Reina sin corona

AGRAVIO QUE NO SE OLVIDA

La mañana del 10 de enero de 1991, Oaxaca despertó con una de las noticias más lastimosas para los fieles católicos: la corona de la Virgen de la Soledad había sido robada.

A partir de ese momento, las mentiras, encubrimientos, falsas investigaciones y protección a los delincuentes entorpecieron la detención de los responsables, quienes hoy gozan de la libertad, pero aún no libran la justicia divina.

Los oaxaqueños aún no borran de su memoria el robo sacrílego en la Basílica de la Virgen de la Soledad. Los ladrones se llevaron la corona obsequiada por el pueblo de Oaxaca.

Fue el primer arzobispo del estado, Eulogio Gregorio Gillow y Zavalza, quien solicitó al Papa Pío X la coronación de la Virgen, acto que se realizó el 18 de enero de 1909 y fue entonces declarada Patrona de Oaxaca.

UNA NUEVA CORONA

Cincuenta años más tarde, se le colocó una nueva corona hecha por los orfebres oaxaqueños José Ortiz, Jorge Vargas, Manuel Aquino y Fausto Vargas Ramírez, y se elevó el templo a rango de Basílica. 

La corona era de filigrana, tenía una altura de 36 centímetros y 32 de diámetro, con 80 esmeraldas de más de cinco quilates, 200 brillantes de diversos tamaños y 110 gramos de perla natural escogida. Su peso era de tres kilos y medio.

La noche previa al 10 de enero de 1991, el entonces rector de la Basílica, el sacerdote Álvaro Gómez Hernández, luego de efectuar una limpieza con tres personas y el ayudante Javier Santiago Cortés, revisó el inmueble hasta donde los feligreses pueden tener acceso.

Curiosamente, el ocho de enero, dos días previos al robo, los estudiantes de Bellas Artes de la UABJO, Filiberto Pacheco Ramírez y Pedro Abel Santiago, suspendieron, a las 11:30 horas, sus labores de pintar las figuras del coro. Se fueron a desayunar a una de las casetas de la Plaza de la Danza.

Minutos después –dijo Filiberto Pacheco Ramírez— ya no encontraron la llave de la puerta del coro, que habían dejado sobre un librero.

“Juraría que ahí la pusimos, pero ya no la encontramos. Entonces reportamos esto al padre Álvaro Gómez, quien nos dijo que habría que encontrarla”, relató el universitario al periódico NOTICIAS, en aquella ocasión.

NINGÚN ACCESO FORZADO

Si los sacrílegos pernoctaron en el coro, a pesar de que la puerta que da al balcón hubiera sido cerrada con el duplicado de la llave, pudieron haber descendido desde lo alto al camino principal a la Virgen de la Soledad, puesto que no hay más de cuatro metros de altura.

También existió la versión de que los delincuentes se refugiaron en una de las habitaciones de los sacerdotes. Y es que no pudieron haber entrado por alguna de las puertas, porque ni las chapas de los accesos principal o lateral, que dan al atrio del templo, fueron forzados. Mucho menos las puertas que dan al jardín Sócrates o a las escalinatas de la avenida Independencia.

Otro lugar por donde pudieron haber penetrado los maleantes sería el campanario, luego de que subieran por el edificio adjunto al Palacio Municipal (antes Registro Civil), pero existen varias puertas que impiden llegar a la Virgen.

Una vez en el interior del templo, los rateros llegaron caminando hasta el camarín de la patrona de los oaxaqueños. Presumiblemente subieron  por el costado izquierdo, escalando unos dos metros por las bases de las columnas del templo. Treparon hasta la parte posterior de ese sagrado lugar.

Sin ser “molestados”, los ladrones forzaron la chapa de la puerta del camarín, al parecer con herramientas metálicas, ya que desprendieron la caja metálica de la cerradura y despostillaron la gruesa pared, retocada en yeso. El polvo del yeso hizo que quedaran marcadas en el suelo y en el pie de una de las columnas;  eran dos huellas diferentes de calzado. Una de las marcas al parecer fue de bota tipo minero.

LA ALARMA NUNCA SONÓ

Los delincuentes sabían que la alarma había sido desconectada el 18 de diciembre de 1990, fecha en que la grey católica se desborda en la iglesia, en aras de la devoción, para pasar bajo el camarín de la Virgen.

Como la alarma se botaba cada vez que los feligreses pasaban por debajo, decidieron suspenderla los días que duraba el culto (hasta el 18 de enero), lo que permitió a los ladrones un robo limpio.

HUYERON

Con el sagrado botín, los delincuentes escaparon. Esperaron a que amaneciera para salir caminando del templo.

De las cinco a las seis de la mañana, como de costumbre, el entonces rector de la Basílica, Álvaro Gómez –quien pasó la noche en su habitación al igual que el sacerdote Bernardino Celis  González y el ayudante Javier Santiago Cortés— se levantó de su cama para despertar al joven auxiliar para que abriera la puerta lateral, que da el acceso a la calle Independencia.

De acuerdo a las investigaciones de NOTICIAS, el presbítero Álvaro dijo que Javier Santiago Cortés abrió la puerta lateral. Luego de abrir la puerta que da a la Sacristía, notó que la lateral estaba emparejada, por lo que se presume fue la ruta de escape de los delincuentes.

LLEGA LA POLICÍA

Sólo bastaron unos instantes para descubrir el robo que movilizó inútilmente a las corporaciones policiacas, y que conmovería el llanto y la indignación de los oaxaqueños.

Javier S. C. fue detenido –el primero de varios más—como directamente involucrado en el caso.

Originario de Tataltepec, Tlaxiaco, Javier llegó a los 11 años de edad como ayudante. Fue llevado por su tío y por medio de un sacerdote comenzó a trabajar en el templo.

A Javier no se le pudo demostrar su culpabilidad, es más “ayudó” a la Procuraduría de Justicia para esclarecer el robo.

Tras las investigaciones, otra hipótesis indicaba que los delincuentes eran encabezados por una exmadrina de la Policía Judicial Federal, cuyas instalaciones se ubicaban enfrente de la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, precisamente en Independencia esquina con Galeana.

Un día antes del robo, en las instalaciones de la Policía Judicial Federal se encontraba Jaime Daniel Q. P., quien había estado involucrado en diferentes robos a templos, como el de San Francisco Tutla.

Junto con Jaime, también fueron detenidos José Rubén L. H. e Israel C. E., por robar varios cuadros de imágenes religiosas.

Daniel Quintana Pérez estaba sentado en una de las bancas del primer pasillo de la Policía Judicial Federal, cuando fue visto por un expolicía del Servicio Secreto de Oaxaca.

Después del robo, Jaime Daniel desapareció de Oaxaca. Tres décadas después, el robo y el paradero de la corona, es un misterio que no ha sido esclarecido.