COLECTIVO CUENTEROS| Insomne

22:00 Cabeceo frente a la televisión. Ya me duele el cuello y pienso en irme a la cama, pero me da miedo perder la poca somnolencia que tengo aquí. Me levanto con los ojos entrecerrados para que nada me despabile; me deslizo entre las sábanas suaves y frescas, dispuesto a no soltar este hilo de sueño, tirante como un globo de helio que se quiere ir.

24:00 El globo debe andar cerca de la estratósfera. Me canso de apretar los párpados y me resigno a abrirlos. Necesito dormir o mañana estaré de mal humor, con el riesgo de desatar otro huracán de discusiones con Clara. Ya no es como antes, cuando terminábamos las discusiones en la cama y después del sexo nos daba un sueño dulce y fulminante.

02:30 No se oye ni un alma, sólo un grillo igual de desvelado. Veo el reloj y constato con angustia que me quedan pocas horas antes del simposio. Repaso el tema: La ley de Ohm y la medición de la resistencia. Como si a alguien le importaran esas mamadas. Mejor voy por agua para tomar una píldora. Paso por la habitación de Clara y la veo durmiendo a pierna suelta, hasta babea la maldita. ¿Por qué ella sí puede gozar el sueño del inocente? ¿No tiene ninguna culpa?

04:00 Sin salvación. Nunca me llegó el efecto de la química adormecedora. Las sábanas están húmedas y arrugadas. Me levanto apesadumbrado, en lo más hondo de la noche. Aviento las pastillas de mierda. Me asomo a la ventana, a la calle oscura y vacía. Tengo ganas de llorar, de dormir, de morirme. ¿Qué tal un balazo y a la verga todo?

05:45 Ya va a amanecer. Voy al baño y sostengo un pene cabizbajo igual que yo. Me miro al espejo y veo mi cara arrugada y sudorosa, el pelo revuelto y erizado, señales de la batalla nocturna. Regreso deprimido y meado. Tiro los calzones a un rincón y cierro las cortinas para alargar la noche; no quiero oír los pájaros ni ver el sol.

07:47 Los oigo aunque no quiera: los pájaros, los coches, el gas, la basura, y los odio como si fueran los únicos culpables de mi mal dormir. Salgo de mi cueva y encuentro a Clara tomando café, ya lista para irse a jugar tenis.

07:57 A pesar de la apatía, una cascada de ideas se agolpa para llegar a mi boca. Suelto frases que me parecen lúcidas y brillantes. Con creciente excitación hablo sobre Ohm y la impedancia, esa fuerza contraria a la que sé que se enfrenta todo en este mundo, el sonido, la electricidad... Noto el gesto de Clara y sé lo que está pensando: “Oh no, aquí viene la verborrea científica”. Me doy cuenta, pero no puedo parar, y subo el tono mientras llevo la ecuación a los humanos y sus pensamientos, sus emociones y sus formas de relacionarse.

08:07 Clara finge estar interesada, pero al cabo de un rato toma su raqueta en señal indiscutible de que me quedaré hablando solo. Me siento irritado, enfermo.

10:00 Pensé que el baño conseguiría reanimarme, pero el cerebro me cobra la euforia matutina y tengo un nuevo ataque de bostezos. ¿Cómo carajos voy a dar una conferencia en estas condiciones? Justo lo que siento ahora es una resistencia tal, que no me permite moverme ni salir de aquí.

12:00 Regreso a la posición horizontal. Es curioso, pero ahora que no duermo, paso mucho más tiempo así. Me siento culpable, aquí echado, pero no junto ni un cuantum de energía.

15:05 Comemos en silencio. Sólo se oye el ruido de los platos y los cubiertos.

El ambiente es de mil watts a punto de estallar. Las preguntas más triviales pueden convertirse en tormenta.

17:35 Aquí estoy, atardeciendo como un anciano prematuro, un discapacitado que no sale, no trabaja, no duerme, que en todo encuentra una oposición.

19:36 En un impulso, voy al cuarto de Clara.

—¿Podemos hablar?

—¿Tiene que ser ahora? —contesta sin dejar de escribir en su computadora.

La respuesta me enfurece. Significa que hay mil cosas más importantes que lo que pueda decir este zombi. Se me sube la sangre a la cabeza y siento cómo se me abren los ojos. Sudo, apesto. Ella murmura algo sobre la fase maníaca. Su jerga psicológica me desquicia. Grito, lloro, vuelvo a gritar.

20:00 Estoy solo, en la puerta de este infierno que es la noche.

22:02 Suena el timbre. Abro la puerta y…

—¡Qué onda! ¿Estás ocupado? Qué bueno que te encuentro…

¡Mta! En vivo y en directo desde el Instituto de Física, el demonio en persona. Necesito un pretexto para desafanarme rápido.

—Quiero hablarte de algo. —Empuja la puerta sin mostrar interés en que aún no le contesto que sí, que estoy ocupado e indispuesto.

