Renacen en la Villa de Buena Voluntad

NEURÓTICOS ANÓNIMOS EN OAXACA
Ana Lilia PachecoAna Lilia Pacheco

Durante la reunión, todos permanecen callados mientras la persona comparte su experiencia.

Román comenzó a consumir drogas desde los 8 años. Hoy, con 13 años, cabizbajo, relata que se avergonzaba de su familia y decidió salirse de su casa en Miahuatlán. Hace un mes, volvió a la vida al llegar a su nuevo hogar, la Villa de la Buena Voluntad de Neuróticos Anónimos, ubicada en el kilómetro 24 Carretera Internacional 190. 

“Estuve durmiendo en las calles; me tapaba con un periódico. Estaba mechudo y sucio. Ahora que estoy aquí, ya no preocupo a mi abuelita que tiene diabetes. Aquí me han enseñado a valorar todo”, afirma Román apenado, pero con una sonrisa en el rostro.

De acuerdo con Lupita, integrante de la Asociación Civil, el primer grupo de Neuróticos Anónimos nació en Oaxaca en 1986, cuando llegaron para ayudarla y 34 años después, ella está regresando el favor.

“Ya me habían dado mi pase para el psiquiatra, pero un médico me recomendó que fuera a las reuniones de Neuróticos Anónimos y ahí volví a nacer”, recuerda.

Lupita y Sóstenes llegaron al Movimiento de Buena Voluntad 24 horas hace más de 20 años y aseguran que los neuróticos nunca sanan, pero viven más tranquilos, como les ha sucedido.

Una villa llena de testimonios

Desde 2004, la Villa de la Buena Voluntad ha crecido y albergado diferentes historias como la de Abril, una joven de 15 años que llegó pesando 36 kilos, resultado de la anorexia que padecía.

Neuróticos Anónimos realiza reuniones de prevención dirigidas a niños.  FOTO: Ana Lilia Pacheco Bautista

“No podía caminar, sólo estaba sentada y le teníamos que pesar la comida, que era especial para ella. Tiempo después, le dimos de la misma comida que a los demás y comenzó a mejorar tanto, que la ropa de niña de 6 años que usaba, ya no le quedó”, recuerda Lupita con alegría. 

Abunda que cuando Abril se recuperó, era la que recibía y ayudaba a más niñas que llegaron en la misma situación, por lo que les “regalaba” su experiencia.

En la villa han llegado jóvenes de distintas edades y ciudades como Karla, originaria de la Ciudad de México, quien sentía mucha angustia y miedo, por lo que al no conseguir tranquilidad con medicina, terapia o religión, decidió viajar a Oaxaca. 

Por su parte, Sóstenes, quien lleva en el grupo 22 años, recuerda que no quería aceptar que necesitaba ir a Neuróticos Anónimos; incluso cuando fue a la primera reunión, no tuvo ganas de regresar.

“En las primeras reuniones no hablé, pero al escuchar me fui dando cuenta que muchas cosas que la gente compartía, también me pasaban a mí y así supe que era neurótico. Después de compartir mi experiencia, con el tiempo fui mejorando en todo, hasta con mi familia”, afirma.

Comparten experiencias

De acuerdo con Lupita, en Neuróticos Anónimos no hay profesionales y si lo hay, son porque necesitan ayuda, pues asegura que ahí todo se cura hablando, compartiendo y regalando experiencias.

El recinto fue construido con las aportaciones de los mismos integrantes del Grupo de Neuróticos Anónimos.  FOTO: Ana Lilia Pacheco Bautista

“Aquí la gente dice: ‘quiero tomar’, ‘quiero drogas’, y ya les preguntamos que qué sienten, por qué la necesitan y así se van tranquilizando. Aquí no hay maltratos, golpes o castigos. Aquí están los que quieren estar y quieren recuperarse”.

Prestadores de servicios

Lupita y Sóstenes aún asisten a las reuniones en los Grupos B.V (Buena Voluntad) Alemán y “prestan servicio” como lo hicieron este día, en el que fueron encomendados a compartir su experiencia e información con NOTICIAS Voz e Imagen.

“Aquí no hay directores, no se contrata a nadie; todos prestamos distintos servicios, como Sóstenes y yo que nos pidieron recibirlos. Así también hay encargados de la cocina, las edecanes o los chicos como Román, regalándonos su experiencia”, abunda.

La servidora detalla que Neuróticos Anónimos no se mantiene de donativos de externos, sino con aportaciones de las mismas personas que ya mejoraron. Tampoco reciben ayuda del gobierno, pero sí les gustaría que los vieran como una opción para recuperación.

“Como terapia, los chicos hacen pan, lo cual les ayuda mucho. Éste no lo vendemos al público porque tenemos tradiciones que nos protegen, que nosotros nos mantenemos con nuestras propias contribuciones voluntarias”, subraya.

En la villa actualmente viven 40 personas, principalmente jóvenes.  FOTO: Ana Lilia Pacheco Bautista

En las salas de reuniones, tanto de Neur-A-Teen como de adultos, tienen una tabla en la que se reparten servicios como lavar trastes, coordinar las juntas, barrer, cafetería y recepción.

Recuperación

Cuando alguien ya está recuperado, lo cual puede variar, pues hay quienes salen en 6 meses y otros hasta 2 años, se hace una ceremonia para despedirlo, en el que están presentes sus familiares a los que por meses tuvieron que dejar de ver.

Sin embargo, Sóstenes y Lupita subrayan que hay jóvenes que han tomado la decisión de vivir en la villa y recibir a jóvenes en la misma situación en la que estuvieron.

“Hay quienes deciden regresar y vivir aquí como Roberto, quien llegó aquí a los 14 años, se recuperó y ahora ya va al Tecnológico y regresa aquí para servir en las tareas de la Villa”.