Telar de pedal: la pasión de un artesano

Más de 53 años tejiendo
Ana Lilia PachecoAna Lilia Pacheco

Don Agustín afirma que tejer es un trabajo que requiere mucha paciencia y dedicación

Tenía 17 años de edad, cuando la familia de Agustín Méndez lo impulsó a salir de su comunidad, Santo Domingo Roayaga, perteneciente al distrito de Villa Alta, Oaxaca, para aprender a hablar español, conseguir un trabajo y construir un futuro en la capital oaxaqueña. Sin tener conocimiento de qué era un telar de pedal, don Agustín comenzó como aprendiz en una empresa y hoy, ya tiene su propio taller en el que diariamente recibe pedidos de hasta 160 piezas.

Junto con su esposa, Paula Flores, desde 2008 se han dedicado a trabajar de manera independiente; a elaborar y vender sábanas, colchas, manteles, servilletas y cortinas en un taller que tienen en su casa ubicada en la calle de Coral número 106, en la colonia Bugambilias del municipio de Oaxaca de Juárez; sin embargo, en ocasiones no han podido completar los pedidos con sus clientes, debido a que no cuentan con más trabajadores. 

“Le enseñé a mi hijo a tejer, y aprendió en un día, pero dijo que esto no le daría el dinero suficiente para vivir y mejor se dedica a otro trabajo. El trabajo lo hago yo solo y mi esposa me ayuda con los dobladillos”, comenta don Agustín.

Rápido aprendizaje

El artesano recuerda que a los 20 años de edad, caminaba por la calle Pino Suárez y en el número 700 se encontró con un anuncio en el que se solicitaba un aprendiz. Él entró sin saber qué iba a hacer, hasta que vio un cuarto lleno de telares de pedal, lo cual le hizo sentir miedo de no poder realizar el trabajo.

El artesano prefiere trabajar descalzo, pues así se da cuenta de cómo está tejiendo.  FOTO: Ana Lilia Pacheco

“Me explicaron, pero el sonido de los telares trabajando no me permitió escuchar; estuve tres días sin saber cómo hacer mi trabajo; me estaba desesperando, pero gracias a un señor que se llamaba Aristeo García, pude lograrlo. En menos de cuatro días, ya sabía usar el pedal”, recuerda con una sonrisa. 

Al comenzar su taller, don Agustín tuvo miedo que no se vendiera su producto, pues muchas veces las personas prefieren bajos precios; pero gracias a la calidad en sus productos, ya lleva 23 años trabajando de manera independiente.

“Empecé haciendo 6 colchas y un familiar que vive en Veracruz me dijo: ‘me voy a llevar algunas y veo si las acomodo’; a la semana me llamó, pidiéndome otras 16; les había gustado mi trabajo a gente de allá”, relata con orgullo don Agustín.

Trabajo recomendado

Don Agustín relata que trabajó por 25 años en la empresa Casa Brena, de la que salió para laborar en una empresa americana, en Santa Cruz Etla; sin embargo, esta quebró dos años después. 

No obstante, el artesano consiguió rápidamente un nuevo trabajo en Xochimilco, donde sólo estaría por unos meses, debido a que se dio cuenta que el pago no correspondía con la calidad de bordado que él entregaba.

"Plie" es el nombre del hilo que se utiliza para la base de las colchas.  FOTO: Ana Lilia Pacheco

Al cumplir 60 años de edad y tras cinco largos meses de papeleo, consiguió que le pagaran su jubilación, con lo que se pudo comprar un telar y trabajar en su taller, a su tiempo, sin exigencias de jefes superiores, más que el cliente y con sus propios precios.

Gracias a la calidad de su trabajo, un empresario hotelero se acercó a don Agustín a hacerle pedidos de colchas para distribuir en hoteles en Cancún, Ciudad de México, entre otras ciudades del país.

Muchos pedidos, pocos ayudantes

“Pedidos nos hace muchos, pero no siempre podemos solventar, pues no nos da tiempo. A veces son servilletas y es más laborioso hacer una pieza pequeña a una grande como puede ser una colcha”, lamenta su esposa, doña Paula.

Los hilos que utiliza don Agustín (en la foto) son comprados en el municipio de San Pablo Villa de Mitla.  FOTO: Ana Lilia Pacheco

Los bordados con dedicatoria, imágenes, grecas o sencillos de don Agustín, se han recomendado de boca en boca por varias ciudades del país. Gente de Ciudad de México, Veracruz, Tijuana, incluso de Estados Unidos, ha hecho pedidos de este gran artesano, que con mucha paciencia y dedicación elabora un producto muy solicitado, pero que se está perdiendo en el aprendizaje.

“Dios da señal de qué destino debe uno seguir. Yo andaba buscando cualquier trabajo, de lo que sea, y me encontré con éste que primero lo hice por necesidad, ahora es por amor. Tuve compañeros que tenían más de tres meses en el taller y no aprendían; y yo llegué y en menos de una semana ya estaba tejiendo. Este era mi destino”, afirma con seguridad.