Flores y hojas para la abuela Santa Ana

René AraujoRené Araujo

Los hombres realizan enrames, mientras que las mujeres se encargan de la comida y los niños bailan Nambayuli, durante la celebración.

Suchiapa.- Las ofrendas de flores guardan un principal lugar dentro de las costumbres ritualistas de los pueblos de Chiapas y la comunidad surimba no es excepción en sus festividades patronales.

El sistema de cargos cumple la función de organizar las tareas correspondientes. En los festejos de Santa Ana, la música y la complicada elaboración de las enramas corresponde casi a cabalidad entre los hombres, mientras que organizar los alimentos, encabezar las procesiones y el cambio de ropajes de las imágenes son tareas de las mujeres. Los niños bailan entre risas y golpes de bejuco.

Desde la madrugada del día 24, los señores se sientan en un semicírculo y en su interior se van depositando las hojas y flores que cada familia trae para la elaboración de las ofrendas. Estas habilidosas manos tejen formas geométricas con hojas verdes y pequeñas flores de colores en las varas de bambú de las cuales llevarán la ofrenda al altar.

A mediodía, las mujeres se reúnen alrededor del altar y las imágenes son sacadas de sus camerines para cambiar los ropajes que las cubren, son tapadas a la vista de los curiosos mientras mudan el ajuar preparado con veneración.

La priostería, integrada por una prioste, componentes (mujeres) y procuradores (hombres), se encarga de toda la organización durante un año previo para reunir ofrendas diversas y compartirlas durante la celebración. María del Pilar Díaz de Oliva dirige las actividades del 24 al 28 de julio, por segundo año, para cumplir con su encomienda como prioste y vecina del barrio de Santa Ana, convencida en "servirle" a la abuela de Jesús.

El primer grupo de niños danzantes llega al lugar acompañado la imagen respectiva desde la comunidad de Pacú, descansan los caballos blancos y los hombres se integran a la elaboración de las enramas.

Ellos sincronizan sus movimientos de manera casi imperceptible.  Quien anuda la hojas, detiene la hilaza con los dientes y girando la vara de bambú va acomodando muy rápido los ramitos elaborados por cuatro o cinco personas a su alrededor. Pide un ramito de un color y una mano se lo ofrece mientras que los demás mantienen el ritmo de la elaboración, continúan amarrando las hojas y las flores y en un par de minutos el intrincado diseño adelanta un metro de lo que será la ofrenda que habrá de colocarse en las cercanías del altar con mucho respeto y devoción.

Las mujeres rezan, sirven platos de comida constantemente a los visitantes y convidados, los hombres continúan con la elaboración de las ofrendas mientras poco a poco el medio día va adelantándose y va llenando de calor y de alegría de los niños y jóvenes que realizan el baile y procesión del Caballo Blanco de Santa Ana y del Santo Santiago en la comunidad de Suchiapa.

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