Raíces y cantares del general Emiliano Zapata

- 1 –

Las raíces del sur

En noches de luna clara, allá, por los rumbos de Tlaltizapán, Amacuzac y Jojutla, alrededor del recuerdo del Jefe Zapata, se reúnen los últimos veteranos del Ejército Libertador del Sur, en las estribaciones de las sierras morelenses.

Entonces se divisan los espectros, desdibujados por el tiempo y el olvido, de los combatientes surianos que en vida fueron Próculo Capistrán, Estanislao Tapia y Agapito Pariente. Nunca falta a esos campamentos, alguno de los “leidos” zapatistas, aquellos que daban letra a las ideas del jefe. Así se escuchan los murmullos proferidos por Antonio Díaz Soto y Gama, Octavio Paz Solórzano y John Womack, cuyos decires se distinguen del castellano arcaico de los campesinos que se sumaron a la causa.

Muchos fueron de Yautepec, Jonacatepec y otros del mero Anenecuilco, ‘onde nació Miliano, aquel 8 de agosto de 1879, válgame Dios.

- Siempre fue bien bragado, pero nunca se sintió más que naides.

- A más de trabajador era muy ‘onrao; le valían los dineros.

-“Yo no me levanté en armas por hambre ni por dinero, con mi trabajo ganaba lo suficiente para vivir”, dicen que decía.

- Pos sí; “A Emiliano Zapata no se le compra con oro”, les dijo a Madero y Carranza cuando le ofrecieron unas monedas pa’ que se fuera de la bola.

- Le gustaba mucho andar siempre bien monta’o… pa´lacear y colear como el mejor.

- Su gusto era vestir trajes de charro, portar sombreros galoneados y lucir sillas de montar bordadas de plata, se distingue la voz de Octavio Paz.

- 2 -

Su Plan, el Plan de Ayala

Siempre vuelven a memorar el Plan de Ayala, sus sagradas escrituras, su biblia laica. Los más memoriosos, arriesgan:

- Se llama de Ayala, pero el Plan lo dictó el jefe y lo firmamos en el punto ese que nombran Ayoxustla, al norte ‘e Puebla. ¿Qué no, Cliserio?

- Cierto; fue el 28 de noviembre del año de 1911. Se dejó caer gente de Santa María Cohetzala, Santa Mónica, Pilcaya y hasta de Centeocala…

- Si; mi compadre Mateo Tapia, que fue originario y vecino de este propio lugar, comenzó a escribir en manoescrita porque no había máquina de escribir, en que se asentaban las ideas concebidas de la justicia social, que es la ley fundamental.

- Ese día trabajaron hasta avanzadas las 15 horas de la tarde; ái quedó completo el articulado. Entonces, el general Zapata se paró junto a la mesa y se sentó y estampó su firma.

- Endispués el general Zapata se fue a parar en la puerta del jacal. Entonces mandó a hablar a todos los generales y coroneles y capitanes que estaban juntos unidos y se acercaron, para escuchar el documento que fue hecho escrito. Les fue leído en esa hora.

-¡Ahá!; lo leyó el profesor Otilio Montaño; solo se oía que se hablaba de muchas cosas, no podíamos ya percibir lo que decía en su relato.

- ‘Tonces el jefe ordenó: “¡Esos que no tienen miedo, que pasen a firmar...!”

-Dispués tronó: “Ya está el Plan de Ayala, lo primero es las tierras para los pueblos y agua para los pueblos, y que haiga justicia pa’ todos”.

- Así las cosas, entonces. Es cansada mi razón porque son muchas, mucho tengo que decir de eso.

- Después de haberlo terminado, entonces sí, el general se fue montado en su caballo y rindieron un abrazo al viento calurosamente. ¡Ajá!

- 3 –

Zapata vive

Don Ángel Abúndez, de allá del Higuerón, farfulla a regañadientes: “Los hombres que son hombres deben morir para demostrar la hombrada”.

- No’mbre! Qué va a morir el jefe… sino pudieron los otros pela’os, menos los carranclanes.

- Miliano se jué pa´Acapulco y de ai´pa’ Arabia.

- Algunos mientan que no; otros dicen que está encerrao’ con una señora en un jacal, allá por Xochimilco dicen…

- No; es en Anenecuilco, donde cabalga en noches de luna como ésta…

- Don Feliciano Trejo, narra: “Entonces estaba un árabe, compadre del general Zapata y le dijo: Pus no más nos pelamos. Y pelaron gallo. Se fueron para Arabia. Bueno, total que se escapó el general Zapata”.

- Así mero jué…lo llevaron para Arabia o Italia, aquí estaba viviendo uno de esos naturales de allá, y ése fue compadre de él; con él se peló.

Con el alba se dispersan los veteranos del sur. Volverán a encontrarse para hablar del Jefe, para que nunca se olvide; para recordar vivencias de los campamentos y para ver cabalgar a Emiliano Zapata en las estribaciones de las montañas morelenses.

- 4 –

Palabras del general

- “No buscábamos ni buscamos la propia satisfacción del medro personal, no anhelamos la triste vanidad de los honores, ni queremos otra cosa que no sea el verdadero triunfo de la causa”.

- “Se me persigue como bandido, me persiguen a muerte por el delito de procurar que coman a sus anchas los que siempre han tenido hambre, los que nunca han comido bastante”.

- “La revolución agraria se ha hecho y sostenido por el solo esfuerzo de los hombres del sur, sin que éstos hayan recibido nunca la menor ayuda del extranjero; ni un rifle, ni un peso, ni un cartucho”.

- “Deseo que cuando muera, mis hijos no se avergüencen de su padre; que nadie pueda decir que Zapata fue un cobarde o un traidor”.

- “No veré terminar esta revolución, porque las grandes causas no las ve terminar quien las inicia, prueba de ello es el señor cura Hidalgo y otros”.

- “Moriré siendo esclavo de los principios, no de los hombres”.