Honran a difuntos en Mexicápam

Entre apretadas tumbas, sin espacio entre unas con otras y sin pasillos para caminar, descansan las almas en el panteón de San Martín Mexicápam, donde se llevó a cabo el tradicional Lunes de Panteón.

Las sepulturas se separan a no más de 20 centímetros de distancia; los visitantes apenas ubican los pasillos que los llevan a la tumba de sus seres queridos. Los pobladores convivieron en espacios reducidos; apenas cabía la familia y los músicos que interpretaban las canciones que más gustaban a los difuntos en vida.

“No podemos ni caminar, porque las tumbas están muy pegadas unas a las otras; acá tenemos espacio porque los de al lado no han venido, y los del otro lado, creo ya vinieron”, comentó Isaías Vásquez, quien terminaba de sahumar la tumba de sus abuelos.

En 2012, Arturo Ortega, agente de San Martín Mexicápam en ese trienio, señaló que estaba ocupado en su totalidad el panteón con mil 900 sepulturas. 

Tradición arraigada

Decenas de familias acudieron para celebrar el lunes de panteón, tradición milenaria de los pobladores de San Martín Mexicápam; algunos ciudadanos se citaron desde las nueve de la mañana, hasta las seis de la tarde.

Estela Pacheco, originaria de Pochutla, lleva más de 40 años radicando en la comunidad y desde entonces, los pobladores de Mexicápam ya realizaban el Lunes de Panteón; en lo sucesivo, doña Estela ha adoptado la tradición, quien al mismo tiempo le enseña a sus nietos que la acompañan.

“Hoy, tenemos doble fiesta; por un lado, es la celebración patronal de San Martín Caballero, y por el otro, la del panteón. Unos van a misa y otros vienen a convivir con sus familiares que en vida ya no están”, narró Estela.

Por su parte, Isaías Vásquez acudió por segunda ocasión al panteón en lo que va del mes, a acompañar a sus difuntos; su primera visita fue el 2 de noviembre y ayer lunes; platicó que sus abuelos lo acostumbraron con esas visitas.

En tanto, Isaías explicaba sobre los integrantes de su familia que ahí se encontraban, mientras sahumaba toda la tumba; al preguntarle los motivos que lo llevaban a realizar el ritual, él explicó; “es un olor que reciben las almas desde donde se encuentran”.

 Para recibir a los muertos, Isaías, al igual que muchos oaxaqueños, en su casa puso una ofrenda en honor a los que ya no están, con los alimentos más tradicionales para que las almas disfrutaran durante su visita.

Músicos y comerciantes aprovecharon el día 

Los músicos llegaron al festejo, para ganarse unos centavos complaciendo el gusto musical que preferían los difuntos en vida. Fueron cerca de 30 músicos que se dieron cita en el panteón; entre las peticiones no faltaron las canciones de tumba como: Cruz de madera, Dios nunca muere, Cruz olvidada, Amor eterno, Dos coronas para mi madre, entre otras.

Don Benito Cruz Martínez aprovechó el espacio para afinar su guitarra y cantar, aunque solo le pagarán 10 pesos por cada canción; dijo que no era suficiente, pero que no se podía cobrar más por falta de trabajo. Así mismo, recurrió a este medio para reclamar un espacio para los músicos en la capital oaxaqueña; “no hay un sitio para nosotros, por eso andamos en cualquier parte, donde nos caiga chamba”, sostuvo.

La señora Efigenia Canseco hizo cruces y coronas para vender en el panteón; las cruces son de madera y están adornadas con flores de hule y popotes de colores; cada cruz tiene un costo entre 40 y 80 pesos, dependiendo del tamaño; aunque, aseguró que la venta estuvo baja.

Su nieto tiene 9 años de edad y es quien la ayudó a realizar dichos productos que adornaron los cementerios; tardó de 2 a 3 horas en elaborar las cruces. También hizo coronas del mismo material, a un precio de 25 a 30 pesos.

Martha Eugenia lleva elaborando coronas de papel crepé por más de 54 años; al igual que muchos comerciantes, venderá sus productos en los Lunes de Panteón que restan.