Aquí la Guelaguetza ¡Que viva Oaxaca!

Convite de las delegaciones, inicio oficial
Érick RíosÉrick Ríos

Las típicas marmotas se dejaron ver desde antes de la hora de la cita

La celebración comenzó. Llegó julio y con él la máxima fiesta de los oaxaqueños: La Guelaguetza, palabra derivada del zapoteco guendalizaa, que quiere decir "cooperar". La esencia fundamental de este evento se siente en cada una de las personas que participan bailando e incluso en las que acuden solo a ver el desfile de color y ritmo.

Como no podía ser de otra forma, se llevó a cabo el tradicional convite que contó con la presencia de las delegaciones que participarán en los Lunes del Cerro. Desde Tlacolula de Matamoros hasta llegar a Villa Hidalgo Yalalag, pasando por San Melchor Betaza y sin olvidar a Santa Cruz Xoxocotlán, los danzantes y las chinas oaxaqueñas fueron los principales protagonistas.

Sonó la música de banda y de inmediato, en la plaza de la Cruz de Piedra, abrieron el baile los zancudos, de la Villa de Zaachila; una coreografía de altura a la que se unieron las marmotas de Huajuapan de León, San Juan Bautista Tuxtepec y San Bartolo Coyotepec.

De La Cuenca a La Mixteca, del Istmo a la Sierra, de región a región; no importa de dónde vengas, en La Guelaguetza Oaxaca es una sola. Y para muestra el desfile de música y baile que recorrió casi kilómetro y medio desde la Cruz de Piedra hasta la Plaza de la Danza; la calle de Manuel García Vigil fue testigo del pasillo que formaron miles de curiosos durante todo el trayecto del contingente hasta su destino.

Cohetes que subían al cielo para hacer escuchar su alegre grito, olor a mezcal y figuras coloridas de celofán, se veían entre la multitud. Por supuesto, las fotos para recordar tan colorido y vivaz momento no faltaron.

Turistas perdidos que se encontraron moviendo los pies al ritmo de “Flor de Piña” o “Dios Nunca Muere”, también se unieron a este collage con movimiento que solo se puede ver en Oaxaca.

Chinas, marmotas… y Mazapán

Como ya es tradición en cada una de las calendas que tienen lugar en Oaxaca de Juárez, el invitado especial, habitante de honor y a quien deberían darle las llaves de la ciudad, el perrito Mazapán, bailó para alegría y deleite de los presentes, que no dudaron en darle agua cada que lo veían cansado después de tanto brinco.

Y para no perder la costumbre, las chinas oaxaqueñas acompañaron la coreografía del cachorro que, alegre como pocos, gira y gira al ver los destellos que salen de los rehiletes de cohetes. Las marmotas también le llaman la atención.

Encabezando la fiesta, el perrito cenizo fue otro de los principales atractivos del convite que marca, de manera oficial, el inicio de la Guelaguetza; esto solo fue el comienzo, el previo, una probadita. Lo mejor viene después.

Y mientras llegan los Lunes del Cerro, ya llegó julio, así que… ¡Que viva Oaxaca!