COLECTIVO CUENTEROS| Guía de lectura imposible

“Un escritor no escribe libros, escribe textos”.
Ulises Carrión.

A) El texto es un objeto. Tome ese objeto y sumérjalo en un vaso.

Si no hay texto.

Si no hay vaso.

No se sienta engañado.

(Cuadro primero)

Nos encontramos en la alberca. Era mi primera sesión de fotos.

Adriano me dijo que le llegara, que las modelos estarían

dispuestas conmigo. Pensaba en ella. Era estúpido creer en la monogamia.

B) Si el cuento se torna aburrido enciéndalo. Abra el gas y explote el departamento. Si acaso antes tiene tiempo, escriba un manifiesto, culpe a los supremacistas blancos.

(Cuadro segundo)

Aún así la besé.

C) Si acaso el libro toma una variante que no atesora buen final, ábralo y arranque las hojas.

De preferencia extienda las hojas sobre una mesa, una las hojas de tal suerte que construya

un rudimentario paracaídas. Suba a la azotea del edificio más alto cerca de usted y láncese.

Si acaso tuviera tiempo, escriba un manifiesto, culpe a los supremacistas blancos.

(Cuadro tercero)

Hablé con mi padre, o con quien dijiste que era mi padre. No lo negó. ¿Por qué lo hiciste, por qué lo hiciste?

D) No todos los textos pueden ser mortales de forma sofisticada. La más sencilla es pedir ayuda a un colaborador. Un buen golpe en la nuca con el libro en cuestión. Una muerte pronta y sin ver al verdugo.

(Cuadro cuarto)

Entramos al cine, llegamos a los lugares a tiempo.

Pero nunca entendimos la película, comprendíamos

las secuencias, pero en cuanto una comenzaba a cobrar

sentido, otras imágenes se encimaban.

E) Morir es un acto sencillo, por eso no lo haga mientras lea.

(Cuadro quinto)

Estoy convencido de que todo llega tarde. En el sentido estricto de mi vida, todo ha llegado tarde. Llegué tarde al funeral de mi madre, llegué tarde a mi boda, llegué tardé a la universidad, llegué tarde al Facebook, al Youtube, al Instagram, al Twitter, al Youporn, a Xvideos, llegué tarde al Windows 7 y más tarde a Mac.

Entendí tarde todas las leyes, todos los albures y dobles sentidos.

Entendí muy tarde el nuevo arte, el arte moderno. Llegué tarde al sentido. No entender. No entender, las luces se apagan. No entender, no entender.

F) La más rudimentaria de las costumbres: ahogar a alguien. Tome papel, arranque el papel del mejor de todas las narrativas y ahogue a su pareja mientras duerme, llene todos sus orificios con papel. Disfrute del poema de asesinar a un ser querido.

(Cuadro sexto)

De todos los sentimientos que me han hecho descubrir mejor la realidad, me quedo con el desprecio. Pobres los imbéciles que han agotado todas sus reservas de desprecio. No hay mejor espejo que el divino desprecio hacia uno mismo, hacia los otros.

G) Claro que morir es un acto individual. Así que puedes matarte en el transporte público leyendo poemas de Papasquiaro. La intención es que no te olviden, que tu cuerpo se desvanezca como cierra un libro.

(Cuadro séptimo)

¿Fueron fantoches sus excesos, sus visitas a los más caros restaurantes, sus compras en las tiendas más exclusivas, su ejecución ciega del poder, la compra de todos los medios, el maiceo a todos los reporteros, la compra de los ministros, los viajes en aeronaves privadas, las fiestas en el Coliseo, en el Reina Sofía, los festejos en Las Vegas, los departamentos en Nueva York; todo ello una nueva narrativa, una intención fantoche de afirmar lo que no era?

H) Claro que si no quieres matarte puedes destruirlos a todos, sobre todo a los supremacistas blancos. Toma el libro más bello, córtalo en forma de hélice. Acércate y rebata todos los miembros.

(Cuadro octavo)

¿Recuerdas…? El momento en que entré al cuarto y me esperabas amarrada a la cama, sedienta, suplicando con los ojos. Un recuerdo indudable. Lancé las monedas para elegir tu castigo, las agité en el hueco de mis manos entrelazadas. El sonido metálico te hizo jadear, no podías contenerte.

Casi nadie podría entender nuestro juego, por ello era necesario ejecutar este ritual de citas a ciegas, de mensajes escondidos. Nadie podría entrar en la penumbra de nuestros deseos.

Todos dirán que seguimos a un Dios enfermo, un Dios que nos invoca para concretar nuestros deseos insatisfechos. Aquél que nos llama con una operación siniestra, un impulso desnudo, lluvioso.

I) El rostro contrario de la muerto es el coito. Su equivalencia puede solucionar el impulso suicida de los más tímidos.

(Cuadro noveno)

(Volver a leer, ahora susurrando).

J) Intente leer de cabeza mientras su acompañante lo fela. Intente leer en voz alta mientras todo esto sucede, sabrá entonces la relación entre la ópera y la poesía. La relación del encierro.

(Cuadro décimo)

k) La lectura, la muerte y el sexo penden de un delgado hilo. La disposición de la ecuación construye un resultado distinto: orgasmo, sueño, suicidio, homicidio.

(Cuadro décimo primero)

Viví engañado muchos años. Todos los libros, todos los autores que leí. Las nuevas lenguas reconocidas, las palabras intraducibles: litosh, Waldeinsamkeit, Gheegle, Bakku-shan, Culaccino, Hyggelig, Pana Po’o.

Todo aquello fue una distracción, el mundanal ruido que esconde la verdad.

Creí avanzar realmente a mi objetivo, cuando en realidad lo importante era el objetivo mismo: la ruina, en suma, de todos los que me rodean.

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