus amigos, sus novios y aún sus hermanos, han muerto por la peste. Así, la mayor de las jóvenes, de nombre Pampinea, organiza las diez jornadas, designando para cada una de estas un rey o una reina (papel que tomarán en su momento todos los involucrados). En cada una de estas jornadas se habrán de contar diez cuentos o relatos de diferente género (tragedias, historias ejemplares, bromas, lances eróticos) que conforman el grueso del volumen. 

Si bien Bocaccio escribe con maestría cada relato, no se puede decir que los ha inventado al cien por ciento, ya que retoma historias con distinto origen. Es el planteamiento inicial el que confiere unidad a la obra. La novedad de esta estructura literaria terminará por dar nombre al género que hoy conocemos como Novela. De inmediato y dado el éxito obtenido, El Decamerón fue imitado con frecuencia, a veces con resultados excelsos como en los Cuentos de Canterbury (1380) de Chaucer o las Cent nouvelles nouvelles (1461) recopiladas por Antoine de la Sale. 

Giovanni Bocaccio (1313-1375), estudioso de textos antiguos y admirador de Petrarca, fundó una de las primeras escuelas humanistas de la Baja Edad Media (entiéndase como “escuela” una suerte de grupo social y no una institución de educación regular). En su escuela intentaba armonizar las enseñanzas de los sabios paganos con los principios cristianos, lo cual no fue impedimento para que su obra maestra fuera inscrita en el Index de libros prohibidos por su alto contenido erótico, burlesco y blasfemo (por ejemplo, una de las figuras recurrentes en las historias es la del monje ignorante, estafador y lujurioso).

Ahora que los medios “sugieren” aislarnos en una cuarentena con carácter de urgente, por el nuevo flagelo que amenaza nuestra frágil existencia, habrá quien se entregue a los placeres “para hallar en ellos la fuerza de recobrar el ánimo, en parte o en todo, y removerlo del doloroso pensamiento”; la lectura de El Decamerón es una excelente opción para este fin.