EL LECTOR FURTIVO| El desarreglo de todos los sentidos

Nacido en 1854 para hacer de su vida un desafío permanente, un enérgico nadador a contracorriente sometido a la férrea disciplina materna, el adolescente Jean Nicholas Arthur es detenido en la estación de trenes, con lo que ve frustrada su fuga hacia París para ser devuelto por las autoridades a los brazos de su madre. La mujer le aplica los correctivos necesarios y suficientes para que el joven poeta vuelva a intentarlo una y otra vez, hasta lograr su sueño de fuga.

El talentoso adolescente pretende adscribirse al parnasianismo, un movimiento literario cuyo líder Théodore de Banville dirige “El parnaso contemporáneo”. Arthur Rimbaud, quien afirma falsamente tener 18 años, le escribe con convicción “Seré parnasiano o nada”, sin embargo, aunque Banville contesta sus cartas gentilmente, nunca publicará sus poemas.

Por aquí y por allá fueron a dar sus propuestas literarias, hasta que uno de sus amigos lo conmina a escribirle a Paul Verlaine, el poeta simbolista que le contesta más o menos en estos términos: “Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos”.

En esta primera temporada, el poeta simbolista acoge a Rimbaud en el hogar que forma con su esposa, pero la creciente afición del poeta adolescente al ajenjo y al hachís, más su escandalosa conducta, hacen que Verlaine termine por echarlo.

Años después, ya adscrito plenamente al simbolismo, Rimbaud se ha de reencontrar con Verlaine para vivir un tórrido romance y varios episodios de violencia. Rimbaud era propenso a burlarse y a humillar a su amante y Verlaine, por su parte, era propenso a la agresión y autoagresión física, incluso utilizando armas. La cosa no terminó bien y la muñeca de Rimbaud fue destrozada por un disparo, tras lo cual Verlaine durmió en la cárcel por un par de años, a pesar del intento del joven poeta por liberarlo.

Rimbaud apuesta por la “descolocación de todos los sentidos”, es decir, la visita del poeta a todo sufrimiento y exceso para poder conocer la verdad y buscar la autenticidad. Así lo deja ver desde las Cartas del vidente (1871). En esta suerte de manifiesto sobresale la afirmación “Yo es otro”. Sus tesis fueron comprobadas por él mismo a lo largo de su vida. En Una temporada en el infierno (1873), Rimbaud encarnando su propia tesis se convierte en L'enfant terrible de la poesía francesa y todo un icono del simbolismo.

Aunque en vida su obra no tuvo la mayor aceptación, la posteridad guardaba sus mejores flores para el pequeño puñado de títulos que produjo, siendo el último de ellos Iluminaciones (1874). Gozó como pocos de un retiro glorioso a la tierna edad de 19 años. Para 1875 había ya abandonado el barco de la poesía y había subido al barco de libre comercio. Tras una serie de trabajos burgueses y respetables, viajó por el mundo y amasó una pequeña fortuna traficando con armas. Sin embargo, su hermana Isabelle, dirá de él en su lecho de muerte: “Ya no es un pobre réprobo el que morirá cerca de mí. Es un justo, un santo, un mártir, un elegido”. Arhur Rimbaud con apenas 37 años a cuestas, falleció en Marsella en el año de 1891.