Fallido ejercicio; ambulantes, un peligro

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Los puestos instalados en el centro de la ciudad constituyen un grave peligro para las personas en caso de un fuerte sismo.

El reloj marca exactamente las 10:00 horas cuando la alarma sísmica comienza a sonar en el centro de la ciudad para dar inicio al macrosimulacro de sismo 19 de septiembre 2019. Frente al emblemático edificio Montajes, elegido para fungir como inmueble colapsado por su vulnerabilidad a los movimientos telúricos, integrantes de cuerpos policiales, de vialidad, socorristas y los famosos topos Azteca, comienzan la representación de auxilio a la población.

En la esquina que forman las calles de Bustamante y Colón, los agentes de vialidad agilizan el tránsito vehicular para el arribo de patrullas de la policía estatal que circulan con las sirenas y torretas encendidas; en tanto, una ambulancia se aparca frente al edificio, pero la falta de previsión de algunos automovilistas entorpece la actuación de socorristas y agentes viales quienes deben abrir espacios para que los conductores puedan seguir su destino, en medio de la representación.

En tanto, los primeros trabajadores comienzan a salir del palacio de gobierno para concentrarse en la calle de Bustamante.

LA APATÍA CIUDADANA

La alarma suena y suena sin embargo los vendedores ambulantes instalados en las calles de Bustamante, Colón y Las Casas continúan colocando sus estructuras metálicas sobre la calle, indiferentes al ejercicio de seguridad y protección civil.

Lo mismo ocurre con los trabajadores de una tienda de ropa que se ubica frente al edificio derruido, que continúan impasibles con sus actividades laborales, levantando cortinas metálicas, sacudiendo ropa e, incluso, hasta entregando folletos de sus productos a los transeúntes que también transitan por la zona, como si nada sucediera.

Solo los empleados de la tienda de telas que se ubica en la planta baja del edificio Montajes participan en el simulacro y es de ahí donde rescatan a los primero heridos, que son catalogados en la calle con códigos rojo, verde, amarillo y negro.

Los puestos callejeros obstaculizan las labores de rescate, porque prácticamente tapan la pequeña puerta del inmueble afectado, pero esto a nadie inmuta. Sin duda, en un hecho real estas armazones de rejillas de hierro, mecates y plásticos pondría en serio peligro a las personas que trabajan y transitan en el primer cuadro de la ciudad.

Los topos suben y revisan cada una de las cinco plantas del edificio en busca de heridos o personas atrapadas, pero es en la planta baja donde empleados y personas que realizan sus compras resultan heridas.

LOS PEATONES

Mientras socorristas, elementos de bomberos, de protección civil, el ejército y la guardia nacional intentan coordinar el apoyo a la población, decenas de peatones que cruzan el lugar para arribar al zócalo de la ciudad, deciden recrearse con el espectáculo.

Sin seguir las indicaciones de resguardarse en una zona de seguridad, hombres y mujeres se detienen en las banquetas para observar la atención médica a los supuestos heridos, el traslado a las camillas y ambulancias. Es necesario destinar personal de las corporaciones para solicitarles que sigan su camino o se mantengan atrás del plástico amarillo que delimita la zona.

Para los transeúntes lo importante es observar la movilización en torno al edificio, no pensar que en caso de un fuerte sismo deben proceder a reunirse en las zonas de seguridad previamente ubicadas y no obstruir las labores de rescate.

El sonido de las ambulancias domina el espacio, cuando la alarma sísmica guarda silencio, pero mucha gente, mucha gente, actúa como si no pasara nada, con el consecuente riesgo de no saber cómo actuar cuando un sismo vuelva a sacudir a la entidad.

LOS HERIDOS

En la calle, cuatro pedazos de lona marcan los códigos de atención para los heridos. Verde para las personas que se encuentran fuera de peligro, amarillo para quienes pueden representar una urgencia, el rojo para traslado inmediato a un hospital y código negro para los fallecidos.

Socorristas y paramédicos practican entonces entablillados, colocación de férulas, inmovilizaciones, traslados, actividades que llaman la atención de la gente, al grado de olvidar que el ejercicio tiene por objetivo que todas las personas sepan cómo actuar en caso de un sismo de gran intensidad.

Como si fuera una diversión, los transeúntes se solazan con la actuación de los socorristas, sin pensar que de no actuar adecuadamente pueden resultar afectados con las 22 personas heridas y 4 víctimas fatales del megasimulacro.