Santo Domingo de Guzmán, patrimonio de la humanidad

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Santo Domingo de Guzmán, paso obligado del turismo

Aproximadamente 50 metros adelante sobre el mismo andador se llega al majestuoso templo de Santo Domingo de Guzmán, uno de los más hermosos ejemplos de la arquitectura novohispana de América Latina.

Los primeros proyectos de construcción del edificio datan del año 1551, en que el Ayuntamiento de la Antequera cedió a la Orden Dominica un total de 24 lotes para la construcción de un convento en la ciudad.

Sin embargo, no fue hasta el año 1608 en que el conjunto conventual de Santo Domingo fue inaugurado, aún sin concluir.

A lo largo de su historia, el Templo de Santo Domingo ha sido escenario de varios sucesos importantes en la historia de México: fue convertido en bodega militar, en establo, cerrado al culto católico en tiempos del laicismo de los gobiernos emanados de la Guerra de Reforma y luego devuelto nuevamente a la Iglesia por acuerdo de Porfirio Díaz.

En 1979 recibió la visita del pontífice católico Juan Pablo II, y luego declarado, -junto con todo el Centro Histórico de Oaxaca-, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

A su lado se ubican el Centro Cultural Santo Domingo y el Museo de las Culturas de Oaxaca, en parte de lo que fue el convento de los dominicos.

El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO)

El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) es un museo-biblioteca, creado por el pintor Francisco Toledo.

Su sede se ubica en una hermosa casa del siglo XVIII situada frente al ex Convento de Santo Domingo y a un costado de la Plazuela del Carmen, sobre la calle Macedonio Alcalá.

El IAGO se inauguró en noviembre de 1988. Los principales temas que abarca la biblioteca son pintura, gráfica, dibujo, arquitectura, escultura, arqueología, diseño, bibliofilia, textiles, cerámica, arte popular, fotografía, cinematografía y literatura. Comprende los espacios geográficos e históricos más importantes y mantiene un desarrollo orientado al arte contemporáneo. 

Cuenta con cinco salas de exhibición, tres de biblioteca, un patio central decorado con bellas plantas y el café del IAGO, con servicio de cafetería y restaurante especializado en platillos típicos de la gastronomía oaxaqueña, en un ambiente confortable y natural.

La casa fue donada al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) por la familia Toledo, con el propósito de crear un espacio idóneo para difundir el arte y exhibir la colección gráfica que el maestro Francisco Toledo comenzaba a formar.