Oaxaca, un tiradero previo a Guelaguetza

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

La otra cara de las fiestas de la Guelaguetza: conflictos irresueltos.

"¡Es una porquería!", exclama encolerizada Flor Mateo Gandarillas, expendedora de vísceras en el Mercado 20 de Noviembre de la ciudad cuando camina en el arroyo vehícular de la calle de Ignacio Aldama, cerrada por la basura acumulada por el cierre del acceso al tiradero municipal de la Villa de Zaachila.

“La debe de quitar el municipio rápidamente, porque está la gente que viene como turismo y es una porquería que vea esto y se vaya”, dice sin disminuir los decibeles de su voz.

Carlos, quien expende muñecos de plástico a unos paso del acceso lateral al Mercado Benito Juárez empuña la escoba y reclama a la policía vial que haya permitido el paso de vehículos: “Están tirando la basura y uno trata de recogerla”, dice con enfado.

Francisco de la Cruz, otro comerciante, llega a la esquina de Ignacio Aldama con la calle 20 de Noviembre para reacomodar en el paso peatonal las bolsas negras que impidan de nueva cuenta el tránsito vehicular.

“Es una mala imagen para Oaxaca, mero en la temporada de la principal fiesta se arma un desmadre, la gente toma fotos y se queda con una muy mala imagen”, dice con la seguridad de que las bolsas repletas de basura fueron tiradas por expendedores del interior de ambos mercados. 

Cada cierre del tiradero en Zaachila evidencia la falta de cultura ambiental.

 

Los desechos

Corroborarlo es fácil, los perros sin dueño dispersan los restos de carne fresca, huesos de carnicerías y restos de comida; pero también hay fruta y verdura de desecho.

“Es una mala impresión para los turistas, estamos en la máxima fiesta de la Guelaguetza y tener todo este basurero también es culpa de los locatarios que ya sabían que estaba cerrado el basurero”, opina Reynaldo Guzmán Canseco, agente de la Policía Vial, quien intenta dispersar el congestionamiento que provoca el cierre de la calle.

Botín político

El tiradero que en la Villa de Zaachila administra el municipio de Oaxaca de Juárez es el único punto para que desde hace más de 35 años tiene ese municipio y otros 20 de la zona conurbada para depositar sus residuos sólidos.

Los asentamientos humanos que ahora lo rodean mantienen en un constante conflicto la zona, como lo demostró ayer el cierre que realizaron quienes habitan la Colonia Renacimiento, una medida de presión para exigir que les doten de agua potable.

“Ya estamos llegando a un acuerdo con la Secretaría General de Gobierno”, precisó el presidente municipal de la Villa de Zaachila, Cástulo Bretón Mendoza, antes de que se firmara la minuta de acuerdo para reabrir el acceso al tiradero.

La demanda “no es un tema de pleito de colonos y el ayuntamiento, sino de exigencia para atender necesidades y que se vean beneficiados con agua potable, derivado de la lentitud de la atención para este proyecto”, abundó.

El acuerdo implicó compromisos “del gobierno del estado, federal y el municipal”, pero no confirmó el monto “considerable” para la perforación de un pozo y la red de agua potable a una de las colonias más cercanas al basurero.

Extaer agua de mantos freáticos contaminados

La acción, pasaría por alto los señalamientos de una falla geológica que potencia una contaminación subterránea del tiradero, la cual ha sido evaluada por investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Unidad Oaxaca.

El vocero de las colonias Unidas, Artemio Desiderio Martínez, se deslindó de la participación de 22 asentamientos en una acción que significó “una forma de presionar al gobierno” cinco días previos al primer Lunes del Cerro cuando para ellos “ha sido siempre el último recurso el bloqueo”.

Presión

E insistió, “entendemos que es una acción de presión política para obtener algún beneficio”. 

Los camiones recolectores que a diario llegan al tiradero de Aaachila no pudieron ingresar desde las 17:00 horas del miércoles. “Ya no pudieron hacer una segunda vuelta los del turno de la tarde”, confirmó el director de Servicios Municipales, Humberto Benítez Contreras, 

Con todo y el cierre, la mañana de ayer el personal de limpieza “recogió lo que se pudo” con cuadrillas de camionetas de redilas, “porque los camiones están llenos con 400 toneladas de basura”.

El problema se potencia porque los 65 camiones recolectores hacen doble visita al tiradero y su cierre tomó desprevenidas a las autoridades y evidenció la falta de cultura ambiental, la gran dependencia a desechables y la mala capacidad para gestionar los residuos sólidos.

“Duró una noche el cierre del basurero y por la mañana la ciudad parecía que llevaba una semana con el tiradero cerrado”, admitió.