Día de la Raza: Resistencia de los pueblos originarios

Juana García Juana García

Más que una celebración entre dos culturas, es una invasión hacía los pueblos nativos y sobre ello, debe ser el debate, el estado mexicano, remarca la escritora

“El 12 de octubre es un día de resistencia para los pueblos originarios de este país, en el que todavía en el siglo 21, seguimos siendo colonizados, desde nuestros pensamientos, nuestra cultura, nuestro conocimiento. Ahora nos hacen creer que nos ayudan desde muchos sentidos, y no, más bien es una deuda histórica que el estado nos debe, pero en pro de eso, pareciera que nosotros somos los que estamos mal y por eso nos ayudan”, explica Celerina Patricia Sánchez Santiago, narradora oral, promotora cultural y poeta tu´un ñuu savi y español.

Con respecto a la conmemoración del día de hoy, la poeta, de Mesón de Guadalupe, San Juan Mixtepec, sostiene que más que una celebración entre dos culturas, es una invasión hacía los pueblos nativos y sobre ello, debe ser el debate del estado mexicano.

“Estamos en una resistencia, en la que no queremos entrar a un mundo desigual. Tal parece que ahora nos uniforman, ejemplo; cuando se desempeña un cargo patronal en las comunidades, se uniforman, aunque no tengan conocimiento de nuestra historia, así es el sistema, a pesar del contexto, el estado sigue colonizando en el siglo 21”, sostuvo, al margen del Día de la Raza.

Celerina solo habla su lengua materna con su familia. Ellos no entienden el castellano.  FOTO: Juana García 

“Al estado le conviene el lado romántico, en el que todo es bonito entre dos culturas, lo que queda para las comunidades indígenas como resistencia son el territorio y la lengua, pese a que el estado asegura que esta revitalizando y dándole espacio a las lenguas. La realidad es que en las escuelas se va seguir calificando en español, entonces la cultura se vuelve como un espacio folclórico donde todos estamos formados; tenemos mucho que conocer y luchar, para poder decir; ahora sí podemos defender nuestra cultura”.

“Que sea un día más de vida y resistencia de lo que somos y que la consigna por conocer la historia real de pueblos originario, donde tenemos derecho de decir que no lo sabemos, pero si se tiene el interés ”

Para Celerina, la poesía es un arma de resistencia y al mismo tiempo, de libertad. “Plasmo justo lo que he vivido, del presente, no solo en lo particular sino en general; afortunadamente la poesía te permite extenderte, hablar de odio, amor, tristeza, soledad”.

Empezó a escribir en 1997 en la lengua que en castellano tiene de por sí un nombre poético: pueblo de lluvia. Desde entonces, presume que la han leído más las personas que viven fuera del municipio, que la gente Ñuu Savi. “Nadie es profeta en su propia tierra, dice.

Un mundo al que no pertenecía

La familia de Celerina emigró a Juxtlahuaca entre los años de 1975 y 1976. Cuenta que por voluntad de su padre la mandaron a estudiar a la escuela primaria Cayetano Esteban, porque ahí enseñaban en español. De ninguna manera iría a la otra escuela primaria, bilingüe, ubicada en el barrio de Santo Domingo. La consigna era dejar de ser quien era. “eso simbolizaba el racismo que mis padres de la misma manera habían sufrido, pero que no lo podían expresar”.

Su libro se llama Inií Ichí (dentro del camino) y lo publicó en el año 2013.  FOTO: Juana García 

Celerina cuenta una parte cruel entre los suyos. En Juxtlahuaca, “¡(a los de Mesón de Guadalupe) nos dicen ‘de la montaña’ y demás adjetivos, pese a que somos de la misma región! Cuando uno va a Juxtlahuaca, las personas te mencionan ‘no digas que hablas una lengua indígena’. La gente de la montaña quiere pertenecer a Juxtlahuaca y los de Juxtlahuaca no los quieren”.

“Esto es como una broma pero en realidad sucedió”, advierte. “Cuando llegué con mis padres a Juxtlahuaca, nos decían ‘los mixtecos’, nos hacían sentir fuera de ese lugar, las palabras hirientes eran redundantes, tenían actitudes ofensivas. Los de Juxtlahuaca no nos veían bien”, recuerda.

Celerina Sánchez le ha preguntado a su madre de dónde viene Ñuu Savi o, por qué se les llama así, y ella responde entre risas y ambigüedades: “porque así contaban los viejos”, su padre también opina al respecto, “pero nosotros somos hijos de Dios”.

La discriminación perpetúa

Hace 20 años que Celerina escribe y tiene un solo libro. Nada tiene que ver con la falta de producción.

“Difundir el material ha sido difícil, porque en general no hay apertura. Mi libro se publicó porque es audiolibro; la pregunta es cómo publicas un libro (en Tu´u Savi) que al final de cuentas lo van a leer en español, porque lamentablemente mucha de nuestra gente no sabe leer”.

Otra de sus labores ha sido traducir cuentos mexicanos a lado del periodista Roberto Zavala. Actualmente se mantiene activa como promotora de la lengua Tu´u Savi.