Menores no concluyen estudios por ser madres

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

A las madres adolescentes se les dificulta retomar los estudios porque deben asumir prematuramente roles de personas adultas.

En Oaxaca suman 10 mil 695 mujeres menores de 18 años que interrumpieron sus estudios y están embarazadas o son madres, a quienes se les dificulta retomar los estudios porque socialmente se considera “que ya fallaron” y deben vivir en la casa, asumiendo prematuramente roles de personas adultas.

La coordinadora Estatal del Programa Nacional de Becas (tipo básico)  de apoyo a la educación básica de madres jóvenes y jóvenes embarazadas, Laura Trujillo Martínez, reconoció que la cobertura aún es limitada.

Solo una de cada diez adolescentes o jóvenes menores de 19 años que interrumpieron sus estudios por una unión libre o embarazo temprano recibe una beca para concluir su educación básica.

Las bajas cifras persisten a pesar de que Oaxaca es el tercer estado del país, después de Guerrero y el Estado de México, que más recursos recibe para este rubro.

En este ejercicio fiscal Oaxaca recibirá 3.9 millones de pesos para entregarle una beca de 850 pesos mensuales por diez meses.

Ayer el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca entregó los apoyos económicos a 293 adolescentes y jóvenes de Valles Centrales, algunas de ellas con dos hijos o hijas, como Lizbeth, quien a sus 15 años fue madre por segunda ocasión.

“Es complicado al inicio, ya después no tanto”, se consuela sentada en una jardinera del hotel donde se entregaron las becas. Al lado de ella su padre le ayuda a cuidar a Guillermo de casi dos años, mientras ella amamanta a Vladimir, el menor.

Su novio y padre de ambos, con quien nunca vivió, no asumió su responsabilidad y ella es madre soltera. Lo que reciba de la beca lo utilizará en comprar pañales o leche en polvo, aunque realmente quisiera invertirlo en sus estudios para un día llegar a ser abogada.

Sueños rotos

Berenice quisiera soñar con convertirse en médica, pero conforme adquiere más conciencia de las repercusiones de convertirse en madre a los 15 años, ese anhelo se vuelve lejano.

Cuando cuenta su historia, reflexiona y asume una culpa que le pesa: “quizá no escuché bien a mis mayores”, contiene las lágrimas mientras Leila, su hija de 2 años que carga en un rebozo, escucha con ojos vivaces.

Samantha, la hija de cuatro años de Berenice no alcanza a escuchar que cuando ella tenía 2 años su madre empezó a deprimirse porque entendió cómo su vida se truncó por ser una madre a temprana edad.

Con su pareja, César, quien le lleva 5 años de edad, se casó hace apenas un año. Antes de los 18 años ese trámite era imposible para ella, la ley lo prohíbe, pero en los hechos vivió en unión libre siendo menor de edad.

Esa costumbre social permitir que una niña o adolescente se vaya a vivir con un hombre, sin importar la edad que le lleve, es algo cotidiano que experimentan adolescentes como Aquilina, quien antes de cumplir 13 años e iniciar la telesecundaria dejó de estudiar para irse a vivir con Leobardo.

A sus 15 años, Aquilina está embarazada y si ingresó a la escuela telesecundaria de Coatecas Altas es porque fueron a buscarla a su casa para ofrecerle una beca, pero no ambiciona tener otros estudios profesionales.