Con 13 años, trabaja para curar a su mamá

Sobre sus 13 años de vida, Clarita lleva la responsabilidad de la manutención de su casa y el cuidado de su madre Florencia Bartolo, a quien la omisión del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Sector Salud de Oaxaca (SSO) la dejó postrada en una silla de ruedas.

Clarita se esfuerza cada día como empleada doméstica, por reunir los 90 mil pesos cuyo fin serán la operación que, de acuerdo con el médico, le devolverá la movilidad a su madre.

“Quisiera volver a verla caminar”, expresa Clarita con el temple forjado a fuerza.  

Salud, el derecho que el IMSS y SSO le negó 

La primera vez que Florencia Bartolo acudió al IMSS en el 2017 sus piernas comenzaban a perder fuerza.

“Estuve internada pero nunca dieron un diagnóstico. Siempre dijeron que no tenía nada, que no tenía nada, que eran alucinaciones mías, de hecho me mandaron al psiquiatra”.

“Yo sentía mis pies muy pesados y no tenía fuerza para caminar, para pisar, me dolía el pie y mi cadera por eso fui al seguro, de ahí me mandaron a Puebla pero me dijeron lo mismo, que no tenía nada”.

 Ante el tiempo transcurrido, Florencia perdió el trabajo y la derechohabiencia al IMSS.

Tuvo entonces que recurrir al Seguro Popular y fue remitida al Hospital Civil Doctor Aurelio Valdivieso. 

“Eso ya fue en el 2018, pero me daban largas para las citas, no me atendían luego. Así transcurrió un año más".

 

En 2019 le mandaron a hacer otros estudios.

"Yo llevo año y medio sin caminar. En el Hospital Civil me dijeron que no hay nada qué hacer y que así me voy a quedar para siempre, que nunca voy a volver a caminar. Lo único que me dijeron es que seguramente era por un padecimiento de nacimiento pero nunca me dieron un diagnóstico”.

Impactada con la noticia, Florencia preguntó si no había ninguna otra opción, la respuesta que recibió fue otra vez la negativa y un portazo en la nariz.

“No hay nada que hacer, ya no regrese porque no la vamos a atender”. 

El artículo Cuarto constitucional estipula que “toda persona tiene derecho a la protección de la salud”.

El caso de Florencia es un ejemplo de que éste muchas veces no se respeta.

En 2012, 25.3 millones de personas en México no contaban con acceso a la salud pública.

Cinco años más tarde, en el 2017, eran 30.2 millones de personas sin acceso al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) 

Sentada en la silla de ruedas, Florencia Bartolo desempolva recetas y placas que le fueron requeridas, mismas que tuvo que realizarse de manera particular convencida de que algo en su cuerpo no estaba bien y que tenía que actuar.

Clarita toma una placa y la sostiene a la luz.

“Cuando lleve esta resonancia al hospital civil me dijeron que todo se veía bien, me repitieron que no tenía nada. Esta misma se la mostré al médico particular, me dijo que ahí se notaba el problema. Yo como no sé de esas cosas, no puedo explicarlo bien, lo único que sé es que tengo una oportunidad de volver a caminar”.

El médico particular le diagnosticó discopatía degenerativa y sugirió tratamiento quirúrgico “a la brevedad” con colocación de barras de titanio.

La operación fue presupuestada en 90 mil pesos. 

 

Daños extendidos

Un pequeño cuarto levantado en láminas, es la casa de madre e hija.

Dos camas, una parrilla, una televisión, un banco de plástico, trastes y ropa es todo lo que tienen.

Florencia, quien es originaria de la sierra mixe de Oaxaca, lleva dos años sin poder trabajar, además de la pérdida de movilidad en las piernas, perdió el control de esfínteres, así que a los gastos de alimentos también se suman el de compra de pañales.

Ambas viven solas, no tienen familiares.

Algunas personas de la iglesia a la que asisten son quienes han contribuido en ocasiones con despensa, otras con pasajes para que Florencia y Clarita puedan vivir día a día.

Clarita, recién había iniciado el quinto grado de primaria cuando se vio obligada a dejar la escuela para dedicarse a cuidar a su madre y a trabaja como empleada doméstica.

A veces lava ropa, otras limpia la casa o ayuda a preparar los tamales para la venta.

Su ingreso asciende a 150 pesos por día laborado. 

“Clarita había terminado el cuarto año de primaria, recién había ingresado a quinto. Era parte de la escolta. La maestra me dijo que no la sacara, pero no tenía otra alternativa, no tenía dinero para pagar sus estudios y tampoco podía caminar para llevarla. Yo ahora dependo totalmente de ella para moverme. Ella me lleva, me trae, lo siento mucho porque es buena estudiante, por eso tengo mucha fe en volver a caminar”.

Florencia y Clarita han tocado todas las puertas posibles en busca de programas sociales que les permitan alcanzar una vida con dignidad pero hasta el momento todos los intentos han fracasado.

Es por ello que ahora apelan a la ayuda ciudadana para poder reunir el dinero que se requiere para la operación. 

Si deseas contactar con la familia llama al 9513112943. Ellas requieren pañales, alimentos y dinero.