Tlaxiaco, en el túnel del tiempo

HEROICA CIUDAD DE TLAXIACO, Oaxaca.- Es un sábado de plaza en el centro del llamado París Chiquito; el bullicio de gente ofreciendo sus productos se mezcla con los olores a gomas, pomadas, aceites, esencias, extractos, bálsamos y tinturas. La voz de una mujer es clara: "Me das algo para la muina”, pide, al tiempo que saca unas monedas para pagar el trago que le están sirviendo. Es la botica La Parroquia, localizada en la esquina de las calles Fray Lucero y Fray Caldelas, en el centro de este municipio de la Mixteca. 

La historia de este lugar se remonta al año de 1850, el dato más antiguo que tiene el actual encargado, Othón Jesús Valle Jiménez (Tlaxiaco, Oaxaca, 1975), aunque él asegura que años antes la botica ya existía.  Las investigaciones que él ha realizado le dan cuenta de este lugar, desde los tiempos de lucha entre los liberales contra los conservadores. 

“Tengo datos de que cuando hirieron a Porfirio Díaz en la Costa, Benito Juárez le avisó al boticario (de La Parroquia), en ese entonces el doctor Esteban Calderón, que tenía que ir a auxiliarlo a la Costa, así que el médico fue y lo atendió. Se sabe que el boticario era yerno del dueño de la botica”.

Hoy en día, este lugar trasciende al tiempo; el movimiento en su interior es constante: mujeres, niños, hombres, jóvenes y viajeros curiosos que se fascinan al entrar a La Parroquia, se admiran de que aún exista una botica. En tiempos en los que es más fácil para muchas personas automedicarse, aquí la mayoría llega por sus remedios naturales. 

El sello de la casa: un producto único para cada persona

“Sabemos que la gente acudía a las boticas para curar cualquier cosa referente a la salud. En el Tlaxiaco del llamado París Chiquito en la época del Porfiriato, la Botica representó  un lugar importante en ese periodo. Tlaxiaco ha sido un lugar de muchas guerras, los heridos han sido atendidos o les han dado su medicina aquí. La mamá de José Vasconcelos era hija de Esteban Calderón y lo ayudaba a curar de niña; ellos estaban en este lugar”.

El titular de esta botica es joven, aunque su experiencia se tiene que contar desde que él tenía 8 años. Su abuelo, Valentín N. Jiménez, era el boticario, quien estuvo a cargo de La Parroquia desde 1916 hasta que murió, en el año 1999. Tras la muerte de su abuelo, su madre Iraís Jiménez, se encargó de la botica. 

“Hasta finales de los años 20, las boticas eran universales, pero por decreto presidencial se solicitó su desaparición y se convirtieron en farmacias. En las boticas se elaboran al momento los remedios particulares para cada persona, el boticario la preparaba y se la daba al paciente para que se la tomara; ahora, la medicina ya viene en fórmula estándar, así requiere menos dosis; antes era muy particular para cada persona”.

Aunque hoy en día, las personas que entran a La Parroquia piden más las famosas bebidas espirituosas. Para el actual responsable de la botica, a quien particularmente le fascina la investigación y la escritura, es común escuchar que las personas llegan pidiendo un remedio para el síntoma que tienen en el momento. 

“Sí, lo que piden al llegar aquí es con base en sus síntomas; por ejemplo, si tienen susto o muina, es decir, si se les alteró el sistema nervioso o tienen dolor de cabeza”. Para ellos, el remedio es un catalán, o un cedrón, quizá agua de rosas para el mal de ojo.

Funciona por decreto federal

Aunque la historia de este sitio se remonta a tiempos en los que la única medicina que existía eran las sodas medicinales, caldos, pomadas, linimentos para el dolor y bálsamos, sus encargados se han ido acoplando a los tiempos en los que viven. En su momento, el abuelo de Othón Valle Jiménez, don Valentín N. Jiménez, solicitó un decreto federal para que le permitieran seguir trabajando como botica; lo obtuvo porque ningún agente viajero (proveedor) iba a viajar cinco días a pie o tres días en caballo o burro a Tlaxiaco, a surtir medicinas.

“Sí, los agentes viajeros de los laboratorios llegaron hasta los años 40 y más en los 50. Por ello, mi abuelo pidió que siguiera funcionando como botica, debido a que era un lugar aislado de la ciudad de Oaxaca; ahora imagínese, de la Ciudad de México”. 

Su naturaleza de botica le otorga al lugar una suerte de atractivo. Othón Valle, ingeniero industrial de profesión y escritor en sus tiempos libres, asegura que por esta botica han pasado personas de diversas partes del mundo. 

El aroma al interior es una mezcla de gomas dulces, amargas, de maderas, de picantes y extractos. Por ello, a La Parroquia entra todo tipo de personas, desde las mujeres que buscan un remedio para curarse del espanto, para el enojo, hasta para pedir algunas pomadas más elaboradas para tratarse algún padecimiento dermatológico o jóvenes que le han apostado por volver a los remedios para curarse.

En el centro de Tlaxiaco, esta botica es una afrenta a los nuevos tiempos, un hallazgo para quien decida asomarse a este espacio.