Adolescentes, carne de cañón de narcos

SON USADOS COMO HALCONES O SECUESTRADORES

“Primero fui halcón, luego vendí droga y luego fui sicario", relata un adolescente oaxaqueño en prisión.

“Primero fui halcón, luego vendí droga y luego fui sicario. Ellos veían mi carácter y, para ir subiendo, hay que ser malo y hacer lo que te dicen. Yo lo hice por dinero, por dinero hace uno lo que sea… yo llegué a sicario y maté como a cinco”... el relato es el de un joven oaxaqueño menor de edad que fue privado de su libertad por sus actos relacionados con el crimen organizado, puerta en la que un 24 por ciento de los adolescentes y jóvenes en situación de cárcel en la entidad entraron por dinero.

El informe especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos “Adolescentes: Vulnerabilidad y Violencia”, que aborda el tema con cifras de 2016, precisa que de los 13 estados en donde se llevó a cabo el estudio, el 35 por ciento de los adolescentes encuestados señalaron que formaron parte de un grupo de delincuencia organizada, un 27 por ciento de pandillas y 38 por ciento delinquieron en actos individuales.

El testimonio anterior contenido en el informe, detalla que el grupo para el cual operaba pertenecía a los Zeta el cual también se dedicaba al secuestro.

“Me invitaron unos amigos a formar parte y acepté por dinero, me daban diez o quince mil pesos a la quincena. También llegué a matar”, expresa.

Unidos por la delincuencia 

Otro testimonio, también de un oaxaqueño detenido por secuestro, explica que parte del grupo al que pertenecía era gente de su propia comunidad.

“Mi hermano era de ese grupo, ellos eran de la delincuencia organizada, de un cártel que operaba con drogas, secuestro, robos y homicidios. Yo participé en secuestros. En total de mi colonia éramos 28, son los que yo llegué a ver. Yo era halcón, igual que mi hermano pero él era más reconocido. Te ponen pruebas para ir subiendo, como participar en un homicidio, y yo lo hice, cada quién en el grupo tenía su propia función y recibíamos órdenes de los jefes”.

Con base en el resultado de las entrevistas realizadas, el informe explica que entre las motivaciones de las y los adolescentes que formaban parte de grupos de delincuencia organizada está principalmente el deseo de imitar un estilo de vida que los adolescentes han podido observar en su entorno y que incluye armas, autos, alcohol, drogas, sensación de poder y otros lujos así como excesos a los que se consideran que sólo pueden acceder uniéndose a estos grupos.

El estudio agrega que el perfil del sicario, en su mayoría, es de personas que se desenvuelven en grupos sociales como individuos normales, con capacidad de amar y expresar afecto por sus seres queridos, al mismo tiempo que pueden ser despiadados con sus víctimas.