El abrazo de Villa y Zapata

MISCELÁNEA

Los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa en la toma de la ciudad de México.

En el convulsionado fin de año de 1914 –la Convención de Aguascalientes se había reunido en el mes de octubre  y había fracasado-, la Ciudad de México vivió uno de los momentos más recordados de la historia de la Revolución Mexicana: la entrada de los ejércitos zapatista y villista que confluyeron en el Palacio Nacional. 

Los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa habían intercambiado una amistosa correspondencia mediante la cual fijaron amplias coincidencias políticas y militares, pero no se conocían personalmente. Esta situación se prolongó hasta el 4 de diciembre de 1914. Ese día se encontraron en Xochimilco.

A fin de establecer una alianza más sólida para combatir al gobierno de Venustiano Carranza, se reunieron el citado día en el Hotel Reforma, cada uno acompañado por su Estado Mayor.

Los caudillos se dieron un abrazo y, tras compartir una generosa comida y brindar por el triunfo del pueblo en armas, mantuvieron un diálogo público. De acuerdo a la versión taquigráfica de la entrevista, mantenida entre las doce y media y dos de la tarde, estas fueron algunas de sus palabras:

F. Villa: Pues hombre, hasta que me vine a encontrar con los verdaderos hombres del pueblo.

E. Zapata: Yo celebro que me haya encontrado con un hombre que de veras sabe luchar.

F. Villa: ¿Sabe usted cuánto tiempo tengo yo de pelear? Hace 22 años que peleo yo con el gobierno.

E. Zapata: Pues yo también, desde la edad de 18 años. 

Es de hacer notar que Zapata y Villa se conocen personalmente en dicho encuentro, ya que el general Zapata, si bien envió una representación del Ejército Libertador del Sur, no concurrió a la Convención de Aguascalientes.

Al promediar la comida, después de haber hablado un representante del general Zapata, Francisco Villa se puso de pie y dijo: “Compañeros: Van ustedes a oír las palabras de un hombre inculto; pero los sentimientos que abriga mi corazón me dictan que ustedes oigan estas palabras que solo se van a relacionar con asuntos de la Patria, es lo que abrigo en el corazón. Hace mucho tiempo que estamos en la esclavitud por la tiranía. Soy hijo del pueblo humilde, y a ese pueblo que representamos nosotros a ver si lo encarrilamos a la felicidad. Vivan ustedes seguros de que Francisco Villa no traicionará jamás a ese pueblo que han tenido en la esclavitud. Y soy el primero en decir que para mí no quiero ningún puesto público, sino nomás la felicidad de mi Patria, para que todos los mexicanos conscientes no se avergüencen de nosotros”. (Versión estenográfica).

Luego del generoso ágape, ambos con unos pocos hombres de confianza, se retiraron a una habitación del piso superior del hotel y delinearon lo que se conoce como el Pacto de Xochimilco.

Entre los asuntos tratados en la reunión, señala el historiador Felipe Ávila, estuvieron: el deslinde con respecto a Carranza y el Constitucionalismo; la identificación de Villa y de Zapata con los problemas y necesidades populares; y el reparto agrario. Ávila resalta que se suscribió un pacto formal entre ambas fuerzas mediante el que acordaron:

  • La alianza militar entre la División del Norte y el Ejército Libertador;
  • Que la División del Norte aceptaba el Plan de Ayala en lo relativo al reparto de tierras, eliminándose los ataques que el plan contenía sobre Madero;
  • Que la División del Norte proporcionaría elementos militares al Ejército Libertador.
  • La designación de Eulalio Gutiérrez como Presidente provisional.  (Archivo General de la Nación).)
  • Dos meses antes de esta histórica reunión, se celebró la Convención de Aguascalientes entre el presidente Carranza y varios líderes revolucionarios, entre ellos Pancho Villa y representantes de Emiliano Zapata. Sin embargo, la Convención fue dominada por las posiciones de Francisco Villa y sus partidarios, que decidieron el cese de Venustiano Carranza como presidente, de Pancho Villa como jefe de la División del Norte y la designación de Eulalio Gutiérrez como Presidente provisional. Estas decisiones orillaron a Venustiano Carranza a romper con la Convención.

La ruptura puso de manifiesto las profundas diferencias entre los revolucionarios y el Gobierno. En particular, Villa y Zapata eran partidarios de una profunda Reforma Agraria, aspecto del que Carranza se había desentendido.

Pancho Villa fue designado jefe del llamado Ejército Convencionalista, que combatiría contra las fuerzas del gobierno. Pero Zapata seguía siendo el líder indiscutido del centro y sur de México, donde su lucha por las reivindicaciones agrarias mantenía un amplio respaldo entre la población. 

Estos antecedentes originaron el encuentro de Villa y Zapata y la firma del Pacto de Xochimilco.

Terminada la reunión en Xochimilco y una vez firmado el pacto que afianzaba sus coincidencias, los jefes revolucionarios decidieron que sus ejércitos tomaran la Ciudad de México. La toma se concretó el 6 de diciembre, circunstancia que forzó a Carranza a retirarse hasta la ciudad de Veracruz. El general Zapata, primero en llegar al Palacio, nombró a su hermano Eufemio comandante del mismo. El 8 de diciembre,  los ejércitos zapatista y villista avanzaron hacia el centro de la ciudad; miles de personas salieron a recibirlos. El desfile central se realizó frente a Palacio Nacional, donde presidían la parada militar, desde el balcón principal, Eulalio Gutiérrez, Francisco Villa y Emiliano Zapata. 

La ocupación de la capital del país por las fuerzas revolucionarias fue el punto culminante de la Revolución; sin embargo, los líderes campesinos no supieron aprovechar el poder conquistado para arribar a un final victorioso.