Un arte, el toma y daca del regateo

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

La artesanía es uno de los productos que más regatean pues hay quienes aun no toman en cuenta el esfuerzo de los artesanos

En los mercados públicos de Oaxaca el regateo es una práctica vigente, aún se lleva a cabo por parte de los clientes y locatariios, sobre todo en productos relacionados con artesanías, ropa y alimentos.

La baja venta y el reducido poder adquisitivo del consumidor local obliga a los comerciantes a rebajar de 5 hasta 50 pesos un producto que en ocasiones les emplea más de tres días en elaborar.

Ese es el caso de Francisca Mejía, que el lunes se trasladó a la capital proveniente de San Luis Amatlán, municipio del distrito de Miahuatlán, distante a más de 120 kilómetros del mercado Benito Juaŕez de la ciudad de Oaxaca. Han pasados varias horas desde que se instaló y no ha logrado vender un sólo tenate.

La artesanía, elaborada a mano y 100 por ciento artesanal, en ocasiones no es valorado “el tejido de palma vale lo que vale, porque es hecho mano, imagínese un tanate grande me lleva más de 3 días tejerlo y cuesta 300 pesos”.

Palma, la materia prima

La materia prima son hojas de palma, el resto es la habilidad que aprendió de su madre que a su vez heredó de sus abuelos “y ahora yo les enseñó a los hijos, ahí va la cadena”, cuenta mientras teje.

Sin conocer las razones sólo asegura que en los últimos meses no ha disminuido los precios “a veces vendo y otras me quedo con mi mercancía, aunque los compradores siguen pidiendo barato no lo doy, los clientes ya la están valorando y pagan lo que pido”, aseveró. 

El regateo

Para Felipe de Jesús, cuyo negocio es la venta de juguetes tradicionales, el regateo es la única forma de vender “es la oportunidad de sacar la mercancía, si no se te queda, pero las bajas ventas es algo que ya padecemos desde hace tiempo”, recordó.

Lo lamentable para el vendedor, narra la experiencia, es que las familias que compran persisten en el regateo en los mercados, sobre todo con los comerciantes o artesanos que se trasladan desde otras comunidades, que emplean horas para llegar o para elaborar sus productos; sin embargo, los compradores en las tiendas departamentales y transnacionales "pagan hasta con intereses".

“Quién sabe qué manera de pensar tenemos, piensa uno que es más categoría por ir a comprar algo en tiendas caras”, refiere mientras espera que por lo menos hoy más de cinco personas se acerquen a su tienda para convencerlos de comprar algo hecho en Oaxaca.

La costumbre de regatear no es algo nuevo, la práctica que se pierde en el tiempo sobrevive pues don Felipe lleva décadas en el negocio y, la petición es la misma: vender más barato.

Aunque reconoce que el regateo se debe a que el consumidor busca rebajas debido al bajo salario que recibe, “hay productos que se pueden abaratar, otros que no, pero se les explica que es elaborado a mano y cuesta tejerlo”.

Comparar precios

Comprar comparando precios es una de las formas más sencillas de ahorrar dinero, sin embargo regatear es algo que esta prohibido para Reyna, cuyo ingreso es producto de elaborar y vender tlayudas, por ello le es imposible rebajar su producto.

Originaria de Tlacolula de Matamoros, lleva más de 20 años ocupando el mismo espacio al interior de mercado Benito Juárez y su meta, desde las 8 horas hasta el mediodía, es vender 100 tlayudas. 

“El maíz está caro, luego el trabajo que uno realiza, unos si compran pero otro no, no le podemos dar a cómo quieren”, refiere tras detallar que después de vender regresa a su casa para preparar la venta del siguiente día.

Artesanías y se incluyen ropa, calzado, juguetes, alebrijes y alimentos básico como frutas y verduras son algunos de los productos que en los mercados están expuestos al regateo.

“Apenas lo viví con el cilantro, llegó a costar 120 pesos un rollo, la gente quería un peso y eso no se puede; también pasó con el epazote, el rábano y, si vas a la carnicería, te pasas 50 gramos y te los cobran y no, así pues no sale, todo cuesta”, añade Patricia López.

Esa actividad de pedir más barato, ha impedido que Patricia pueda contratar a una persona para que le asista en puesto de frutas y verduras, pues difícilmente podrá cubrir un salario si, al final, debe bajar sus precios.