Complicada, movilidad para personas con discapacidad

Ante la falta de unidades de transporte apto para trasladar a personas en silla de ruedas, familiares y usuarios han optado por contratar taxis o algún vehículo para poder asistir a citas médicas o simplemente salir de paseo.

Geraldine Gopar, cuya madre es usuaria de silla de ruedas, menciona que debido a la falta de transporte público para llevar a su mamá, la mayoría de las veces prefieren no salir de su casa.

Menciona que cuando tienen que salir a consulta o a hacer trámites, contratan viajes especiales en taxis, cuyo precio es de 100 pesos de su casa al destino, mientras que para regresar deben acordar una tarifa con el chofer o tomarlo en la calle, desembolsando una cantidad mayor.

“Siempre tenemos que pagar transporte particular porque camiones no hay con elevador y pues cómo la subo. La verdad casi no salimos y cuando lo hacemos a veces algún vecino nos apoya”, señaló.

A pesar que en 2018 se inauguró la ruta “DIF te lleva” -sólo para las personas que se inscribieron en la dependencia, donde les entregaron una pulsera con la que podían usar alguna de las 12 unidades con las que cuenta el programa- ésta ha sido insuficiente.

Lo anterior a que sólo cubre 6 rutas y tienen un horario de 7 de la mañana a 4 de la tarde; sin embargo, no circulan por el Zócalo, ni hospitales, como lo hacían las dos rutas extintas de Viguera-Monumento a Juárez y CRIT-Hospital ISSSTE.

Por su parte, José López, chofer de autobús, señala que en ocasiones abordan las unidad personas que utilizan bastón porque son débiles visuales, a quienes tampoco les cobra pasaje.

“Yo creo que debería de ser gratis para ellos, pero en ellos casi no se piensa. Solamente en los camiones está la indicación que los primeros asientos son para personas con discapacidad, pero nadie los respeta; no les dan su lugar”, lamentó.

Calles, un peligro

Además de la falta de transporte inclusivo, las calles, sobre todo del Centro Histórico, son un obstáculo más para las personas en sillas de ruedas, ya que las banquetas en mal estado, los puestos que invaden las aceras y la mala instalación de postes de luz, complican su circulación, por lo que deben andar por el arroyo vehicular.

“Hay zonas en las que tengo que bajar a la carretera porque las calles están feas; ahí se atora la silla o hay espacios donde están los postes de luz y ya no cabemos”, explica Geraldine.

“Otro problema que también es común, es que los automovilistas se estacionan donde están las rampas; eso nos acaba de pasar en el INE, como vieron el espacio vacío, lo ocuparon”, reclamó la afectada.