Víctimas de violencia salen adelante

El grupo de mujeres ofrece una variedad de productos al público.

Por años, Lucero fue violentada por su pareja y su suegra. El miedo que éstos le quitaran a su hija le dio el valor para salirse de su casa. Hoy ambas están en un lugar a salvo donde, junto con otras mujeres en situación de violencia de género, han aprendido a elaborar distintos productos que les dan un ingreso extra.

“Yo llegué hace ocho meses y cuando cumplí dos, comenzaron unos cursos para pintar alebrijes y los tomé. Después aprendimos a hacer pañuelos a los que debíamos hacerle dobladillo y bordarlo”, relata Lucero.

Distintas dependencias, así como voluntarios han enseñado a las mujeres a elaborar diversos productos, para que el día que abandonen el refugio, puedan emprender y generar recursos para mantenerse.

Explotan habilidades

Las mujeres en situación de violencia han aprendido a hacer serigrafía, bordado, pintura de alebrijes y alhajeros. De acuerdo con Lucero, lo que más les ha costado es hacer galletas, pues “te quemas, a veces se te pasa el azúcar, la harina o la mantequilla”.

Detalla que durante las fiestas decembrinas, también aprendieron a hacer renos y piñatas que se consiguieron vender con la ayuda de más mujeres que las apoyan en su proceso.

“Para mí es un orgullo ver que he vendido todo lo que he aprendido y hecho. Cuando salga, quiero seguir aprendiendo. Me da mucha alegría que las personas que me rodean me hayan enseñado, para que el día de mañana pueda hacer mis productos y seguir adelante”, confiesa Lucero.

“Sé que afuera hay muchas mujeres que sufren violencia por parte de sus maridos y espero sepan que existen estos lugares que les servirán para que se den cuenta que la violencia está mal”.

Pañuelo bordado por Isela.

Huyendo de la violencia

Isela, junto con sus cuatro hijos, salieron de su casa hace cuatro meses. Ella recuerda que vivió violencia por parte de su esposo, pero ahora, gracias a la ayuda del psicólogo se ha ido recuperando.

Detalla que sus tres hijas están viviendo con ella, mientras que su hijo se quedó con su abuelo en su lugar de origen.

El producto que más le gusta hacer a Isela es el gel, a pesar de que le costó trabajo el proceso de elaboración. Además, se ha convertido en experta para bordar pañuelos y recuerda que le han encargado varios, pero serigrafiados, para su evento.

Por su parte, Lucero recuerda que el día que se salió de su casa, su hija y ella estaban muy desnutridas, “ya no aguantaba lo que me hacían, ni física, ni verbalmente. Mi nena se enfermaba a cada rato y no recibía la atención médica que necesitaba”.

Agrega: “Un día mi suegra se descuidó, aproveché para salir y decir por qué ya no quería vivir con el papá de mi hija, ni con ella; mi papá me ayudó a salirme, me apoyó mucho”.

Reconoce que ahora que está lejos del peligro se siente tranquila y ha cambiado su actitud, pues antes solía enojarse y desesperarse por la situación que vivía.

“He estado nerviosa y desesperada, pero para todo hay tiempo. También ya me he querido ir de aquí, pero entiendo que el proceso es lento”.

Isela afirma que ha aprendido mucho en los talleres y ha sabido aprovechar el tiempo. También ahora sabe que hay lugares y personas que apoyan a las mujeres que viven la misma situación que ella. 

Mujeres enseñan a más mujeres

Isela detalla que algunas de sus compañeras fueron a talleres para aprender a hacer gel antibacterial y de cabello, quienes le enseñaron a elaborarlos y ella ha replicado esta acción con otras compañeras que llegan huyendo de la violencia de género.

Agrega que al inicio del proyecto eran cinco mujeres las que integraron este grupo; sin embargo, después de recibir asesoría jurídica, atención psicológica y de participar en los talleres productivos, éstas regresaron a su vida diaria. 

Por su parte, Lucero, que ha pasado más tiempo, le ha enseñado a otra compañera que recién ingresó y promete hacerlo con las que lleguen.

“Cuando nos toque el turno de partir, nos iremos contentas y dejaremos todo listo para que las mujeres que lleguen sepan que sí existe un lugar donde nos dan el apoyo y podemos ganarnos unos ingresos”.

Por ello, Lucero y sus compañeras decidieron etiquetar su productos con la leyenda "Mujer Violeta", ya que es el color que representa la lucha de las mujeres contra la violencia de género.