Juan Pablo Villalobos habla sobre soñar y no morir en el intento

Para escribir este libro, el autor realizó entrevistas a 10 chicos que emprendieron el viaje de Centroamérica a Estados Unidos, entre 2011 y 2014, para reunirse con sus familias

Juan Pablo Villalobos (1973, México) es uno de los ocho latinoamericanos ganadores del Premio Herralde de Novela. Hoy en día, tras la experiencia de entrevistar a niños centroamericanos que sobrevivieron a la experiencia cruzar dos fronteras, provenientes de países como El Salvador, Guatemala y Honduras, su vida no es la misma. Al hablar del libro no puede ocultar revelar la indignación y lo inquietante de esta experiencia que plasma en su libro de crónicas titulado Yo tuve un sueño (Anagrama, 2019).

El preludio para este libro de no ficción fue un reportaje que realizó para una revista en Estados Unidos. En entrevista, el autor de Te vendo un perro (Anagrama, 2019) cuanta que a partir de la escritura de aquel reportaje surgió la idea del libro; para escribirlo tuvo que entrevistar a 10 chicos que realizaron este viaje entre 2011 y 2014 para reunirse con sus familias, los entrevistó en Nueva York y Los Ángeles.

"La idea del libro fue la misma que la del reportaje, que fue la darle voz a los chicos, por eso las historias son contadas en primera persona por los protagonistas. Fue un proceso largo, no es fácil poder conocer y entrevistar a estos niños, tanto por cuestiones legales, como de respetar el momento por el que se encuentra cada uno de ellos".

El escritor mexicano hizo las entrevistas en 2016, a partir de ese año se dio a un proceso de transcripción de los testimonios y de escritura del libro, proceso que refiere como una mezcla entre presentar el testimonio fiel y literal de las historias, así como construir los relatos, para lo cual se valió de algunas estrategias de la ficción.

“Sí, hay una mezcla entre ficción y no ficción. La ficción es la estrategia narrativa, lo que se cuenta es real. El espíritu del libro es que a través de sus historia, el lector descubra que sus sueños y esperanzas, -para personas que hemos sido privilegiados-, son en realidad derechos básicos: un techo, un entorno familiar sin violencia, vivir libres de acoso, poder ir a la escuela, tener acceso a salud y a la cultura”.

Más que migrantes, se trata de refugiados

El autor comparte que estos niños vivían en tan extrema vulnerabilidad que para ellos un sueño es no ser violado, golpeado, amenazado y aspirar a tener un horizonte de vida que no sea la amenaza de la pandilla o la muerte temprana. “Lo terrible es darte cuenta que no estamos hablando de una migración tradicional, más bien estamos hablando de casos de refugiados. La cuestión del refugio se asocia a los escenarios de guerra, pero prácticamente los escenarios de los que huyen son escenarios de guerra”.

Juan Pablo Villalobos habla de escenarios que representan tal fragilidad para la infancia, que al salir sus países no se trata de niños migrantes, sino de niños que salen huyendo para buscar un refugio.

'Prefiero morirme en el camino'

Los chicos sufren de violencia en las calles de sus países generada por las pandillas, sufren violencia en sus escuelas, también de violencia intrafamiliar, sexual y de pobreza extrema, por eso el escritor refiere que no se trata de casos típicos de migración. Estos niños provienen de escenarios que los expulsan, que generan huidas. Estos fenómenos se resumen de una manera muy cruda de uno de los relatos: Prefiero morirme en el camino… una frase que según el autor representa la consciencia del riesgo que conlleva para ellos el viaje. Es una frase que en toda su totalidad engloba, no solo por los peligros cruzar la frontera hacia México, sino por la experiencia que vivirán como migrantes centroamericanos en la República Mexicana y luego llegar a la frontera con Estados Unidos.

El autor de No voy a pedirle a nadie que me crea (Anagrama, 2017) comentó que con este libro, Yo tuve un sueño, busca conmover al lector, ponerlo en los pies de las niñas y los niños que han salido huyendo de estos entornos a buscar a sus madres, en su mayoría, o padres, quienes ya se encuentran en Estados Unidos con el sueño inicial de ponerse quizá, en menos peligro, que en sus propios países.