Limitan dosis contra el VIH en Oaxaca

Cuando Alexa recuerda que hace casi seis años su hija murió por nacer con el Virus de Imnunodeficiencia Humana (VIH), termina por reconocer que vivir en Pinotepa Nacional y ser pobre fueron las condicionantes que influyeron para que su pequeña no tuviera un mejor pronóstico de vida.

Alexa es uno de los 3 mil 500 personas con VIH que el Consejo Estatal para la Prevención del SIDA (COESIDA) le otorga mensualmente su tratamiento y en 80 por ciento de los casos significa viajar al Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) de San Bartolo Coyotepec, en donde este año se dejó de otorgar la dosis para tres meses.

La directora general de Coesida, Gabriela Velásquez Rosas, reconoció que a diferencia del primer semestre del año que los medicamentos escasearon, éstos están garantizados, pero no se pueden entregar para tres meses, lo que ocasiona gastos porque más de dos terceras partes viven en comunidades de las distintas regiones de la entidad.

Confidencialidad

Si bien existe un Capasits en Salina Cruz y otro en Pinotepa Nacional, reconoció que muchos no quieren acudir por la confidencialidad que si tienen en el de San Bartolo Coyotepec.

Los 280 pesos que tiene que pagar de pasaje y los 300 o hasta 500 pesos de gastos en alimentos, le han hecho considerar a Alexa acudir al Capasits de Pinotepa y no viajar más al de San Bartolo, a donde acudió hace unos días por medicamentos y estudios de laboratorio que señalan que está “indetectable”.

Ese avance ha reducido de tres a dos pastillas diarias las que debe tomar como tratamiento, una oportunidad que ya no tuvo su hija pequeña, la única que ha tenido y que murió después de que el Sida acabó con la vida de su esposo.

Perdió a sus seres queridos

Sin saber que él la había contagiado, Alexa se embarazó y su hija nació en 2013 con dificultades que la hicieron permanecer hospitalizada.

A un mes de nacida su esposo tuvo que entrar también a un cuarto de hospital. Luego ella se enteraría que los tres eran portadores.

Después de que él murió, Alexa trató sin éxito que su hija mejorara.

“Mis padres son personas de bajos recursos, son indígenas, no pude tener los recursos para llevarla cada mes a Oaxaca”, dice entre los recuerdos de hacer esfuerzos económicos durante once meses para que su hija sobreviviera.

“A veces me iba a pedir dinero al palacio, pero ya no pude, ella venía mal de su pulmón y estuvo hospitalizada casi un año en el Hospital Regional de Pinotepa”, donde sólo le permitían que saliera si tenía dinero para que la llevará al Coesida.

“Cuando se me puso mal, me dijeron que el virus ya estaba avanzado”, al poco tiempo murió y ella ha sido la única de su familia que sobrevivió a un virus que gracias a que ha llevado el tratamiento al pie de la letra, le ha permitido “estar indetectable”.