Al destierro por pedir cuentas

Acceso a Santiago Camotlán, en la Sierra Norte

Por exigir la rendición de cuentas a las autoridades municipales de Santiago Camotlán -un pueblo de usos y costumbres, ubicado a 200 kilómetros al noroeste de la capital- catorce familias fueron expulsadas de la cabecera el 16 de marzo de 2017. Ahora exigen justicia, la salida de las autoridades y regresar a sus hogares.

Hartos de ver que su pueblo sigue sin drenaje, pavimentación, comunicación con las agencias, entre otros servicios, en mayo de 2015, don Romualdo Yáñez y alrededor de 50 personas se manifestaron en el Palacio Municipal de Santiago Camotlán para cuestionar a las autoridades sobre en qué se está invirtiendo el presupuesto destinado al municipio. 

Los manifestantes fueron detenidos en el auditorio del municipio donde los amenazaron con quemarlos y los mantuvieron sin comer durante dos días. Gracias a una orden de aprehensión que solicitaron sus compañeros, don Romualdo y el resto de personas fueron liberadas. Pero su pesadilla apena comenzaba.

Les negaron servicios

Don Romualdo narra que después de ser liberados, el martirio comenzó para las 14 familias que se manifestaron, pues las autoridades, a través de oficios, pidieron al resto de los pobladores negar la prestación de servicios. 

Comenta que fue cortada la la línea telefónica, agua potable y electricidad, por lo que entre las 14 familias se apoyaron con lo poco que tenían guardado.

“Llevaron oficios a las tiendas para que ya no nos vendieran, en la escuela ya no recibieron a nuestros hijos y no daban servicio en las clínicas. Las autoridades agredían, gritaban, amenazaban; eran ataques que lastimaban”, lamenta don Romualdo.

En una ocasión, un integrante de las 14 familias debió que ser enterrado en San Melchor Betaza (a 53 kilómetros al sur de Santiago Camotlán), pues las autoridades les negaron un espacio en el panteón municipal. 

Para las emergencias médicas tenían que viajar 31 kilómetros al sur de la población para llegar a San Ildefonso Villa Alta, donde se encuentra un hospital comunitario.

Las misma autoridades

El periodo de gobierno en Santiago Camotlán es de un año, pero de acuerdo con Don Romualdo, hay un grupo de personas en el municipio entre quienes se rotan los cargos, sin convocar a asamblea con la comunidad para designar a las personas. 

Don Romualdo asegura que en Camotlán un empresario lidera la toma de decisiones de las autoridades municipales y está comprando terrenos que son comunales.

Habitanters de las agencias de San Miguel Reaguí y San Francisco Yovego coinciden con las inconformidades de las familias con respecto al actuar de las autoridades del municipio, por lo que demandan el cambio del ayuntamiento a otra agencia. 

Exigen justicia

A través de un oficio firmado por los habitantes de la cabecera y de cuatro agencias, las autoridades expulsaron a las 14 familias en las que había niños y adultos mayores, sin permitirles sacar ropa, papeles, despedirse de sus familiares y colocando retenes para prohibirles la entrada al pueblo.

Don Romualdo afirma que las personas -entre las que se encuentran sus familiares- fueron amenazadas para firmar el oficio que solicitaba su salida, pues en caso de que no hacerlo, también serían expulsados.

Al ser liberado en 2015, don Romualdo fue a denunciar los hechos ante la Procuraduría General de Justicia del Estado, pero sólo le han dado largas hasta la fecha. Pide a las autoridades que sean honestas con él sobre si va a actuar o no, pues, afirma, sólo lo están engañando.

Durante cuatro años han exigido justicia ante la Cámara de Diputados, en dependencias de Ciudad Administrativa y la Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, pues ya son años de papeleos y no ven claro para cuándo, tanto él como las otras familias, puedan regresar a sus hogares.

Desde entonces, las personas expulsadas están trabajando como albañiles, chalanes o cualquier trabajo que les permita pagar los servicios en los cuartos que están rentando aquí en la capital, mientras sus casas en Camotlán están sucias, con plantas crecidas, esperando que sus dueños regresen a habitarlas.