Abreva Iván Pacheco de las raíces primigenias

Carina Pérez GarcíaCarina Pérez García

La veta del arte la trae en las venas, grabada ancestralmente como un recordatorio de otros tiempos para plasmar lo primigenio, el origen de su cultura oaxaqueña. Iván Pacheco (1981, Oaxaca) es un artista plástico para quien la búsqueda y finalmente elección de su universo creativo fue regresar al inicio de los tiempos; antes que salir, prefirió ir a la raíz ancestral para lograr la apertura de consciencia, energética y espiritual, y finalmente plasmarla en distintos soportes. 

El artista nos abrió las puertas de su taller para hablar de su camino, su formación, sus influencias y sus procesos creativos. En su taller, rodeado de máscaras, cerámicas, óleos y objetos antiguos que ha coleccionado, Iván Pacheco comparte que si bien sus comienzos tuvieron que ver con lo figurativo fantástico, ahora ha dado cabida al expresionismo figurativo. 

Comparte que antes de elegir a la pintura, al arte como su segunda lengua, los llamados lo llevaron a estudiar Derecho. Luego de tener sus primeros acercamientos en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, encontró un abrevadero artístico en un semillero para varios creadores, el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, donde conoció a maestros como Juan Alcázar, Mariano Pineda y Francisco Guevara. 

Cuando tuvo que tomar la decisión de dónde guiaría sus pasos, supo que por un lado, el llamado social de la carrera de Derecho, con la inquietud y pasión interna por el arte, se podían unir precisamente en expresiones como la pintura. Tuvo una etapa musical en la que incluso integró una banda de rock. 

La música es fundamental en su proceso creativo; al momento de pintar, es importante para él seleccionar qué escuchará durante sus sesiones; es así que sus esfuerzos plásticos se remontan desde personajes dibujados a primera intención, lo cual ha ido evolucionando hasta lograr ahora una perfección de su técnica, en la que son esenciales los pigmentos naturales, sales, minerales, arcillas y cales.

“Tengo la fortuna de tener, a media hora caminando, la parte posterior de Monte Albán; eso me ha permitido hacer labor de campo. Experimento con algunas tierras, barro y piedras que muelo, llevo a un proceso de cocción, pigmentación y finalmente las llevo a la tela o al papel”. 

Las búsquedas de vuelta al origen llevaron al pintor Iván Pacheco a pasar algunas temporadas en sitios de la Mixteca baja y alta, la Costa y los Mixes. Durante estas expediciones plásticas pudo vibrar con la fuerza de la sabiduría ancestral y fue entonces que se dio el parteaguas en su carrera. 

Sus obras adquirieron una energía distinta y encontró personajes a los que honrar, deidades y nahuales. En sus obras de distintos formatos y con diferentes soportes -como papeles, telas, piedra, madera y cerámica-, plasma temas en los que son evidentes la transmutación, el traspaso de la vida a la muerte, el ser animal y la transformación espiritual del ser. 

“Para mí, mostrar el lado fantástico, tiene que ver con la intensidad del pincel, el contacto con los materiales y la valoración de elementos naturales, tierras, arenas, arcillas pigmentadas, cocidas o el óleo aplicado como pastel”. 

En su obra nos observan personajes ligados a la mutación, como muertes y nahuales. “Llegué a ellos luego de situaciones que me llevaron a conocer a chamanes y brujos; no ha sido de manera accidentada, sino consciente. Para mí, algo invaluable en la vida y  esencial, es la mujer y utilizo esta simbología como figura de diosa, es una manera de inmortalizar”.

Iván Pacheco conceptualiza la esencia de la sabiduría ancestral y las figuras prehispánicas, con elementos a los que ha llegado primero empíricamente y luego de una manera consciente. La vibración de su paleta de colores responde a las tierras oaxaqueñas y su gradiente está ligada a un homenaje a la sabiduría ancestral.