Morir para vivir: Neuróticos Anónimos

Ana Lilia PachecoAna Lilia Pacheco

Depresión y angustia eran los padecimientos de Lupita, que después de tratamientos médicos y sesiones psicológicas fallidas, la canalizaron con el psiquiatra; sin embargo, un médico le recomendó ir a Neuróticos Anónimos y le dijo que eso le ayudaría más

Depresión y angustia eran los padecimientos de Lupita, que después de tratamientos médicos y sesiones psicológicas fallidas, la canalizaron con el psiquiatra; sin embargo, un médico le recomendó ir a Neuróticos Anónimos y le dijo que eso le ayudaría más que cualquier medicina. 

Ella relata que no encontró ningún grupo en Oaxaca, por lo que tuvo que viajar a la Ciudad de México, donde conoció a personas muy diferentes a ella, quienes sonreían y parecían no tener problemas de angustia como los que padecía.

“Se acercaron a mí y me preguntaron que qué tenía; y yo, entre llanto les platiqué todo. Pero yo no creía que ellos habían pasado por lo mismo, hasta les pregunté si también querían morirse”, relata.

Fue cuando un joven se acercó a ella, se dobló la manga y le enseñó unas cicatrices en su brazo, “me dijo: ‘mira, son de seis intentos de suicidio’ y eso fue lo que me ayudó un poco para quedarme a esa reunión".

“Después me dijeron que me quedara, pero no quise porque tengo tres hijos y regresé a Oaxaca a acabarme de morir. Les volví a llamar y me dijeron que iban a venir a abrir el Grupo de Oaxaca”, agradece Lupita. 

Llegan a Oaxaca

Lupita recuerda que integrantes del grupo de la Ciudad de México vinieron a ayudarla, en 1986, instalándose en un espacio ubicado en la calle de Hidalgo. Desde entonces han abierto más centros de ayuda y han ayudado a miles de personas. 

“Yo quería suicidarme, no porque no quisiera vivir, lo que más deseaba era vivir, pero la depresión era terrible, ya no comía y los medicamentos no funcionaban”, recuerda la integrante. 

En la Villa de la Buena Voluntad, ubicada sobre la carretera federal 190, tienen una habitación en la que se muestra la historia de la Asociación Civil. En el cuarto hay una tribuna desgastada, pues de acuerdo con la integrante, es la primera que utilizaron para las reuniones hace 34 años.

También ahí hay una tabla colocada sobre unos botes que se convierte en asiento y al lado tiene una llave de agua, “es para las personas que no podían sentarse en la silla por tanta angustia y se agarraban del tubo de agua que le daba seguridad; así sí podían sentarse”, recuerda. 

Agrega: “La mayoría de los que estamos aquí vivíamos muy mal y siempre decimos que nos morimos para poder vivir”, declara Lupita.

Villa de la Buena Voluntad

“La historia de esta villa es hermosa”, comienza a relatar Lupita; “antes rentábamos un lugar cerca del Monumento a Juárez. No era grande, pues teníamos cinco personas en casa hogar. Estuvimos ahí tres años, pero un día el dueño nos la pidió”.

Recuerda que les recomendaron comprar un terreno y construir ahí la villa; sin embargo, no contaban con el capital suficiente, pues debían pagar la renta y servicios del lugar en el que estaba el grupo. 

“Fue un acto de fe. Buscamos un terreno y encontramos una persona que tenía varios terrenos y nos ofreció uno en el Fortín y éste, que al preguntarle cuánto nos iba a costar, nos cobró algo simbólico”, comenta.

De acuerdo con la integrante del Movimiento Buena Voluntad, el dueño del terreno les declaró que había escuchado del grupo y de “las cosas buenas que están haciendo en Oaxaca y quiero ser parte de esas acciones”.

Fue así como entre los integrantes de los grupos de todo el estado comenzaron la construcción de la villa que actualmente alberga a más de 40 personas, sobre todo jóvenes, quienes tienen ganas de salir adelante.

Trabajo en equipo

“Tenemos una tradición que nos protege. Nosotros nos mantenemos con nuestras aportaciones voluntarias”, resalta Lupita, quien detalla que todo se ha construido gracias a las aportaciones y servicios de los integrantes.

“Aquí se hace el pan y no lo vendemos al público en general por nuestra tradición; por ello, se venden a los grupos que hay en la ciudad y quienes vamos a las reuniones los compramos y con eso no les falta comida, techo y cobija a quienes están en la villa, ya que ellos no pagan nada por los servicios que ahí se ofrecen”, destaca.

Lupita recalca que en Neuróticos Anónimos no hay directivos ni líderes, sino que ellos mismos dan el servicio, ya sea en cocina, limpieza, para coordinar cada reunión o quienes vigilan en los cuartos de la villa para que no se abandone el avance que llevan.

“Hay una persona que está en los dormitorios durante la noche porque ha ocurrido que alguien dice 'me quiero ir' y ya platica con los jóvenes y les pregunta el porqué quieren hacerlo y les recomienda no abandonar la villa, pues también es abandonar el avance que ya llevan.

“Pero si no quieren, nosotros no podemos detenerlos, pues aquí nadie está a la fuerza. Nos ha pasado que nos dicen los papás ‘amárrenlo o algo’; pero aquí no se hacen esas cosas. Aquí la gente debe venir porque desea sanarse”, informa Lupita.