La mitad de infantes en Oaxaca afronta violencia física

El caso del pequeño Mario, ejemplo de violencia en el entorno familiar

La condición de pobreza, la baja escolaridad, el limitado alcance de las instituciones públicas y una sociedad que normaliza y justifica el maltrato físico en el proceso de formación es una amalgama de factores que provocan que en Oaxaca uno de cada dos niños experimenten al menos una situación de violencia.

Así lo aseguró la consultora para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) México, María Cristina Salazar Acevedo, quien reflexionó que la situación de Mario, un niño de dos años a quien se le diagnosticó cáncer en su ojo izquierdo después de ser golpeado por una persona adulta, es uno de tantos casos descomunales que no llegan a hacerse públicos. 

Al tratarse de un niño de una comunidad como Santa Lucía Monteverde, donde el acceso a servicios públicos es limitado y además de eso vive en un contexto de violencia familiar, convierte al caso “en sí mismo” en grave.

Urgencias

Al mismo tiempo el caso de Mario, quien está en espera del resultado de la biopsia que le realizaron en el Hospital de la Niñez Oaxaqueña doctor Guillermo Zárate Mijangos -a donde llegó desde el pasado miércoles-, “revela una serie de urgencias en cuanto infraestructura médica, psicológica y jurídica", aclaró.

Por ello consideró que las autoridades deben involucrarse lo más a fondo posible para garantizar mejoras en su salud, pero no sólo físicas sino psicológicas o emocionales porque es ahí donde suelen experimentarse secuelas graves si se vive en un contexto de violencia familiar.

“Es importante voltear a ver qué implica vivir cualquier tipo de violencia en la infancia, problemática de la que no siempre hay datos duros o certeros, porque sólo se parte de las denuncias que se realizan” y la mayoría de infantes requieren de otra persona adulta para hacerlo.

Sin denuncias

“Lamentablemente el caso de Mario no es el único, son casos a los que no se dan crédito porque suman muchas violencias, pero de cien casos, a lo mejor uno o dos se denuncian por la intervención de un familiar o un maestro o maestra cuando ya acuden a la escuela”, estimó.

En ese sentido, Zoila Ríos Coca de la Clínica de Atención Psicológica y Terapias Alternativas, reconoció que además del riesgo que para la integridad de un o una menor implica la violencia física hay repercusiones a nivel emocional y psicológico que afectan el desarrollo en la infancia.

“Hay muchas repercusiones que deben ser consideradas, es importante curar la enfermedad que está viviendo, pero también toda la parte emocional, cuidar su entorno y el de su madre”, opinó.