CHIAPAS Y OAXACA HAN PADECIDO DEL PLAGIO DEL DISEÑO DE SUS PRENDAS ORIGINARIAS

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Aguacatenango, en Chiapas, es uno de los lugares más pobres que más han padecido de la imitación ilegal de sus diseños de marcas renombradas, como lo hizo la empresa Zara recientemente.

De 2014 a la fecha la asociación civil Impacto ha documentado 39 plagios de diseños textiles indígenas cometidos por, al menos, 23 firmas internacionales; a la fecha no hay una sola sanción por esta práctica irregular, por lo que especialistas alertan de apropiación cultural y despojo de una herencia milenaria.

Sin estar enteradas, decenas de comunidades de artesanos e indígenas han sido saqueadas en varias modalidades por empresas internacionales en los últimos años, lo que ha puesto en peligro su identidad, sus tradiciones, e incluso usos y costumbres, alertaron especialistas y organizaciones civiles que velan por los derechos de estas comunidades.

Se trata de un fenómeno que violenta a cientos de artesanos que heredaron la labor de tejer, diseñar, bordar y plasmar la cosmovisión de la zona geográfica en donde han habitado sus familias por varias generaciones.

Ahí, asentados en pequeñas comunidades en las zonas montañosas de Oaxaca y Chiapas, los pobladores han padecido del plagio del diseño de sus prendas, las cuales son replicadas por marcas internacionales que se hicieron de sus ideas de forma clandestina y bajo ningún consentimiento.

Hace cinco años se dio a conocer uno de los primeros casos cuando una empresa copió el vestuario de la comunidad del Tenago de Doria, en Hidalgo, lo que causó la indignación del público en general tras viralizarse el plagio en redes sociales.

Pese al reclamo, otros corporativos internacionales se montaron a esta táctica ilegal y se adueñaron de ideas de artesanos e indígenas de varios estados del sur de la República, plasmando estos diseños sus productos; principalmente en ropa y calzado.

Como el caso del Tenango de Doria, otras prendas originarias de pueblos del país se han convertido en el blanco predilecto de diversas marcas, que conforman la lista negra de 23 empresas que han falsificado diseños artesanales en fechas recientes.

Estas compañías, a diferencia de sus productores originales, una vez que reproducen un diseño lo llegan a vender muy por encima de su valor original que se oferta en zonas rurales y otros estados del país.

Uno de los ejemplos más contundentes se dio en Oaxaca, con los diseños de Juchitán de Zaragoza, y que, a diferencia de la oferta de los pobladores, el huipil se llegó a cotizar bajo la marca de Carolina Herrera por encima de los dos mil pesos, en contraste a los 200 que llegan a obtener los artesanos que desarrollaron el bordado original.

Por ello, la repercusión social impactó de forma directa a los productores y artesanos de comunidades como Aguacatenango, en Chiapas, y otras áreas del sur del país, donde batallan en vender a un precio justo las prendas que elaboran.

“ES UNA MALA COPIA DE CAROLINA HERRERA”

A pesar de los señalamientos y el pronunciamiento de organizaciones civiles, quienes exigen detener los plagios a comunidades indígenas, las sanciones por parte de las autoridades no surten efecto en contra de esta práctica.

Incluso se detectó que en los poblados de Hidalgo, Oaxaca y Chiapas se producen este tipo de artesanías —a las que se les llega invertir hasta de 15 a 30 días— y donde ciudadanos han soltado comentarios como “es una mala copia de Carolina Herrera” cuando llegan a referirse a una prenda artesanal, la cual fue replicada por esta empresa sin el consentimiento de los artesanos.

Además de la incidencia económica que esto repercute, no hay sanción social en contra de la empresa que lo hace, es decir, no hay un castigo real de los consumidores hacía la firma que comete este ilícito, al contrario, lo compra y presume en redes sociales, como asegura la coordinadora de Desarrollo Organizacional de la asociación civil Impacto, Andrea Bonifaz, quien se ha dedicado a documentar este tipo de plagios en varios estados de la República mexicana.

