Apatía, lastre en Protección Civil

Realizar simulacros o tomar cursos o talleres incide en la manera en que una persona puede apoyar en labores de rescate.

A pesar de haberse incrementado el número de cursos, talleres y simulacros a raíz de los sismos de 1985 y 2017 en el país aún existe una parte de la población que no toma con seriedad la práctica y adopción de medidas de prevención. 

Ayer se cumplieron dos años de que una serie de sismos sacudieron gran parte del territorio oaxaqueño dejando severos daños y huellas entre la población.

Dedicar unos minutos a pláticas y realización de simulacros pueden marcar la diferencia enre la vida y la muerte relata Miguel Narváez, un trabajador jubilado que recuerda como el sismo del 1985 marcó una línea clara en materia de prevención de accidentes. 

“Hace dos años, en 2017 tenía una cita en un hotel del centro de Oaxaca; ahí iba a encontrarme con un amigo, y empezó a temblar; por lo que ya había vivido, pues sabía que hay que buscar un lugar seguro y no tratar de salir”, asegura. 

Las regiones de la Costa e Istmo registran la mayor actividad sísmica en Oaxaca, sin embargo, son los municipios de valles centrales los que realizan el mayor número de simulacros debido a que concentra un alto número de población y, por ende, es mayor el riesgo que algún percance alcance a la población.

No es un juego, no es broma

Hay un obstáculo para hacer conciencia, la apatía “siempre hay alguien que muestra flojera, hace bromas, que dice yo para qué estoy aquí, es aburrido pero el ejemplo más claro que debemos estar capacitados fue lo que pasó en el 2017, no estamos del todo preparado” precisa Miguel Morales Díaz jefe del departamento de análisis de amenazas de la Coordinación Estatal de Protección Civil.  

Partiendo de la premisa que los simulacros no son la solución a catástrofes, sí son una de las mejores maneras de mitigar los riesgos. 

“Sé que es necesario alejarse de las ventanas y de los objetos que se puedan caer, por ello es prioritario mantener la calma”, manifesta Andrea, una joven cuyo trabajo de medio tiempo es repartir volantes; sus conocimientos en materia de prevención se originan de los que se difunden en redes sociales, radio y televisión. 

Aunque con orientación básica, la estudiante agrega que lo anterior es una forma de hacer conciencia “pero si no lo vives en un curso, pues se te olvida, eso que ves en la tele o en publicidad, a la mera hora no sabes qué hacer”, declara. 

Saber actuar durante una emergencia provocada por un sismo implica conocer los riesgos que enfrenta la comunidad, reconocer el entorno al que se está expuesto, tener un antecedente de riesgo.

Necesaria la orientación

Para ello es necesario tomar un curso como “técnico básico en protección civil” que para diversas instituciones es la capacitación ideal que la población debe completar para así contar con la certeza qué hacer ante una emergencia sismológica. 

Datos emitidos por la Coordinación Nacional de Protección Civil revelan que durante este año, la entidad oaxaqueña ha registrado el 54.94 por ciento de la actividad sísmica en el país, es decir, siempre está temblando. 

“Uno no siente todos pero siempre ha sido así, de dos o tres grados pero ni cuenta nos damos”, señala Miguel Narváez, quien sentado en una banca de un parque afirma que de presentarse un sismo es seguro el lugar donde se encuentra.

“No hay edificios, los árboles no se caen hay una zona despejada, sin cables todo lo contrario a que estuviera en una casa o en una oficina donde no sabes cómo va reaccionar la gente”, añade.

Los sismos registrados en el 2017 impactaron de manera directa 290 municipios, afectaron cerca de 70 mil viviendas, además de hospitales y escuelas.

En tanto, el saldo fatal fue de 82 muertos de ahí la importancia, señalan las autoridades, de contar con los conocimientos básicos para actuar y ayudar ante una emergencia.