ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE OAXACA| Libros de gran formato

Los repositorios 7 y 8 del Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO) albergan los denominados “Libros de gran formato”. Se consideran de gran formato, los libros con más de 37 centímetros de altura y que por su tamaño no pueden ser contenidos en una caja AG12 que mide 12 centímetros de ancho, 31 centímetros de alto y 38 centímetros de largo.

Uno de los libros más grandes que se encuentran en el Archivo, mide 97 centímetros de ancho y 36.5 centímetros de alto. El tamaño y la cantidad de páginas varían de un libro a otro, pero oscilan alrededor de las 700; algunos son tan voluminosos que pesan aproximadamente 15 kilogramos.

Libros rayados

La mayoría de estos libros normalmente fueron usados para la contabilidad de diferentes dependencias del Gobierno del Estado de Oaxaca entre los siglos 19 al 21; de hecho, en la actualidad, a este tipo de libros se les sigue denominando Libro mayor o Libro diario según el uso que se le dé, aunque en los talleres donde se imprimían también se les llamaban Libros rayados o libros en blanco; no obstante, no solo se usaban con fines contables, también podían ser utilizados para asentar asuntos del Registro Civil, de milicia e incluso leyes y decretos.

El AGEO conserva 1,267 libros de este tipo, encuadernados de maneras muy variadas, ya que eran adquiridos en diferentes talleres. Se puede resaltar que su factura era totalmente artesanal usando diversos materiales de excelente calidad; en la mayoría de los casos, las materias primas eran obtenidas en nuestro país; sin embargo, algunos papeles, como es el caso de los marmoleados y jaspeados, eran importados.

Los acabados se realizaban minuciosamente procurando siempre la máxima duración del ejemplar; a muchos de los libros encuadernados al estilo holandés, se les colocaban en las esquinas de las tapas, unas pequeñas puntas de pergamino teñido del mismo color de la piel utilizada en el lomo, con el fin de proteger la encuadernación del uso más rudo que se le pudiera dar.

Diferentes encuadernaciones

Dentro de las diferentes encuadernaciones que existen en el Archivo, podemos encontrar las conocidas comúnmente como holandesas, medias encuadernaciones con o sin puntas, las de archivo, enteras en piel, pergamino, tela o keratol.

La mayoría de los cuerpos de los libros están constituidos por cuadernillos, aunque también los hay con hojas sueltas; para su unión, se usaron diferentes técnicas  de costura, entre las que destacan las costuras con soportes (nervios), a la francesa, diente de perro en tres diferentes variantes y en algunos casos una costura compensada, que es un sistema a base de escartivanas que permiten una mejor apertura de las páginas, sobre todo cuando el ejemplar cuenta con una gran cantidad de hojas y dimensiones mayores a los 50 centímetros.

No todos los libros cuentan con cabezadas, pero en el caso de los que sí las tienen, fueron elaboradas en el mismo taller empleando un cordón de fibras orgánicas o piel, conocida en el argot de la encuadernación como alma; ésta era cubierta por un pedacito de tela mil rayas, piel, gamuza o en muy pocos casos se colocaron cabezadas industriales; por no estar ancladas a los cuadernillos se les denomina falsas cabezadas; las de hilo de algodón ancladas sobre el pie y cabeza de la lomera, se les conoce como cabezadas tejidas.

Las tapas

Las tapas de las encuadernaciones están conformadas por cartón comprimido o papel reciclado, formando una especie de cartón al pegar una hoja sobre otra. Los materiales que cubren las tapas son: piel badana, gamuza teñida, pergamino, papeles marmoleados, jaspeados o al engrudo, keratol, loneta y pana. Las tapas forradas en piel eran decoradas minuciosamente con pequeños hierros, formando delicadas figuras compuestas en el centro y/o contorno de las tapas; a este tipo de estampación con calor se le conoce como gofrado.

Un detalle curioso que se puede observar en la mayoría de las medias encuadernaciones en piel, es que poseen unas puntas muy pequeñas de pergamino teñido de un color similar al lomo; solo dos libros cuentan con cantoneras de metal. 

Como podemos apreciar, los elementos que componen las encuadernaciones de los libros también aportan valiosa información histórica que nos complementa el conocimiento acerca de su creación; es por eso que la doctora en Historia de la Encuadernación, Martha Romero, menciona que estudios recientes confirman que tanto la técnica de factura, como los materiales usados, arrojan información sobre su uso, función y comercio; también son pruebas tangibles del valor que les asignó la sociedad que los utilizó.

Actualmente, estos libros se encuentran en procesos de estabilización y organización, por lo cual todavía no están en servicio de consulta, pero esperamos próximamente ponerlos a disposición del público y de esta manera conozcan tanto su manufactura como la información que contienen.