“No hay una legislación o normatividad que castigue a estas marcas que, con dolo, se hicieron de los diseños de los artesanos de forma ilegal. Es un mensaje de impunidad que se manda, sobre todo. para estas grandes empresas”, sostiene Bonifaz.

La situación es tal que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una alerta este 2019 al gobierno federal en donde exigió salvaguardar los derechos artísticos nacionales.

El caso más reciente fue la acusación de plagio que señaló la Secretaría de Cultura federal en contra de la firma francesa Louis Vultton por el diseño de una silla con detalles de varios colores, pues aseguró que son similares a los que elaboran en Tenango de Doria.

FALSA ADMIRACIÓN

Para Fernando Schutlz Morales, responsable del Programa Multidisciplinario y Artesanías (Prodya) e investigador de la UAM Azcapotzalco, el trabajo que hacen los indígenas está infravalorado desde hace décadas y que dificilmente podrá competir con la industria comercial, porque lo que se plasma en estas prendas es invaluable.

“A mí me sorprende que un diseñador sea incapaz de valorar lo que hacen los artesanos, con estas cosas. Lo que tendríamos que hacer es conocer la cultura y ver qué hacemos a partir de ello. Sería bueno considerar registrarlos como culturas populares”, consideró.

LA COSMOVISIÓN DE UNA HERENCIA MILENARIA

“Hoy una artesanía no se respeta. Esta forma cultural no puede competir en el plano comercial en la industria china o con Estados Unidos; es un análisis difícil”, sentenció el catedrático.

Adicional a esto, comunidades como Santiago El Pinar y San Juan Cancuc, en Chiapas, se ubican en zonas con altos niveles de marginación, y en donde elaborar colecciones de alta moda con textiles hechos a mano es el único medio para obtener un ingreso que les permita vivir. Y es precisamente Aguacatenango, en Chiapas, uno de los lugares que más han padecido de la imitación ilegal de sus diseños de marcas, como lo hizo Zara recientemente.

"QUE VALOREN NUESTRO TRABAJO"

¿Que representa el robo de sus diseños por empresas internacionales?

—Nosotros no nos habíamos dado cuenta de que este tipo de marcas se estaban plagiando nuestros diseños, que representa la identidad de nuestra comunidad, su cultura y su riqueza.

El robo nos impacta a todos: en mi casa, a mi familia, a los propios artesanos y productores que bordan desde hace muchos años en la comunidad.

¿Desde cuándo se dedican a esto?

—Nos dedicamos al bordado de ropa y vestidos desde hace varias generaciones, a mí me enseñaron mis padres, por eso es que nos afecta directamente a nuestro trabajo, ya que invertimos hasta un mes en tejer y bordar un diseño.

¿Qué es lo que ustedes más venden?

Son blusas y vestidos, lo cuales se hacen puntada por puntada, a diferencia de estas marcan que replican los bordados en una máquina y a gran escala y que, por supuesto, sale mucho más barato a la hora de venderlo.

Acudiste recientemente a Londres para hablar sobre esta problemática ¿Qué te dijeron empresarios y productores?

—Me sorprendió mucho el apoyo que nos brindaron y el valor que buscan darle a lo artesanal, porque, siendo sinceros, con todo y el trabajo que hacemos, días que invertimos, logramos vender nuestra ropa a un precio que no supera, a veces, los 150 pesos.

Gracias a Dios muchas personas se impresionaron cuando les mostramos el bordado que se hace y cómo se realiza cada puntada.

¿Qué mensaje darías a estas marcas que se han apropiado de sus diseños?

—Que valoren nuestro trabajo, porque precisamente es una enseñanza de nuestros abuelos y que no la perdemos, un legado generacional porque a mis hijas les sigo enseñando a bordar,

Por el momento estamos enterados gracias al apoyo de organizaciones y ciudadanos de los robos que tratan de hacer y que hemos denunciado y aunque hay unas personas que les da miedo, nosotros vamos a seguir al pie del cañón.

#plagios#artesanos