Artesanos de Jalieza esperan al turista

Jesús SantiagoJesús Santiago

Mágicos colores surgidos del teñido con tintes naturales

SANTO TOMAS JALIEZA, Oaxaca.- Las mujeres de este pueblo zapoteca del Valle de Ocotlán tejen piezas de gran belleza y calidad, con hilo de algodón en telar de cintura, teñido con tintes naturales, pero carecen de comercialización ante el escaso arribo de turistas al mercado artesanal, porque prefieren acudir al Valle de Tlacolula o en su caso, a los puestos ambulantes de la ciudad de Oaxaca.

De esta manera, hermosas bolsas, manteles, morrales, caminos de mesa, cinturones y diversos productos tejidos por laboriosas manos, se quedan en el abandono.

Según la historia, Jalieza, que significa en zapoteco “abajo de la iglesia”, fue un núcleo poblacional muy importante al igual que Zaachila y Ocotlán, hasta el inicio de la conquista.

Hasta antes de la invasión europea, esta comunidad se encontraba en lo más alto de los cerros cercanos al pueblo, donde se sabe que existe una zona arqueológica no explorada.

Escasas ventas

Las pocas ventas afectan severamente a la economía de los artesanos, porque los artesanos subsisten de su elaboración.

“Antes llegaba el turista y se vendía, pero ahora no viene”, afirmó la presidenta de la Unión de Artesanos, Argelia Chávez Valentín.

La falta de promoción turística gubernamental, la competencia que genera la otra ruta del textil, en el Valle de Tlacolula, y los constantes bloqueos carreteros, son las causas principales de la escasa presencia de turistas en la comunidad.

“Hay mucha competencia, por eso, lo que necesitamos es bastante promoción y difusión, para que el turismo llegue hasta acá”, señaló.

A esto hay que sumar la existencia de intermediarios y últimamente, a la aparición de cientos de puestos y vendedores ambulantes en la capital del estado.

“Eso nos está dando en la torre, hay muchos vendedores allá. Esa es otra de las razones de que los turistas ya no vengan”, asentó.

A pesar de esto, las artesanas esperan con mucha ilusión los festejos de la Guelaguetza y las vacaciones de verano, para intentar mejorar sus ventas.

“Tenemos la confianza en Dios, porque aquí tenemos mucha variedad y diferentes precios. Se encuentran pulseras desde 15 pesos y bolsas de 300 o 400 pesos, tenemos centros de mesa, cosmetiqueras, a buen precio”, apuntó.

Guardar para un mal día

Las escasas ventas, prácticamente se han convertido en algo normal en el mercado de artesanías, porque quedaron lejos aquellos días en que se agolpaban los turistas.

“Cuando viene el turismo se vende, pero normalmente no tenemos ventas, hay días que no se vende nada”, aseguró doña Victoria Pacheco Mendoza, de 70 años de edad, 60 de ellos, dedicados al telar.

Por eso, cuando hay ventas, guardan el dinero recibido para enfrentar los días que no tienen ninguna ganancia.

“Cuando vendemos, guardamos para mañana o el día siguiente. Ha llegado el momento en que en la familia no hay dinero por falta de ventas, pero ¿qué se le hace?, ni modos, uno se tiene que aguantar”, asentó.

Además de los gastos familiares, también están los que necesariamente tienen que hacer para la compra de la materia prima.

“Uno también va guardando el dinero para eso, porque también hay que comprar las madejas de hilo. Ahora, está a 32 pesos y en la hechura de una bolsa, necesitamos hasta tres o cuatro”, añadió.

De esta manera, como sus demás compañeras, está esperanzada en los festejos de la Guelaguetza y en las vacaciones de verano.

“Eso es lo que siempre esperamos, las vacaciones y los Lunes del Cerro, para ir vendiendo y guardar para cuando no hay. El artesano siempre depende del turismo y si no llega, no tenemos ventas. Ojalá, Dios nos ayude y nos vaya bien”, anotó.

El campo tampoco da

Algunas familias dedicadas a la artesanía tratan de encontrar una solución a la estrechez económica ocasionada por el descenso de las ventas con las cosechas de maíz y frijol.

“Cuando pasan las vacaciones, ya no se vende, entonces no hay dinero y nos sirve de mucho la cosecha que han levantado nuestros esposos. Eso es lo que comemos”, dijo doña Elvira Martínez, de 74 años de edad, otra de las artesanas más reconocidas de la comunidad.

Sin embargo, no todos los años son buenos, ante la sequía y la falta de lluvias en muchos de los municipios del Valle de Ocotlán. 

“Pero no siempre hay cosecha, porque como este año, la siembra de maíz, frijol y calabaza ya se echó a perder, porque no ha querido llover. La milpa tempranera que se sembró en abril ya se está secando y la que se sembró en junio, ya se está echando a perder. Y con eso, hay que comprar maíz; el bulto ya está caro, sale a más de 300 pesos”, señaló.