ESTAS LETRAS QUE LEES| Sueños oaxaqueños

El convite delegacional forma parte de la celebración y sirve como presentación para la festividad del Lunes del Cerro.

El séptimo mes del año ha llegado, trayendo consigo el verano, las lluvias, la Guelaguetza y un sin número de turistas de alrededor del mundo, que visitan estas tierras para conocer un poquito de lo muchísimo que tiene Oaxaca que ofrecer, y es que, para pasarla bien, los oaxaqueños nos pintamos solos, pero en julio más.

En julio, las calles huelen a colores, la música satisface el apetito, las calendas aparecen de la nada, los bailables se interpretan al sonido de la banda, en una fiesta en la que todos están invitados, y donde hasta los perros bailan.

Durante las festividades de julio, Oaxaca recibe a sus visitantes intentando ofrecer su mejor cara. Los esfuerzos por parte de la ciudadanía para lograrlo son palpables, todo mundo quiere lucir bien al extranjero, buscar que se lleven una buena impresión y que recomienden la experiencia oaxaqueña con sus conocidos y así, de boca en boca, se recorra la voz por todo el mundo.

Así es, durante épocas de vacaciones muchas son las gentes que se esfuerzan porque los visitantes se lleven la mejor opinión de esta ciudad, aunque entre nosotros, los habitantes, las cosas sean diferentes.

Entre oaxaqueños la cosa es diferente, somos gente que disfruta de la fiesta y la buena compañía, pero nos cuesta trabajo ceder el paso al peatón, o a algún otro carro en el crucero.

Oaxaca es una ciudad llena de cultura, pero el oaxaqueño es muy inculto: cantamos a todo pulmón la Canción Mixteca, y amontonamos la basura en las calles; nos sentimos orgullosos de Juárez, pero ignoramos la actualidad y realidad de muchas comunidades originarias; saludamos con una sonrisa a quien nos visita, y nos enfrentamos a gritos con nuestros vecinos, por ir hablando al celular mientras maneja, atrasándose en el semáforo, haciéndonos perder la luz verde, o parándonos en doble fila, mientras la inmensa cola de carros se forma atrás de nosotros.

Es que manejar en Oaxaca es cosa complicada, en especial en las calles del centro histórico que fueron concebidas para el flujo de caballos, carretas, carretones, y ahora están repletas de automóviles, haciendo que el tránsito vehicular sea lento y tormentoso, además, encontrar estacionamiento se vuelve una misión difícil.

En estas fechas, la zona peatonal del centro histórico se convierte en una verbena popular, en donde se hacen presentes puestos ambulantes, quienes se apropian del primer cuadro de la ciudad para ofrecer sus productos, llenando el ambiente de olor a fritanga, de cables y mecates hacia los postes de luz y de una verbena popular, como pocas en el mundo. A pesar del alto costo social y la contaminación visual que eso implica, la tradición indica que la celebración es del pueblo.

Las fiestas de julio han comenzado, la algarabía, el color, las calendas, el folclore, la música y la comida, estarán más presentes que nunca durante este mes, llenando las calles de fiesta y alegría, que siguen conquistando corazones de gentes de todo el mundo; es que la Guelaguetza es cada vez una celebración más para el extranjero que para los oaxaqueños, pues para nosotros, que la vivimos todo el año, el celebrarla durante un mes completo es, en muchas ocasiones, una actividad desgastante. Así pues, los sueños oaxaqueños continúan.