¡Hasta siempre, maestro Toledo!

Familiares y amigos despiden al benefactor de Oaxaca en el IAGO

Bajo la urdimbre de ramas de bugambilia colocaron un cuadro de Toledo, un autorretrato que se hizo en acuarela.

Por primera vez en su historia, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) no ha cerrado sus puertas desde las 11:30 horas del jueves, algunas después de que la familia del maestro Francisco Toledo confirmara su muerte. Las flores no han dejado de llegar, los pájaros no dejaron de cantar. Las paredes del Instituto poco a poco se tapizan de coronas, cruces y arreglos florales. 

Una hora antes de las 17:00 horas, decenas de personas esperan a los familiares. 

El cielo anuncia lluvia, la temperatura comienza a bajar, los pichones cantan para buscar refugio. La noche anterior impresionaron las mariposas negras, polillas, revoloteando por el centro. 

Algunos cuetes estallan en el cielo. Se escucha una banda que musicaliza una calenda. 

Las personas que esperan sentadas, paradas y recargadas relatan, algunas muy silenciosamente, cuánta falta hará el maestro, lo mucho que lo quisieron, tanto que los ayudó, que ahora quién los hará fuertes. Unos contestan: "Pues nos toca a nosotros, quién más". 

Trine Elistgaard, la esposa del maestro, al llegar al IAGO.  FOTO: Carina Pérez García

Bajo la urdimbre de ramas de bugambilia han colocado un cuadro de Toledo, un autorretrato que se hizo en acuarela. El silencio vuelve. Impresionan la solemnidad, el respeto, el cuidado con el que los asistentes se acercan, algunos llegan con ramos de flores, otros con veladoras. La asistencia fluye, viene y van, algunos no se han movido. 

Frente a la ventana de una de las salas, en la herrería con diseño del propio Toledo, se suman las coronas de flores. Olor a nardos, a gladiolas, a lilis y rosas. 

Mensajes en hojas blancas

Una señora se acerca a mostrarle una postal que tiene la firma del maestro; se trata de una fotografía de Cecilia Salcedo, de una exposición que montaron en el 2001 en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Orgullosa, la señora comenta: "Me la dio el maestro; él sabía que yo le daba clases a los débiles visuales". 

Llegaron primero la doctora María Isabel Grañén Porrúa y don Alfredo Harp Helú, abrazaron al doctor Alejandro de Ávila, fundador de ProOax. Luego, familiares del maestro. El IAGO, ya repleto de flores; el acceso se volvió complicado y la gente tuvo que esperar a que llegaran los hijos de Toledo. 

Coronas, cruces y arreglos florales formaron el altar en homenaje al maestro Toledo, en el IAGO.  FOTO: Carina Pérez García

A las 5:11 de la tarde sonó afuera del IAGO la banda tradicional, El Dios nunca muere; llegaron sus familiares, sus cinco hijos: Natalia, Laureana, Jerónimo, Sara y Benjamín, así como su compañera Trine Ellitsgaard. Sus nietos. Gente cercana al maestro, quienes trabajaron con él. 

Entre los asistentes se escuchaban expresiones como: "Se nos fue"; "Sí, yo trabajé con él 30 años, cómo lo voy a olvidar". 

Otras personalidades fueron: Graciela Iturbide, su amiga La Chatita y las funcionarias: Alejandra Frausto, titular de la Secretaría de Cultura; Lucina Jiménez, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura; Adriana Aguilar Escobar, titular de la Secretaría de las Culturas y las Artes; y María Cristina Aguilar Cepeda, quien fuera secretaria de Cultura. 

Al colocarse en las sillas alrededor de la ofrenda y un autorretrato del artista, fueron sus hijos menores, Sara y Benjamín, quienes pasaron para agradecer todas las muestras de cariño al filántropo y activista. 

Poco después salieron del patio para poder dar acceso a los cientos de personas que esperaban pacientemente lograr entrar a dejar su ofrenda simbólica, ya que no hubo un velorio abierto al público. 

"¡Que viva Toledo!" Y se escucharon los aplausos durante varios minutos. Oaxaca le rindió homenaje con cariño en la que fuera su casa y hace más de 20 años abriera al público, junto con la más importante colección de libros de arte y literatura, de Latinoamérica.