Artesanías de carrizo, riqueza patrimonial de Guelavía

Sergio Robles Pliego Sergio Robles Pliego 

Las piezas de carrizo son acomodadas para dar inicio a un nuevo producto.

Las manos de aquel artesano tienen memoria; con destreza y cálculo entrelaza aquellos “listones” de carrizo para formar utensilios o artículos modernos. “Hay que mantenerse actualizados” asegura, pues eso les garantiza las ventas de sus artesanías. 

Desde la cuna, don Maurilio ha tenido relación con las artesanías de carrizo; sus padres se dedicaron a elaborar piezas tradicionales, como canastos, tortilleros y cestos. Pero a él le ha tocado modernizarse y aplicar el carrizo en lámparas, saleros, botellas, portarretratos, vasos y hasta en joyería.

Herencia creativa

Don Maurilio García recuerda que desde que tenía memoria ayudó a sus padres a elaborar las piezas; primero, empezó por lo básico, ayudar a remojar los hilos previamente cortados del carrizo, a quemarlos, seleccionarlos; además, iba al campo y los recolectaba. 

Asegura que aprendió del oficio solo observando, posteriormente se involucró y empezó a hacer sus propias piezas. 

Para comercializarlas, viajaba con su familia a la ciudad de Oaxaca, en busca de compradores; las ventas eran escasas, pero al menos alcanzaba para poder comer. 

Talento familiar

El hombre de edad avanzada ahora vive con su esposa, hijos y nietos, quienes también ya saben realizar las artesanías; incluso, el más pequeño, de apenas unos meses de edad, ya sabe cómo tomar el mazo de madera para aplanar los hilos de carrizo.

“El oficio tiene su chiste, es algo complicado pero no difícil; al estar ellos involucrados, empiezan a aprender sólo viendo y ya que están más grandes hacen sus piezas; en la casa todos le entramos al trabajo cuando tenemos pedidos grandes”, señala.

Gracias a la Feria del Carrizo que se lleva a cabo en la comunidad cada año, los artesanos han podido incrementar sus ventas, incluso, esta actividad ha hecho que muchos ya no busquen en la capital las ventas; al contrario, sin salir de casa, ellos tienen trabajo. 

Aunado al auge del combate a los plásticos para ayudar al medio ambiente, los artesanos se han visto en la necesidad de buscar artículos para sustituirlos, como los popotes de carrizo, servilleteros, lámparas, tortilleros, bolsas de mano, fruteros, entre otros.

Esto les ha permitido mantenerse en el gusto de las personas que los visitan desde otras regiones, estados o países. 

“Desde que empezó la Feria del Carrizo hemos tenido trabajo todo el año y lo vienen a traer hasta acá; ya no es necesario llevarlo a la ciudad, esto nos ha permitido ayudarnos en la economía familiar”, afirma.

Elaboración "muy personal"

El artesano acude al campo por carrizo, se selecciona la vara que esté recta, pues si tiene alguna curvatura, no es útil para la elaboración de los artículos; ya que lo corta, regresa a su vivienda, donde lo limpia de las impurezas.

Con la ayuda de sus herramientas, el carrizo se corta en pedazos, algunos más finos que otros, todo dependerá del objeto a realizar. 

Para poder moldearlo, es necesario remojarlo por unas horas, sobre todo para evitar que este se quiebre; es necesario que el carrizo sea “tierno”, es decir, que conserve un color verde, porque al secarse, el color se torna café.

Para alcanzar una tonalidad más oscura y combinarla con otros colores, se pone a las brasas unos segundos. 

El carrizo chico, el que apenas está creciendo en el campo, sirve para la elaboración de aretes, pulseras o collares; nada se desperdicia, porque incluso aquel que no se ocupe, puede servir de abono.

Para una canasta o basurero, se coloca el carrizo previamente aplanado en forma de estrella; eso será la base del artículo, enseguida ocupa sus manos para entrelazar “listones” de carrizo para darle forma. El decorado va a cargo de cada artesano y su imaginario, pues cada uno le otorga su sello a cada pieza.

Feria del Carrizo

Los días 26  de enero y 2 de febrero, a partir de las 9 de la mañana, se realizará en la explanada municipal de San Juan Guelavía, la Feria del Carrizo, en su novena edición. 
Esta comunidad se encuentra a 39 kilómetros al oriente de la capital oaxaqueña, en el distrito de Tlacolula.
Esta actividad reúne tanto muestras de la cestería creada por los artesanos, como conciertos y presentaciones de baile. Se espera la presencia de al menos 30 artesanos que comercialicen sus piezas desde 30 a mil 200 pesos. 
Además, los visitantes podrán degustar la comida tradicional, lugares de historia y tradición como su mercado municipal, el museo comunitario que muestra pasajes históricos del pueblo, y su templo católico del siglo 16.