Acompañamiento, la clave de partos humanizados: parteras

Nadia Altamirano Nadia Altamirano

El uso de medicamentos y la violencia obstétrica en las instituciones de salud durante la atención del parto, hicieron a Gabriela Pérez Gómez optar por un nacimiento en casa. Una vez decidida lo difícil fue encontrar una partera en esta ciudad.

En San Cristóbal Amoltepec, de donde es originaria, su abuela y su madre tuvieron acompañamiento de parteras, una actividad que se ha perdido porque casi no hay quienes la practiquen y a la par a las mujeres embarazadas les han infundido miedo a una complicación en el parto.

“En Tlaxiaco sólo conocemos a una señora que ha dado acompañamiento en el proceso del parto, pero al final las manda al centro de salud o el hospital”, dice mientras expresa con alegría que en dos meses su primer hijo nacerá en casa, con la guía de Diosas de la Oxitocina.

Acompañamiento, la clave

Las Diosas de la Oxitocina es el nombre que eligieron diez parteras que este sábado cumplen dos años de haberse agrupado, tiempo en que han acompañado 37 nacimientos, incluido uno gemelar.

Zoila Ríos Coca, la fundadora, tiene 30 años de desempeñarse como médica y casi el mismo tiempo de atender partos, primero en el Hospital General De Zona Número Uno Doctor Demetrio Pardo del IMSS, donde realizó su internado y después de manera particular.

Cuando ingresó a un dispensario médico de la Colonia Monte Albán, en la agencia de San Martín Mexicapan, comenzó a atender a mujeres de bajos recursos.

Con un grupo de compañeros dieron a la atención médica un enfoque del trueque, aceptaban un chivo por la atención del parto o joyas como garantía de pago, una práctica que nunca se aceptaría en una institución pública.

A la par atendía partos en su casa, "yo viví varios procesos, comencé a acompañar desde el miedo, después desde el ego, hasta que la vida la llevó a entender la importancia de reconocer las emociones de las personas”, recuerda.

Cuando Ariadna Lartigue habla del acompañamiento que en 2009 recibió de Coca para el nacimiento de Sofía, la define como una combinación de calidez y determinación.

Hace poco más de diez años Ariadna vivía su segundo embarazo. Su primera hija tenía 14 años de edad y nació en un hospital particular donde el médico la dejó con su esposa, una enfermera, para irse a comer unos tacos.

“La enfermera no quería que pujara hasta que regresara su esposo. Mi hija nació muy rápido, ni siquiera me la pasaron, me durmieron aparentemente para que descansara, pero era para que me cobraran el anestesista”, por eso después optó por un parto natural, en agua y en casa.

Para entonces Ariadna tenía 40 años y ningún ginecólogo quería atenderla así porque para su edad era una imprudencia; ella estaba bastante segura y con Coca como partera hizo que la experiencia fuera entre velas, incienso y el agua que le calmó los dolores.

Tener la cifra exacta de los nacimientos en los que ha estado presente es imposible para Coca. Estima que por año ha atendido 12 partos, aunque en algunos ha sido el doble.

Cuando de la asociación de parteras Nueve Lunas egresaba una generación de parteras, acudían con ella para ver cómo atendía partos y luego ella las acompañaba en los nacimientos.

Hace cuatro años ocho parteras recién formadas coincidieron con Ríos Coca en la idea de abrir un espacio en donde atender partos fisiológicos de manera tradicional, sin una cuota fija, sino de acuerdo a las posibilidades de cada pareja.

Un proceso natural

Aún sin un espacio físico formal, Gilberto Ramales y Mónica Santiago fueron los primeros en pedir sus servicios de Diosas de la Oxitocina para el nacimiento de Emiliano, en 2015.

"Mi embarazo fue difícil por los antecedentes que yo tenía y buscaba un parto humanizado", aunque le faltaba casi un mes para el nacimiento llegó con Coca por recomendación de otra partera.

"Fue algo raro porque varias amigas habían intentado un parto en casa", aunque en el momento de las contradicciones el dolor la hacía pensar en la posibilidad  de irse al hospital, aunque dos embarazos que no llegaron a término le recordaban que estar en casa y con su pareja le permitiría tener apoyo y evitar sentirse sola.

“Fue una experiencia maravillosa, tranquilo y rápido”, expresa Mónica, mientras Gilberto recuerda que el trabajo de llenó comenzó a las 8:00 de la noche y a las  11:46 su hijo ya estaba naciendo.

Si Ariadna, Mónica y ahora Gabriela no tuvieran el acompañamiento de una partera, no hubieran entendido que el parto es un proceso natural que no debe vivirse desde la angustia o el miedo de perder a su bebé.