ESTAS LETRAS QUE LEES| Un sueño diferido

Participantes del taller “Voces de los oprimidos” durante el cierre del taller, llevado a cabo en la Biblioteca “Andrés Henestrosa”.

A finales del mes de febrero me encontraba caminando por las calles del centro de Oaxaca, cuando me encontré con un cartel que hacía la invitación a participar en un taller de Literatura Norteamericana; en esos momentos me encontraba buscando en qué ocupar mi tiempo por las tardes, algo que me alejara de las cantinas y lugares de poco sano esparcimiento; un taller de literatura parecía ser una buena opción, además, el tema central “Voces de los oprimidos”, despertó mi interés por asistir. Así que, cubrí la cuota de recuperación y esperé a que el curso iniciara.

El taller, impartido por el escritor norteamericano Kurt William Hackbarth, se centró en escritores norteamericanos que, por sus características, se encuentran fuera del arquetipo tradicional de escritores anglosajones blancos en el poder, sino por el contrario, escriben desde el otro extremo: la marginación y la segregación; como las comunidades afrodescendientes, mujeres, pueblos originarios, hispanos, todos ellos se encuentran en la lucha por erradicar su invisibilidad, en una nación que desde su fundación, a pesar de ser consolidada en los principios de vida, libertad y búsqueda de la felicidad, se ha caracterizado por tratarse de un sistema que agobia y excluye a las minorías, y estas, a través de la literatura, buscan un espacio para expresarse, dar a conocer su voz.

Como todo en Oaxaca, el taller tuvo cupo completo las primeras clases, para luego comenzar a mermar en sus integrantes; poco a poco, los desinteresados fueron quedándose en el camino; con el transcurso de las semanas nos fuimos haciendo menos, y las pláticas se tornaron más interesantes.

La dinámica consistía en la lectura (en casa) de diversos textos propuestos por el tallerista, para su posterior análisis en las jornadas de dos horas de duración que tenía el taller, desarrollado en las Biblioteca Andrés Henestrosa, durante las cuales, el tallerista daba un contexto histórico del momento en que se publicó la obra a analizar, así como los pormenores sociales que existían en los Estados Unidos de América al momento de la publicación de los mismos; mientras los compañeros que asistimos en calidad de participantes, desmembrábamos los textos propuestos para encontrarle un trasfondo, más allá de las letras.

La escritura y la lectura son reflejo de una sociedad creativa. Es cierto que cada vez se lee y escribe menos y que las nuevas tecnologías nos obligan a reducir grandes ideas en 280 caracteres, limitando nuestra capacidad imaginativa, reduciendo la capacidad de comprensión de grandes textos.

Talleres como “Voces de los oprimidos” pone de manifiesto el deseo y necesidad que hay entre los ciudadanos oaxaqueños por la búsqueda de espacios en donde la lectura, además de su análisis, permitan ampliar el panorama sobre contextos históricos y literarios, ya que el taller busca familiarizar a los participantes con la literatura históricamente excluida (escritores y pensadores como Richard Wright, Toni Morrison, Upton Sinclair, John Steinbeck, Betty Friedan, Tillie Olsen, Sherman Alexie, Rodolfo González, entre otros), desde la perspectiva de la lucha por erradicar las desigualdades a través del siglo 20 y ahora, a punto de cumplir las dos primeras décadas del siglo 21.

Ahora, recién terminado el taller, recuerdo aquella tarde de febrero en que me inscribí al curso de literatura y me siento diferente ahora al terminarlo; muchas de las lecturas propuestas hicieron eco en mis ideas, arraigando ideas y explicaciones de contextos históricos que ahora me parecen más claros y que me ha permitido comprender esta realidad a la que nos enfrentamos día a día, desde una perspectiva más amplia, entendiendo que las voces de los oprimidos nunca callarán.