Panorama desolador en El Pedimento

Parece campo de guerra
  Jaime Alberto Rodríguez Orozco            Jaime Alberto Rodríguez Orozco

Rumbo al cerro donde se encuentra la capilla, los caminantes deben pasar por los comedores destruidos.

Imágenes religiosas en el piso, junto con  los utensilios de lo que fueron los puestos de comida destruidos, se observan al paso de los peregrinos en El Pedimento.

El área de disputa entre habitantes de Santa Catarina Juquila y Santiago Yaitepec parece campo de guerra. Se percibe la tensión a pesar de que el área está reguardada por elementos de la Policía Estatal y la Guardia Nacional.

Los uniformados impiden el paso de los caminantes hacia el cerro donde se encuentra la capilla, y para regresar a la carretera deben pasar por los comedores destruidos, los cuales se encuentran “habitados” por hombres y mujeres de Yaitepec, armados con palos y machetes.

Camino a El Pedimento

Para llegar a El Pedimento, ubicado a diez kilómetros del santuario de la Virgen de Juquila, los peregrinos caminan sobre la carretera. Es la última etapa después de su larga travesía de más de 160 kilómetros.

Habitantes de Santa María Yolotepec advierten que para llegar a Juquila deben caminar sobre la carretera, sin entrar a la vereda que los lleva a El Pedimento.

“No entren, es peligroso, están armados y encapuchados”, advierten a los peregrinos.

Sin embargo, los peregrinos armados con una veladora, un estandarte y su fe, caminan por la vereda, entre árboles, hasta llegar al río. Hacen caso omiso a la recomendación.

Ahí, dos policías estatales se bañan y tallan sus prendas en las piedras.

-¿Hay paso?- pregunta uno de los caminantes.

-No, responde el policía, mientras el otro dice: “Adelante les darán instrucciones”.

Metros adelante,  se observan varias patrullas y elementos de la Policía Estatal, quienes al ver a los peregrinos se acercan para indicarles que se dirijan al camino que los regresará a la carretera.

“No hay servicio en El Pedimento; aún no hay solución al problema”, señala un elemento cargando su rifle.

Los peregrinos agradecen y se dirigen hacia la carretera, pero deben pasar entre los hombres y mujeres con machetes que llegaron el lunes pasado por la tarde, después de realizar una marcha.

Una mujer atiza el brasero para calentar la olla con café.

A pesar de que los peregrinos saludan, los lugareños sólo asienten con la cabeza o levantan la mano, si acaso, escudriñan y siguen cada paso que dan los fieles. Hay que salir rápido de ahí.

No son más de 50 personas quienes con el rostro descubierto observan cómo se alejan los caminantes.

En ese lugar, los puestos de madera habilitados de comedores y tiendas, están destruidos. Hay refrigeradores volteados, y platos y vasos rotos por todos lados. Se aprecia que robaron la mercancía y todo lo destruyeron.

Más adelante comprueban que sí hay paso hacia Juquila, pero solamente por la carretera, lo que representa más de cinco kilómetros más para los fieles.

De este modo, se respira tensión en tierra de fe, donde los peregrinos sufren el daño colateral debido a un añejo conflicto por la disputa de tierras en la zona.