Día del Taxista Oaxaqueño: una fecha "normal"

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Algunos taxistas participan en la celebración, mientras otros siguen trabajando

Trece horas trabajando al volante, cuatro horas dedicadas a otro empleo, dos horas para entregar el vehículo al otro turno y cinco horas para dormir, son las cifras del día a día de algunos taxistas de Oaxaca.

A pesar de que este 12 de agosto se celebra el Día del Taxista Oaxaqueño, la mayoría de ellos harán su día normal: buscando viajes para completar la cuota que se entrega al patrón, pues para que lleve dinero a casa, son necesarios mil pesos a los que se les resta la cuenta, gasolina y lavado del automóvil.

Antonio Cruz Castellanos lleva ocho meses trabajando en un sitio de taxis. Su horario es de 11 horas en el turno de día y 13 horas en el de la noche. Cuando no está al volante, se dedica a arreglar celulares para tener un ingreso extra. 

El día a día del taxista

Cada taxista tiene un lugar y horario preferido; el de Antonio es la colonia Reforma porque ahí hay oficinas, centros comerciales, por lo que es más cómodo y rápido, y su horario preferido es en la mañana, a diferencia de sus compañeros de sitio.

Lo han asaltado dos veces. La primera en Xoxo, fue a mano armada y le quitaron 900 pesos, su ganancia del día. La segunda, le quitaron 700 pesos, además de su celular, llaves del carro y estuvieron a punto de lastimarlo con un picahielo.

Al igual que él, don Nicolás Gómez, quien lleva 30 años trabajando y cuenta con concesión, durante la noche lo han abordado personas que al final no le pagan porque no llevan dinero, van muy borrachos, incluso algunos no recuerdan a dónde van. Por eso prefieren trabajar por las mañanas, para evitar estas situaciones.

Las buenas anécdotas también están presentes durante sus jornadas, como la vez que don Nicolás llevó a una pasajera a comprar recuerditos y llegando al aeropuerto se dio cuenta que había olvidado su cartera, por lo que él regresó a la tienda por ella y recibió una propina por su buena acción.

O cuando Antonio, que por 40 pesos, llevó a una pareja de la tercera edad a San Pedro Ixtlahuaca (a 11 kilómetros al suroeste de la ciudad de Oaxaca), pues al verlos se le hizo chiquito el corazón. Ambos aseguran: “A veces está muy amolado uno, pero hay otros que están más y pues, no se nos quita nada apoyándolos”.

La fama del taxista

Tanto Antonio como don Nicolás, coinciden en que por una persona que haya tenido una mala actitud con los pasajeros o transeúntes, todos los taxistas y sus sitios quedan encasillados.

Comenta que durante un viaje, le dijeron que en la Ciudad de México los pasajeros deben cuidarse de los taxis, pero él les respondió que en Oaxaca los taxistas deben cuidarse de los pasajeros: “Pues muchas veces no sabemos a quién subimos, como la vez que me asaltaron. Ya no sólo se llevan el dinero, también puede llevarse nuestra vida”.

Asegura que hay muchísima competencia, pues hay varios sitios, pero existe la competencia leal y desleal entre taxis amarillos, azules y guindas, pues estos últimos entran en la tarde al centro a hacer el trabajo que hacen y lo llama desleal, pues los taxis amarillos no pueden entrar a las áreas de los azules y guindas porque ya los golpean o apedrean, por lo que pide a la Secretaría de Movilidad (Semovi), dejar de permitir estas acciones.

Antonio, don Nicolás y otros taxistas, piden que este Día del Taxista Oaxaqueño y los demás, los pasajeros y autoridades los tomen en cuenta, pues también son personas que tienen que trabajar todos los días para aportar a sus casas, que tienen familia, y que la mayoría no pueden descansar ni cuentan con seguro social ni prestaciones.