ESTAS LETRAS QUE LEES| Algo sobre este día...

Hoy se conmemora un aniversario más de la Expropiación Petrolera, un evento que quizá ahora, a la luz de la distancia, nos pueda parecer lejano y con imágenes en blanco y negro, pero tiene una gran importancia en la formación de nuestra identidad nacional.

Entrando a la segunda década del siglo 21, el recordar eventos que ocurrieron hace casi un siglo y del cual ya no queda nadie vivo que nos cuente de viva voz lo que sucedió, se antoja como una ardua labor de historia para la cual se carece de tiempo o de interés en descubrir.

La historia de nuestra patria, junto con la de todas las demás naciones, está llena de lágrimas, traiciones y sangre. Es imposible (o resultaría muy complicado y lleno de mentiras) el describir la importancia de la expropiación petrolera sin ubicar un poco el contexto en que se vivía en aquella época.

Recordemos que para 1938, la revolución armada, que imponía gobernadores y presidentes, había llegado a su fin y dando paso a una nueva forma de gobierno institucional que, de la misma forma, imponía a todos los actores de la política nacional. 

Terminados los años 20 del siglo pasado, comenzó una forma de gobierno que terminó por mutar las antiguas formas de dictadura, para implementarlos bajo un modelo “democrático de nación”. Fueron años de creación de una entelequia gubernamental que comenzaba a dar sentido al aparato político de nuestro país, mismo que duró hasta entrado el siglo 21.

En 1938, el mexicano comenzaba a bajarse del caballo para subirse al automóvil, la urbanización del país había comenzado y era importante sacudirse todo aquello que recordara al régimen de caudillos, en especial aquello que impedía el desarrollo industrial y que formaba parte de la invasión extranjera que chupaba los recursos y se llevaba la riqueza hacia otros países. 

La expropiación petrolera fue el resultado de la implementación de la Ley de Expropiación de 1936 y del Artículo 27 de la Constitución Política Mexicana aplicadas a las compañías petroleras, motivo por el cual, a partir de esta fecha, “se expide el decreto que corresponde y se mandan a ejecutar sus conclusiones”, por lo que todo el personal extranjero que se encontraba trabajando en la industria petrolera, se encontró de un día para otro sin fuente de empleo; además, toda la infraestructura pasó a formar parte de la nación mexicana. 

Sin embargo, las naciones extranjeras confiaban en que el país carecía del personal lo suficientemente capacitado como para manejar toda la industria nacional, además de exigir el pago de indemnización por la maniobra política que la despojaba de sus bienes.

Ante esta situación, ocurrió un suceso fenomenal e irrepetible en la historia nacional: a convocatoria del gobierno federal, todo el pueblo de México se levantó como un solo hombre en apoyo de su nación y cooperaron para el pago de la deuda a las empresas extranjeras, y fue de ese mismo pueblo del que surgieron los técnicos y trabajadores que forjarían la incipiente industria petrolera nacional, con el triste desenlace que ya todos conocemos en la actualidad.

La expropiación petrolera de 1938 es el evento más cercano en nuestra historia que nos muestra cóomo las alta cúpulas de la sociedad mexicana son capaces de destruir un fuerte motor de avanzada nacional en sus altos deseos de enriquecimiento y obsesión de poder; sin duda, un pensamiento muy característico del siglo pasado.