Trabajo infantil, riesgo para niñas

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Niños y niñas ven una oportunidad en estas fechas para trabajar como vendedores ambulantes en el Centro Histórico

La universidad de la vida le ha enseñado a Alma que trabajar en la calle representa un riesgo y más cuando se es una niña o una adolescente, como su hija Rosario, quien a sus diez años comenzó a vender hojuelas de papás fritas, chicharrines y palomitas en el zócalo y la Alameda de León, “porque ya no quiso estudiar”.

Todas las mañanas ambas dejan el cuarto que, desde hace cuatro años que llegó de San Pedro Pochutla, rentan en Santa María Atzompa con su hija menor y otros dos hijos varones que tampoco continuaron estudios y ahora se dedican a la albañilería.

Sólo Rosario, cuando decidió que truncaría sus estudios al terminar quinto año, la acompaña a un recorrido que puede durar cuatro o seis horas en el punto más visitado de Oaxaca.

Si les va bien cada una puede lograr 800 o 900 pesos de venta por día; hacerlo por separado les garantiza más éxito, pero ella prefiere llamarle cada por celular “a cada rato” para saber dónde está y que no ha caído en el engaño de ir con una persona que le ofrezca comprarle “dos o tres bolsas de papas fritas si la acompaña a otro lado”.

Huérfana de madre a los dos años, analfabeta, originaria de Santa Cruz Ozolotepec, pero radicada en San Pedro Pochutla por casarse con un hombre que estuvo preso y la dejó con responsabilidades familiares hace cuatro años, Alma comenzó a trabajar “en casa ajena” desde los siete años.

Ahí comenzó a entender que “hay gente buena y mala que te deja hasta sin comer” o la que es capaz de robar a agredir sexualmente a su hija, quien prefirió trabajar en lo mismo que su madre que continuar la escuela.

“Hubo unos días que dejó de venir, a ella le dio miedo, yo estaba en el baño y cuando salí, me dijo que la estuvo siguiendo un hombre, me senté a esperar para verlo porque estaba dispuesta a darle dos cachetadas para que aprendiera a respetar”, dice con fuerza una mujer que el 86 por ciento de su vida la ha pasado trabajando.

Riesgo "de enganche"

Para el coordinador de políticas públicas del programa Campos de Esperanza de Solidaridad Internacional Kanda (Sikanda) Oaxaca, Carlos Camacho Hernández, el trabajo infantil en zonas urbanas y turísticas representa un mayor riesgo de que niños, niñas y adolescentes se enfrenten a una agresión sexual o sean “enganchados” por visitantes pedófilos.

“Pueden enfrentarse a una agresión, ser víctimas de cualquier tipo de trata y todo tipo de agresión que les pueda ocurrir, el riesgo es alto”, por lo que invitó a ver más allá de lo “colorido” de las fiestas de la Guelaguetza y a reconocer los alcances del trabajo infantil que incrementa en temporada vacacional.

Camacho Hernández no negó que “hay ciertos avances en cuanto a materia legal, pero se requiere fortalecer la articulación interinstitucional para que las dependencias se capaciten e impulsen acciones de prevención para evitar que los pedófilos viajen a Oaxaca porque saben que pueden cometer abusos sexuales en total impunidad”.