Doña Emy, la mejor amiga de los perros callejeros

Ana Lilia PachecoAna Lilia Pacheco

En sus bolsas, doña Emy carga croquetas y tortillas remojadas en caldo de pollo.

Pareciera que los perros tienen un reloj, pues son las nueve de la mañana y comienzan a reunirse, como todos los días, en el terreno baldío que colinda con el fraccionamiento Ricardo Flores Magón, del municipio de Oaxaca de Juárez, donde, desde hace 25 años, doña Emy les lleva comida.

“A mí me gusta correr y un día pasé por este lugar y vi a tres perritos abandonados y los alimenté. Desde entonces se me hizo costumbre venir a darle su comida”, recuerda Emelia Dávila, mientras reparte bolsas de tortilla remojadas en caldo de pollo que ella misma preparó.

De acuerdo con doña Emy, actualmente alimenta a 12 perros (o los que lleguen), en su mayoría hembras, que ella supone, fueron abandonadas cuando crecieron o porque no pueden cuidarlas ni alimentarlas.

“La gente deja amarrados a los perros; los abandona. Cuando veo alguna bolsa negra, me asomo para ver si no son cachorros porque tienen la costumbre de echarlos en una bolsa, amarrarla y tirarla en este terreno”, lamenta.

En el terreno baldío, perteneciente a San Agustín Yatareni, deambulan La Chata, La Meca, La Coque, La Princesa, El Negro, La Amarilla, Chapulín, entre otros perros que todos los días esperan un pedazo de hueso o tortilla, además de una caricia de parte de doña Emy.

Ayuda a las curaciones

Con ojos vidriosos y tristes, doña Emy recuerda que hace unos años encontró a un perrito muy lastimado, pues una persona en situación de calle lo masturbaba y violaba, rompiéndole el ligamento del pene; después del tratamiento, la buena mujer decidió tenerlo en su casa.

“¡Ay! Olvidé traer su pastilla”, exclama al ver a una de las perras que la espera para comer un poco de croquetas y quien tiene una herida en el cuello, que según cuenta doña Emy, se la hizo el alambre que usaron para amarrarla.

Emelia enlista a los perros que ha cuidado, no sólo al darles de comer, sino también en sus curaciones, como a uno que tenía cáncer en el pene y quien estuvo en tratamiento por un año, pero no se salvó.

“El veterinario ya me conoce y me cobra un poco menos. Una vez lo traje hasta aquí porque una perrita estaba enferma y no se dejaba agarrar. Nunca se ha dejado, pero es mi consentida”, reconoce.

Afirma que también los ha llevado a esterilizar para evitar que se reproduzcan, sobre todo porque viven en la calle y para conseguirles dueños es muy difícil; “la gente ya no quiere animales porque no puede darles de comer o compran y los abandonan cuando crecen”.

Lamenta que una de sus vecinas tenía una perra y le pidió que la esterilizara, incluso le dio el dinero para la operación, pero ésta llevó a otra mascota.

“La perrita tuvo a sus crías y yo quería colocarlas con algunas personas, pero la señora no quiso darlas y míralas, ya crecieron y no los cuida ni alimenta”, reclama Emelia mientras señala a cinco perros negros que rodean la bolsa de croquetas.

Acción altruista

Doña Emy agradece que haya personas que le ayuden a alimentar a los perros como los señores de la carnicería y pollería que“me dan más barato el kilo de retazos, me lo dan a 15 cuando creo que los dan en 25 a otros”.

También agradece a su vecina, Maribel, quien le ayuda los domingos a darles de comer a los perros, ya que ella tiene otras ocupaciones.

“Ya sé que debo venir todos los días, si no, no me siento a gusto porque estoy pensando en que me están esperando y que no han comido y mira, ya saben que siempre vengo a esta hora y ya se juntan”, resalta.

Promete que mientras pueda, seguirá alimentando y cuidando a los perros que ya tiene y los que lleguen más adelante, pues sabe que el abandono de perros no es algo que vaya a terminar pronto.

“Yo invito a la gente a que sea más consciente y esterilice a sus mascotas. Le están haciendo mucha publicidad para evitar la sobrepoblación de animales y a bajo costo. También los invito a que ya no compren perros, sino que adopten y que no los abandonen”, sugiere.