Adela: 9 años en prisión, por carecer de intérprete

Pese a que Oaxaca es uno de los estados donde ha disminuido la cantidad de presos indígenas por falta de intérpretes, aún no están garantizados sus derechos

Adela y Germán llevaban una vida normal, hasta que debido a un ataque sexual, cometieron un homicidio que los llevó a recibir una condena de 23 años de prisión por falta de un intérprete.

Hoy se cumplen un año y 8 meses, que Adela García Carrizoza y su esposo Germán Rosas García, salieron en libertad después de estar presos durante 9 años en diferentes penitenciarías del estado de Oaxaca, por falta de intérprete.

Entre lágrimas, Adela apenas y puede expresar su emoción de estar en libertad, después de que una inconsistencia sobre su caso le arrebatara 9 años al lado de su familia; asegura que ha sido difícil comenzar una nueva vida en otro lugar que no es su hogar.

“Es complicado iniciar nuevamente; no tener casa, no tener dinero, no tener nada y no haber visto a mis hijas durante 9 años; creo que pude soportar todo por mis hijas; estando en la cárcel llegué a pensar que en cualquier momento podía bajar la guardia, pero finalmente pudieron sacarme”, dijo, después de tomar un hondo respiro y sonreír.

Una nueva vida

Adela García Carrizoza, al lado de su esposo Germán Rosas, inició una nueva vida en Zayatitla, Mazatlán de Villa de las Flores, lejos de la comunidad donde ocurrieron los hechos que llevaron a la pareja al encarcelamiento.

Al salir de la cárcel, Germán Rosas construyó un pequeño cuarto de tierra con carrizos en la comunidad de Zayatitlán, de donde es originaria Adela, ubicada a casi siete horas de la capital oaxaqueña.

“No volvimos a nuestra casa para evitar problemas; suficiente hemos tenido durante más de nueve años; pensamos que en cualquier momento la gente nos señalaría, así que preferimos apartarnos”, detallaron.

De ataque sexual a encarcelamiento

Era un lunes 25 de mayo, cerca de las ocho de la noche del año 2009. Adela García se encontraba en compañía de sus dos pequeñas hijas, una de apenas unos meses y la otra de 3 años de edad; su esposo había salido de casa por un asunto familiar. Ya obscurecía, cuando de repente alguien tocó la puerta, a lo que ella apresurada preguntó de quién se trataba, pero nadie contestó; nuevamente tocaron, entonces abrió la puerta con la sorpresa de que era el hermano de su esposo, Artemio Rosas G.

Al entrar a la casa, Artemio apuntó a Adela con una pistola para que lo dejara entrar; enseguida arrojó a Adela hacia adentro de la casa, donde se encontraba su dormitorio, hasta llevarla a la cama; en aquel momento comenzó a arrebatar sus prendas de vestir a Adela, iniciando con tocamientos de su cuerpo. De tal situación, su hija de 3 años se dió cuenta y comenzó a gritar.

Pese a las súplicas de Adela para alejar a su cuñado, Artemio continuó con la intención de violarla; “me decía que si no me acostaba con él, mataría a mis dos hijas”, detalló Adela; mientras ocurría el ataque, Germán Rosas, esposo de Adela, llegó en el momento que el sujeto se encontraba sobre ella.

De manera inmediata, Germán se integró a la pelea; a continuación, el agresor acomodó un puñetazo a su hermano; minutos después, con la ayuda de Adela, su esposo se pudo levantar y en un descuido de Artemio, Germán alcanzó un machete que traía, y entonces fue cuando cometió el asesinato.

Un largo vía crucis

Dos días después, la vida de la familia se resumiría con una condena de 23 años. Adela y su esposo fueron detenidos y llevados ante el Juez Mixto de Primera Instancia de Huautla de Jiménez; Germán, acusado de homicidio en primer grado y Adela de cómplice.

La pareja, de origen mazateco, no sabe leer ni escribir y con trabajo entendían el castellano (actualmente hablan el español con fluidez); se encontraban en incertidumbre sobre lo que pasaría con sus vidas; fue así como se les presionó para aceptar los hechos que habían ocurrido, sin algún intérprete que pudiera aclarar lo sucedido.

“Tenía mucho miedo, era la primera vez que estaba en una situación así; hice lo que el juez me dijo”, comentó Adela.

Durante el proceso, Germán y su esposa no recibieron ningún tipo de acompañamiento; el abogado de oficio que le fue asignado en ese entonces, no les informó cuál era su situación.

Tres años sin avances del caso

Fueron tres años de no saber en qué proceso se encontraba el caso de Adela. Fue en el año 2013 cuando Gerardo Martínez Ortega, miembro activo del Centro de Profesionalización Indígena de Asesoría Defensa y Traducción A.C (Cepiadet), retomó el caso.

“Cuando se inició con la defensa, fue complicado porque el caso se encontraba hasta el distrito de Huautla de Jiménez y nosotros en la capital; se comenzó a agilizar después de que se tuviera la sentencia en la capital de Oaxaca”, explicó.

“El caso de Adela se metió en un proyecto para ser financiado y así pudiéramos avanzar en gastos mínimos, como viáticos, copias, y demás; después, se acabó el financiamiento; finalmente, la asociación lo tomó como propio; en algunas ocasiones, los compañeros tuvimos que realizar tequio”, indicó.

Pese a que en el año 2012, el Poder Judicial generó un presupuesto para cubrir las necesidades básicas de un intérprete para poderse movilizar, “aún no es suficiente”, señaló Tomás López Sarabia, presidente del Consejo Directivo del Cepiadet.