El terremoto; la esperanza

CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO

Este sábado se cumplen dos años de que la tierra nos dio la posibilidad del cambio, a partir de lo que para muchos fue tragedia. Fue el 7 de septiembre de 2017, a las 23:49 horas con 18 segundos, que la tierra comenzó a moverse.

El luto

Para los istmeños no sólo implicó la pérdida de casas, bienes materiales y de la tranquilidad que aún gozaban a pesar del aumento en los últimos años del narcomenudeo y la delincuencia en algunos municipios; el terremoto derrumbó los referentes de su historia, algo que perdieron para siempre.

Muchas personas nos narraron cómo se desorientaban en su propio barrio, en las calles que caminaron y donde jugaban cuando fueron niños. Otras más, hablaban del dolor de ver reducida a escombros la casa que vio crecer a sus abuelos, o la que construyeron a base de esfuerzos y carencias durante toda su vida y su desesperanza por ya no contar con el tiempo y la energía para volver a levantarla en el caso de las personas mayores.

Ver cuadras enteras sin alguna casa en pie, hacía pensar en la cantidad de vidas que pudo cobrar el sismo, que por suerte fueron pocas en relación a la dimensión de destrucción.

Algunos perdieron su fuente de ingresos; hornos de pan y de totopos destruidos, talleres de talabartería y orfebrería reducidas a escombros. Si a ello agregamos que muchas de esas pérdidas tenían una historia familiar, el luto cobraba otra dimensión conforme pasaba el tiempo.

Lo inmediato era auxiliarlos en necesidades básicas, entre ellas, hacerles sentir que no estaban solos, acompañarlos mientras su angustia disminuía. En el primer momento, eso cobró un valor incalculable. Sin embargo, la tarea en el ámbito de la vida del alma no sólo tendría que ser de emergencia, sabíamos que requeriría más tiempo restablecer lo que se había removido.

El inicio de la Brigada

En las redes sociales comenzó a circular información de lo sucedido; los istmeños radicados en la ciudad de Oaxaca se movilizaron de inmediato en busca de ayuda para su tierra. Recuerdo la llamada telefónica que tuve con la licenciada Natalia Ávalos, coordinadora de la Facultad de Psicología de la UNIVAS, originaria de Ixhuatán, quien, con la preocupación por su madre y su familia, se propuso recolectar víveres para la gente afectada. En ese momento le propuse hacer una Brigada de apoyo psicológico e iniciamos la organización.

No conocía el Istmo, lo que sabía de él era de oídas y por las canciones de Chuy Rasgado, Álvaro Carrillo y los poemas de Andrés Henestrosa, así también porque su gente es alegre y desparpajada. Había escuchado otras ideas equivocadas del istmeño, pero hay que vivir con ellos para conocer ese hermoso mundo que es el Istmo de Tehuantepec.

Urgencia y espera

Los que acudiríamos no teníamos idea de lo que estábamos por encontrar; al menos yo, no dimensionaba en esos primeros momentos lo que se había destruido, pues me faltaba escuchar de viva voz el dolor del alma que los istmeños estaban pasando.

La urgencia era hacerles llegar víveres; ellos, por su parte, se organizaron para cocinar de manera comunitaria; otra tarea era enviar lonas y mecates para resolver el resguardo, pues era época de lluvias; además, en esas tierras sopla fuerte el viento. Ropa y colchonetas también fueron prioridad.

Por nuestra parte, sabíamos que la urgencia de atención psicológica no sólo se requería de manera inmediata, pues supusimos que el terremoto no sólo sacudió la tierra porque de la misma manera el alma del istmeño se agitó con fuerza; lo que haría brotar fantasmas y demonios sepultados en la memoria, y que en muchos casos emergerían con violencia inhabilitando a la persona para realizar cosas prácticas de la vida. Pero ello sólo lo pudimos corroborar conforme fueron pasando los días después de nuestra llegada.

La pena tenía diferentes rostros, en unos era evidente; otros, al estar preocupados en resolver la urgencia, no se permitieron decaer; a algunos más se les veía bromear y sonreír, pero en el fondo corrían sus preocupaciones. A muchos más la factura de la pérdida les vendría meses adelante.

Perseverancia y estrategia

Una enseñanza que nos deja la experiencia en la atención psicoanalítica, es que la premura y urgencia de parte del psicoanalista lleva eventualmente al fracaso de la terapéutica; por eso, nuestra intervención requiere la precaución del cirujano antes de cualquier operación. Necesitábamos crear la estrategia para nuestra intervención. A nuestro favor teníamos una cualidad que todo ser humano tiene, la posibilidad de restablecerse por sí mismo, pues la entidad psíquica llamada Yo no tolera de manera permanente su resquebrajamiento.

De esta manera llegamos a vivir con ellos. Mi colega Fausta se quedó tres meses; por mi parte, tuve que regresar al mes y medio a la ciudad de Oaxaca por compromisos con el Instituto. A partir de entonces, viajábamos cada semana durante un año para dar atención de manera gratuita. Hace unos días me preguntaron qué nos hizo aguantar el agotamiento e incomodidad de los viajes; además, porque los gastos los cubrimos nosotros. Conforme pasó el tiempo, le tomamos cariño a la gente que encontramos a nuestro paso; ver la necesidad y dolor de quienes acudieron con nosotros, además de tener una pasión por el psicoanálisis, esa fue la respuesta.

La gente en el camino

Conocimos gente en la disposición de ayudar, muchos incluso que sin vivir la desgracia del Istmo y que se encontraban en necesidad económica, acudieron a brindar apoyo. Ver cómo se desprendían de aquello que ellos mismos necesitaban, provocaba ternura e inspiraba a seguir trabajando cuando el agotamiento de cargar y descargar los camiones con ayuda que llegaba de la Ciudad de México estaba por vencernos. El trabajo antes de partir fue arduo, hubo muchos que se entregaron en cuerpo y alma para apoyar y que permanecen en el anonimato.

Otra fortuna fue que muchas otras instituciones civiles y psicólogos marcharon para apoyar al Istmo que a nuestro paso nos encontramos; otro grupo importante fue el de quienes se dedican al arte: músicos, poetas, pintores, teatreros, por mencionar algunos, que hicieron uso de su saber para llevar momentos de esparcimiento que dieron consuelo en su pena a la gente.

Reflexión

El terremoto en la tragedia también abrió posibilidades que está en nosotros tomar, pues, así como despertó en algunos lo peor, también lo hizo con lo mejor de los seres humanos. Falta mucho por hacer, hay que mantener en la memoria lo que como pueblo unido por una causa noble podemos lograr.

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