Julín Contreras: una istmeña extraordinaria

La primera luz

En un mes de julio, allá en Tehuantepec, donde la música se vuelve poesía y esta se plasma en bello óleo o acuarela, ocurrió el nacimiento de una niña cuyos padres formaron con principios y dirección intelectual.

Julin Contreras realiza sus primeros estudios en su tierra natal, hasta que llegó el momento para inscribirse en una de las universidades del estado de Oaxaca, truncando la carrera para dedicarse al arte por herencia de su señor padre, quien fuera pintor, escultor y restaurador, Jorge Contreras, a quien recuerdan en la comunidad con mucho cariño por su don de gentes; además, como uno de los grandes artistas de su tiempo.

De ahí que Julin Contreras, haciendo a un lado los prejuicios familiares, tomó con pasión su carrera plástica; de esta manera fue adquiriendo práctica hasta llegar a exponer colectivae e individualmente.

Combinando las actividades se dedicó una buena temporada a la arqueología, acompañando a profesionales en los hallazgos y aportaciones de los acervos a la Casa de la Cultura de su tierra natal y de Juchitán, en pueblos hermanados de la cultura zapoteca.

La Arqueología y Antropología son otras de sus grandes inquietudes, ya que se presta como consejera y puente de contacto entre la sociedad étnica que requieren de mucha atención.

Su actividad continúa, ya que por 10 años formó parte del turismo gastronómico con chefs del mundo para la investigación de la comida prehispánica de siete pueblos istmeños con Susana Trilling, chef oaxaqueña.

Creadora

Ha plasmado más de 250 retratos, 4 murales, y más de 300 obras de caballete. El dar a conocer su trabajo le llevó un tiempo, quizá pensando en los lugares donde pudiera estar visible a un público exigente, ya que a ella le gustan las variadas opiniones porque tratan de sugerencias para la mejoría en la obra pictórica.

Su participación se ha reflejado en esta ciudad de Oaxaca, en Ciudad de México, en Lagos de Moreno, Jalisco y en Palma de Mallorca, España; ya trascendió fronteras.

Entre otros datos de sumo interés, Julin fue directora de la Casa de la Cultura de su natal Tehuantepec, donde trabajó con maestros becarios en danza y teatro. En otro tiempo llevó a cabo el proyecto de los inmuebles catalogados en esta ciudad, bajo la dirección de Sebastián Van Doesburg. Esto fue un acto visual para el arte y la cultura de Oaxaca.

En Tehuantepec, aunque ella dice contar con edad avanzada, su figura y entusiasmo no la detienen ante la propuesta de continuar en su carrera plástica.

Crítica

Julin Contreras es una mujer sensitiva, observadora, muy detallista. Propositiva en todos los aspectos, su obra es belleza, es canción, es poesía, reúne el requisito exigente de la plasticidad bien lograda. Tiene magia en el color como toda oaxaqueña; aún así, no es conformista, continúa en la búsqueda por la belleza del cuerpo humano, de la misma naturaleza, que la embriagan de pasión. Hé aquí una artista genial que cumple con el requisito de ser ella, de ser los ojos de una cámara que no captaría la creatividad de Julín Contreras, admirable artista istmeña.