Chirimía, música ancestral que muere

Ana Lilia Pacheco BautistaAna Lilia Pacheco Bautista

Desde 2013, don Pablo y don Miguel tocan la chirimía en distintos eventos

El sonido tradicional que por siglos ha anunciado grandes acontecimientos como fiestas, mayordomías, incluso bodas, está en extinción. La herencia de tocar la chirimía se está perdiendo, pues las nuevas generaciones no tienen curiosidad por este instrumento que llegó a México durante la conquista.

Pablo López, a quien su tío le enseñó a tocar la chirimía, relata que él ha elaborado sus propias chirimías y las ha regalado a sus sobrinos para que, al igual que él, sientan el mismo amor por este instrumento. “Apenas le regalé a mi sobrino un tambor y una chirimía y quién sabe dónde los dejó tirados. Los jóvenes no le ponen empeño”.

En cambio él, desde que su tío le preguntó si se quería “animar” a tocar la chirimía, don Pablo mostró interés y le puso empeño para aprender a tocar este y otros instrumentos de viento. “Le dije inmediatamente que sí y desde ahí se me metió en la cabeza aprender a tocarla, practiqué mucho, todo el tiempo”.

Don Pablo prestó mucha atención a las ejecuciones de su tío, por lo que desconoce si las canciones de chirimías tienen partituras y nombres, él aprendió escuchando e imitando. Al inicio de su carrera, él tocaba el teponaztle (tambor), pero ahora se encarga de la chirimía, clarinete y flauta de carrizo.

Desde hace seis años, don Pablo decidió hacer su grupo de chirimía, por lo que invitó a su amigo Miguel Luis, que se encarga de tocar el tambor. Ambos son originarios de San Juan Teitipac -a 31 kilómetros al sureste de la ciudad capital-, donde los buscan para amenizar bodas, bautizos, pero sobre todo, mayordomías.

Gracias a la chirimía, don Pablo y don Miguel han visitado varias comunidades de los Valles Centrales como Santo Domingo Tomaltepec, Santa Rosa Buenavista, Santa María El Tule y más. “Gracias a que hemos ido a varios lugares, la gente nos escucha y después nos buscan para ir a amenizar cumpleaños, bautizos, todo tipo de fiesta; nos van a tocar a la casa”, confiesa don Miguel.

¿Dónde nació la chirimía?
Este instrumento tiene su origen en el viejo continente. Para la mayoría de los especialistas nació en Persia, otros creen que es de China; de ahí llega al mundo árabe y luego se difunde hacia la península ibérica. Es en el siglo XVI cuando se extendió al Continente Americano, a través de la música militar con la que llegan los conquistadores.

 

Ambos confiesan que desde 2013 -año en que se unieron- han tenido muchísimo trabajo en el que no sólo tocan canciones para misas, también para bailar, como El moño colorado, Ojitos mentirosos, pues “son las que nos pide la gente y pues nosotros como nos las sabemos, las tocamos”.

Además de la ejecución de la chirimía, don Pablo se encarga de elaborarlas. En su casa, en Teitipac, tiene un árbol de mezquite de donde extrae la madera y con carrizo hace las flautas. 

Llega la chirimía a México

La chirimía es una flauta, pero ahora se le llama así al conjunto que se complementa con el tambor.

Relata la historia, que los frailes franciscanos trajeron la chirimía a México y enseñaron a los indígenas a tocarla y con la que participaban principalmente en fiestas y ceremonias religiosas. Junto con los caracoles, eran utilizadas en el inicio de los rituales.

Este es uno de los pocos instrumentos que sobreviven por milagro en ciertas comunidades del país y Latinoamérica, cuya ejecución es el sello de varias culturas. Los indígenas mexicanos construían la chirimía con lengüetas elaboradas de palma en vez de carrizo y amarraban a un tubito, por lo que el precio de esta era bajo.

Anuncian la Guelaguetza

En Oaxaca, la chirimía está integrada por dos músicos: uno, que ejecuta la chirimía de doble lengüeta y otro que percute el tambor de doble parche.

La chirimía se ha convertido en un referente de la región de los Valles Centrales y durante los dos Lunes del Cerro, se encarga de anunciar el inicio de la máxima fiesta de los oaxaqueños.

Su repertorio consta de más de 70 piezas, entre sones, minuetes, valses, poleas y corridos, las cuales ejecuta totalmente de memoria en las fiestas patronales, palenques, ferias y jaripeos de la región.