24:00 El tiempo es poroso. Ya llevamos dos horas y varias chelas. El tipo divaga sobre los números reales, los imaginarios, los complejos… Ya era para que me hubiera dado sueño. Con total mediocridad, pasé del infierno al purgatorio. Bostezo de aburrimiento.

—Volviendo al punto. ¿Por qué no llegaste a la ponencia? Parece que te van a relevar del cargo.

¡Ah!, eso era. Es una certeza matemática que se va a quedar en mi lugar.

—Qué bien, cabrrooón. —Enfurezco otra vez, en ¿cuántas horas?— Entérate de que me vale madres. —Quisiera mantenerme ecuánime, pero estoy lejos de lograrlo, hablo por encima de los decibeles permitidos. Lo tomo del brazo y lo llevo hasta la puerta.

01:03 Me tomo unos mezcales. Combinan con la cerveza mejor que el diazepam, pero no funcionan para bajarme de la montaña rusa de enojo y frustración.

03:01 Me acuesto con la esperanza de que la mezcla de bebidas me mande a dormir, pero el mareo es insoportable. La amargura del vómito se compara con mi estado de ánimo y se embarra en las horas huecas de la noche.

04:55 Ahora entiendo la tercera ley de la dialéctica: los cambios cuantitativos que se vuelven cualitativos. Una noche, dos, tres, mil noches y ya no soy lo que era antes.

07:30 Me arrastro afuera de las cobijas, me baño con agua fría y me tomo un café, chingue su… Me obligo a salir y la emprendo por ahí, sin rumbo fijo. Cruzo el centro por una parte sucia, de calles angostas y vecindades hediondas. Todavía hay cantinas abiertas y prostitutas en los zaguanes. Apuro el paso hacia la zona del mercado. El megáfono destaca una voz gangosa que anuncia remedios para todo: “si amanece con la boca seca… si le arden los pies… si le duele al orinar… si no puede dormir… acérquese, venga a conocer este milagro de la ciencia... que le incluye...” Pinche merolico, consigue hacerme reír.

10:10 Cruzo el río y subo el cerro. Voy jadeando. Aunque camino a la sombra de los ocotes, tengo calor. El ruido citadino se queda allá abajo y yo entro a un concierto de cigarras. Llego a una plaza prehispánica inexplorada. Ahí no se ve ni se oye nada del exterior, es un acierto del diseño acústico. Justo en el centro hay restos de una brujería reciente: velas, ramas de pirul, cáscaras de huevo y sangre.

12:00 El zenit. Regreso exhausto, la cabeza se me hunde entre los hombros. Me recuesto arrullado por una brisa fresca y vuelvo a escuchar la orquesta de cigarras. Ahora el sonido es espectacular, tiene la ecualización perfecta, ya ni parecen insectos. Me llega un olor a pirul recién cortado. Clara se acerca vestida con falda de tenis, pero en la mano no tiene una pelota, sino un huevo con el que me acaricia la espalda delicadamente. ¿Estaré dormido?

12:00:10 Se quita la ropa y se recuesta junto a mí. Siento el roce de su piel tersa y fría. Me gustaría bailar aquella danza que solía arreglar nuestras controversias.

12:00:20 Giro el torso y la miro de reojo: empiezo por las piernas, subo hasta la cintura, al cuello. Me detengo en el rostro, su mirada es extraña, como si en el fondo no fuera ella. El corazón me da un vuelco.

12:00:30 Trato de convencerme de que solo es un mal sueño. Me propongo aprovechar y seguir durmiendo.

12:00:40 Clara estira la mano y me acaricia lento, rico. A pesar de que me gusta, mi cuerpo no reacciona. Sólo tengo despierto el cerebro.

12:00:50 Ahora también el cíclope.

12:01 El contacto de sus labios me estremece. Muero por tocarla, pero estoy paralizado. Se sienta sobre mí, me ofrece las nalgas y yo no me puedo mover. ¡Esto sí es una pesadilla, carajo!

12:02 Clara voltea y otra vez me encuentro con sus ojos raros. ¡Uts, qué alucine! ¿Estaré drogado?

12:03 Nunca pensé que lo diría, pero ya quiero despertar. El problema es que el cerebro y el cíclope no siempre se ponen de acuerdo.

12:04 Clara se mueve cadenciosa y acelera el ritmo hasta que mi pelvis la sigue. Poco a poco reaccionan también mis extremidades, mis sentidos.

12:05 Me incorporo, la abrazo por detrás y le beso el cuello. Le meto los dedos en la boca, y ensalivados, los paseo por la orografía de su cuerpo. Hundo la cara en la maraña de su pelo, me trago su olor. Hacemos erupción.

Clara se levanta ligera y luminosa, es un electrón que cambia de nivel. Yo soy un neutrón, oscuro, ingrávido, perdido en el espacio electromagnético. ¿Estaré muerto?

 

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