La Batalla de Molino del Rey

La Batalla de Molino del Rey.

Al amanecer del 8 de septiembre de 1847, las campanas de la Catedral de la ciudad de México, anunciaron el cese del armisticio que habían acordado los ejércitos de México y el invasor de Estados Unidos, que se encontraba apostado en Tacubaya.

Esta posición del enemigo determinó que el Ejército Nacional construyera pequeñas obras para fortalecer la defensa del Molino del Rey y la Casa Mata.

Estas posiciones eran custodiadas por tropas de línea, de la Guardia Nacional y ciudadanos que de manera voluntaria y patriótica tomaron las armas para defender a su Patria, comandados por Antonio de Santa Anna.

Estos dos puntos eran estratégicos para acercarse y tomar al Castillo de Chapultepec. El ejército invasor intentó varios asaltos que fueron rechazados por los valientes defensores, quienes –incluso – hicieron un contraataque que originó numerosas bajas al enemigo. Este momento de la batalla era ideal para lanzar un ataque de caballería, que pudo consumar la victoria mexicana, pero nunca se realizó.

Esta circunstancia se debió a los cambios que a último momento dispuso Santa Anna, quien, sin razón aparente, retiró la caballería que estaba apostada cerca de la Casa Mata, con lo cual la defensa se debilita. Los norteamericanos inician el ataque y los defensores se ven sin apoyo, ya que la caballería está paralizada, sin órdenes de avance. El comandante en jefe, Santa Anna, no participa en la batalla y llega al lugar del combate cuando ya había sido derrotado el Ejército de México.

La batalla de Molino del Rey, está considerada como una de las más sangrientas de las libradas durante la invasión norteamericana, en la que –junto a cientos de patriotas– murieron por la Patria, el General Antonio de León y los Coroneles Miguel Echegaray y Lucas Balderas. Posteriormente, el 13 de septiembre de 1847, el invasor tomó el Castillo de Chapultepec, donde ofrendaron sus vidas por la Patria nuestros Niños Héroes.

Esta épica batalla determinó el triunfó de la invasión de los Estados Unidos de América (EUA) y marcó el atropello y despojo más grandes contra nuestra Nación, su dignidad y soberanía.

La invasión de los Estados Unidos culminó con la celebración de un tratado que acarreó la pérdida de más de la mitad del territorio nacional (2.3 millones de kilómetros cuadrados), que hoy forman parte de ocho estados de los EUA.

La muerte del general Antonio de León

El general don Antonio de León y Loyola, nació en Huajuapan (hoy de León, en su honor), el 3 de junio de 1794. Su educación fue confiada a su tío, el sacerdote Miguel José de Loyola. Muy joven sirve al gobierno virreinal y se incorpora al Regimiento Realista de Huajuapan, con el grado de alférez. Fue presidente municipal de su ciudad de origen y se suma al Ejército Insurgente, luego de firmado el Plan de Iguala en el año 1821. Durante la campaña militar en el territorio oaxaqueño, el general de León proclamó la independencia de Oaxaca el 16 de junio de ese mismo año, en el paraje Las Peñas, del hoy municipio de Tezoatlán de Segura y Luna.

El 31 de julio de 1821, luego de la entrega de la ciudad de Oaxaca, Antonio de León es nombrado gobernador, alcalde y jefe de las fuerzas armadas de la entidad.

Fue diputado en el Congreso Constituyente de 1824 y recibió el grado de coronel cuando participó en la anexión de la región del Soconusco a México. En 1842 fue el primer gobernador de la entidad oaxaqueña, contando como secretario de despacho al licenciado Benito Juárez García.

En 1847, año de la invasión norteamericana, el general de León solicita la jefatura del Batallón Activo de Oaxaca y con el aporte económico del gobierno y de su propio peculio, se incorpora a las fuerzas de Santa Anna, en la ciudad de Orizaba.

Antes de partir de suelo oaxaqueño, el general proclama ante su tropa: “Hace algún tiempo que he resuelto no tomar parte en nuestras disensiones domésticas, permanecí tranquilo en mi casa; pero hoy sería un crimen imperdonable continuar con el retiro, siendo frío espectador de los injustos cuan bruscos ataques que una horda de aventureros lanza a la desventurada México. (…) en este caso, cada mexicano debe ser un soldado y cada soldado un defensor de los derechos de nuestra madre común.(…) Valientes mixtecas, valientes oaxaqueños: ¡A la campaña! Sí, a la campaña, que si tuviéramos la gloria de perecer en ella, Oaxaca nos consagrará un recuerdo de gratitud”.

En plena batalla y recorriendo las posiciones, el general De León arenga a su tropa y los conmina a la victoria. Estando fuera del Molino, en plática urgente con el coronel Miguel Echegaray, el general es herido mortalmente; aún en esa condición se rehúsa a ser sacado del campo y sigue en la línea de fuego. El coronel Echegaray lo obliga a retirarse bajo el cuidado de sus asistentes. Antes de retirarse, le dice de León a Echegaray: “Haga lo imposible por nuestra desgraciada patria, que ella sabrá recompensarle en sus servicios”.

A las 20:00 horas de aquel 8 de septiembre de 1847, luego de combatir desde el amanecer, fallece el general Antonio de León. El 12 de enero de 1848, el gobernador del Estado, don Benito Juárez García, promulga el decreto n° 20 que declara “Benemérito del Estado de Oaxaca al ciudadano general Antonio de León”.

“A la memoria de los ilustres y esforzados mexicanos que combatiendo en defensa de su patria, le hicieron el sacrificio de sus vidas en este mismo lugar el día 8 de septiembre de 1847. La Nación mexicana consagra este monumento de gratitud de honor y de gloria siendo presidente de la República Ig. Comonfort, 1856”.

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