Carlos y el Parkinson juvenil

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Carlos concluyó sus estudios de arquitectura en la UABJO pero ahora la enfermedad le impide ejercer su profesión.

COLONIA PERLA DE ANTEQUERA, Santa María Atzompa.- Para Carlos González Peña actividades ordinarias como tomar agua, bañarse o rasurarse son de una complejidad extraordinaria que requieren de su mayor esfuerzo y atención. Con un diagnóstico de Parkinson Juvenil en cuarta etapa, todo su cuerpo se mantiene en movimiento permanente y sin control, cuando no en una tirante rigidez.

Con una pensión del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) de 2 mil 800 pesos mensuales, que en ocasiones no le alcanza ni para cubrir la adquisición de los medicamentos que necesita para sobrellevar su enfermedad, manifiesta que su mayor preocupación es la falta de recursos para atender a su familia y mantener su tratamiento médico.

“Mi esposa me apoya porque labora, pero no es suficiente, por esta razón desde hace años exijo legalmente a la aseguradora Metlife México que me pague la pensión de invalidez que Conafe contrató para sus trabajadores”.

LA ENFERMEDAD

Con 46 años de edad, comenta que comenzó a sentirse mal en el 2006 cuando el lado derecho de su cuerpo lo comenzó a arrastrar al caminar y sentir un dolor no común en la espalda. “Acudí a diversos médicos pero no me detectaban exactamente qué enfermedad tenía, aunque los movimientos involuntarios de mi cuerpo continuaban; consulté a varios neurólogos y también me atendí en el ISSSTE que fue donde me diagnosticaron con Parkinson Juvenil, mal que no es común”.

Dice que como consecuencia de la enfermedad ha perdido paulatinamente el control del movimiento de su cuerpo, “pero lo más grave es que cada vez más también sufro de rigidez extrema”.

“Cuando estoy rígido prácticamente no puedo moverme, me cuesta trabajo levantarme, incluso comer, la rigidez de los músculos del cuello no permiten que trague los alimentos; ni acostado me siento bien porque el cuerpo no se acomoda a la cama, está completamente rígido, como una tabla. Con los movimientos puedo hacer algo, pero con la rigidez se me paraliza todo el cuerpo”.

EL TRABAJO

Carlos recuerda que terminó sus estudios de arquitectura en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y en el 2008 ingresó a laborar en el Conafe, pero en el 2016 su estado de salud se había deteriorado bastante por lo que la dependencia federal le otorgó una pensión.

“Cuando hacía los trámites correspondientes me comentaron en el ISSSTE que tenía derecho a un seguro que había contratado el Conafe para todos sus trabajadores, pero la aseguradora dice que yo no estaba contemplado en el mismo y que además no tiene la cobertura de invalidez”.

-¿Una vez que se te niega este derecho qué haces?

-Comienzo a buscar asesoría jurídica en varias dependencias, como la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), pero la empresa aseguradora les respondió que el seguro contratado no tiene la cobertura de invalidez únicamente fallecimiento, por lo que ahora el asunto lo litigan abogados contratados por mi cuenta.

LOS INGRESOS

Carlos reconoce que su vida tuvo un cambio de 360 grados, porque "estaba acostumbrado a trabajar y aportar a mi familia, pero de pronto todos mis sueños se truncaron. Hay momentos en el día en que tomar un vaso de agua es todo un reto, agarrarlo y poder tragar el líquido".

-¿Cuánto ganabas en el Conafe?

-3 mil 700 pesos quincenales.

-¿Con cuánto te pensionan?

-2 mil 800 pesos mensuales, que a veces se van en la compra de medicamentos.

-¿Cuánto te cuesta un medicamento?

-Bueno, el Stalevo 1 mil 800 pesos y debo tomar dos pastillas al día; el Sorequel 2 mil 74 pesos y me alcanza un paquete para dos meses; debo tomar cuatro medicamentos al día y una pastilla más en caso de dolor. Aunque debo reconocer que el ISSSTE me surte la mayor parte de las veces los medicamentos, en ocasiones, cuando no los tienen, pues los tengo que comprar yo.

Subraya que ahora su preocupación es que en el ISSSTE le han informado que es posible operarlo para injertar un pequeño aparato en su cerebro, a fin de disminuir los movimientos incontrolables de su cuerpo. 

“Estoy consciente de que es un riesgo que deberán valorar los doctores, pero el ISSSTE me paga el pasaje, la hospitalización y operación; nosotros tendríamos que cubrir los gastos de mi esposa, su estancia, alimentación y los pasajes, cuando no tengo recursos para ello; así que cualquier ayuda será bienvenida".